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Refugiados

Solidaridad aragonesa en los campos de refugiados de Grecia

Voluntarios aragoneses colaboran en los asentamientos del país heleno desde que comenzó el éxodo de miles de personas hacia Europa provocado por la guerra de Siria.

P. Zapater Actualizada 28/11/2016 a las 16:41
Campo de refugiados en TesalónicaRamiro Laborda

La ayuda y la solidaridad que desde Aragón reciben los refugiados que se encuentran en los campos de Grecia se produce gracias a varias iniciativas que surgen en la Comunidad, promovidas por diversas asociaciones y colectivos.

Muchos aragoneses contribuyen a mejorar la situación de aquellas personas que han tenido que abandonar todo e intentan sobrevivir de una manera digna. Las aportaciones económicas son una forma efectiva de mejorar las condiciones de vida en los campos, donde también se necesitan voluntarios que colaboran sobre el terreno en esta labor.

Ramiro Laborda es médico ginecólogo en el hospital Miguel Servet de la capital aragonesa. El pasado mes octubre decidió aprovechar sus vacaciones para viajar junto a su novia, Laura Alda, a Tesalónica y participar en el proyecto de atención primaria para los refugiados que lleva a cabo la oenegé Rowing Together.



Durante los 15 días que permanecieron el Grecia, se desplazaban a diario a dos de los campos instalados en la zona, uno por la mañana y otro por la tarde. “Existen muchos campos pero desde fuera no se conoce la magnitud del problema ni cómo están distribuidos. Hay casos excepcionales, en los que viven de 250 a 300 personas, y otros donde se concentran hasta 2.500, aunque la media oscila entre 800 y 1.000”, explica el médico zaragozano.

“La organización Rowing Together ofrece asistencia ginecológica itinerante porque en los campos de refugiados la atención ginecológica no estaba cubierta”, añade. Al mismo tiempo, Laura, profesora de infantil, ha colaborado con un proyecto lúdico para niños refugiados.

Son como ciudades pequeñas y no todos los campos cuentan con los mismos servicios, la misma organización, ni el mismo ambiente. La mayoría son sirios pero también hay kurdos, iraquíes... y cada cual habla una lengua distinta”.

El día a día de los refugiados transcurre con la incertidumbre del tiempo que pasarán allí. “No saben en qué momento van a ser reubicados o cuándo van a poder volver, y hay muchas deficiencias. Por ejemplo, cuando volví, la oenegé no pudo conseguir un nuevo ginecólogo hasta 6 días después. Se están cubriendo las necesidades con parches y es necesario seguir colaborando en todo lo que sea posible”, subraya.

Ramiro y Laura quieren regresar aunque “nuestra idea sería no tener que volver nunca porque eso significaría que el conflicto se ha solucionado”.

El medico zaragozano también incide en la necesidad de concienciarse y quitarse los prejuicios que de manera equivocada se tienen sobre esta situación.
 

Almuerzo escolar para los niños de Ritsona

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Los aragoneses Susana Abadín, Paul Castellano y Ana Santidriaín, burgalesa afincada en Zaragoza, son voluntarios independientes que colaboran con la Asociación Amigos de Ritsona y la organización benéfica sin ánimo de lucro Joined Hands – Cafe Rits.

Este pasado domingo han llevado a cabo una Jornada Solidaria de Ayuda a los Refugiados en la capital aragonesa y esta semana emprenderán viaje rumbo al campo de Ritsona, donde Ana ya estuvo hace un mes.

Este asentamiento se encuentra situado en la antigua base aérea de Evia, a unos 5 kilómetros del pueblo que le da nombre al campo y a 17 kilómetros de Chalcis, ciudad costera del sur de Grecia.

El campo de Ritsona se creó en medio de una zona arbolada a mediados de marzo de este año y en él conviven cerca de 800 personas refugiadas (sirios, iraquíes y afganos) repartidos en unas 150 tiendas de campaña.

La mayoría de su población está compuesta por familias provenientes de Siria e Iraq. Un 40% son menores, hay cerca de 20 mujeres embarazadas, varias personas discapacitadas y otras con enfermedades crónicas o adquiridas en el campamento.

“Paúl y yo permaneceremos 10 días y Susana, 15. Ritsona está en una situación un poco peculiar. Es un campo gestionado por el Gobierno griego, que ha declarado que va a ser permanente y desde Acnur se han hecho estimaciones de que, como mínimo, va a estar abierto 3 años. Por eso, todo lo que hagamos tiene que ser con vistas a un largo periodo”, cuenta.

Una buena noticia es que los niños del campo de Ritsona han sido escolarizados “pero resulta que van al colegio en el turno de tarde. El problema es que en el campo las comidas se dan a las 14.30 y el autobús pasa a recogerles a las 13.30. Entonces, si se van al colegio, no comen, y por eso vimos necesario promover una iniciativa para darles un almuerzo escolar”.
 

Espacio comunitario


El campo de Ritsona recibió la donación de un jeque árabe para la instalación de casetas de obra para que sean habitadas por familias de refugiados en lugar de las tiendas en la que hasta ahora han vivido. Sin embargo, “con la llegada del frío no tienen un espacio donde reunirse. Vemos necesario que sigan con esa vida de comunidad que estaban haciendo hasta el momento”, añade Ana.

Por eso, otro de los proyectos para el que están recaudando fondos es la construcción de un espacio comunitario, una tienda de té con capacidad para 160 personas, donde todos los habitantes del campo podrán reunirse a diferentes horas y realizar otras actividades formativa y de ocio.




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