Despliega el menú
Aragón

Tercer Milenio

Judías que saben a judías

En la comarca de Sobrarbe, Sara Nevado, experta en Ciencias Ambientales, lleva varios años ensayando con una docena de variedades de judías, verdes y secas.

Sara Nevado lleva varios años ensayando con variedades de judías propias de la comarca de Sobrarbe.
Sara Nevado lleva varios años ensayando con variedades de judías propias de la comarca de Sobrarbe.
S. Nevado

Cuando la zaragozana Sara Nevado llegó a la comarca oscense de Sobrarbe hace unos años, cayeron en sus manos un puñado de semillas de judías que algunos agricultores jubilados de la zona conservaban en sus desvanes. En aquel momento, el azar se puso de su parte y esta licenciada en Ciencias Ambientales por la Universidad de Zaragoza decidió darle forma a su sueño de recuperar variedades de judía seca propias de la zona, como el boliche de Valle Vió, la verdeña de Bárcabo, el riñón de Broto o la judía de Capella, que este verano ya ha podido comercializar en cantidades importantes.

Para arrancar este proyecto, Sara tuvo que acondicionar parte de una finca familiar, conocida con el nombre de ‘La fuente’, ubicada en la Buerba y que era solo un montón de tierra con mucha maleza. Con la ayuda de su pareja, familia y amigos, Sara limpió este amplio terreno, del que usó alrededor de 1.500 metros cuadrados para sus ensayos.

Con la zona acondicionada, comenzó con los ensayos de semillas, que son «pequeños tesoros que los agricultores guardaban como oro en paño. En mis ensayos tenía que comprobar cómo vegetaban o si eran una variedad productiva, entre otras muchas cuestiones», apunta Sara Nevado, quien también comenzó a investigar con otras variedades procedentes del banco de semillas de la Asociación de Hortelanos de Sobrarbe ‘Un Paso Atrás’.

«Fue un trabajo lento, porque al principio las donaciones eran muy pequeñas y mi trabajo consistía en reproducir estas semillas en las mejores condiciones posibles. Se hace un cultivo muy cuidado, ya que el manejo se fundamenta en fomentar las condiciones de equilibrio biológico de los microorganismos del suelo, que es lo que va a satisfacer las necesidades nutricionales de las plantas», explica.

Y todo ello evitando el uso de químicos que interfieren en el desarrollo adecuado de esta microfauna. «Las semillas incluyen una memoria genética y por eso se adaptan mucho mejor al lugar donde siempre han crecido. Son más fuertes y más resistentes que otras variedades externas», añade Sara, quien recuerda que la ubicación de Buerba, a 1.500 metros de altitud es muy adecuada para el cultivo de la judía, que se beneficia de los contrastes de temperatura que allí se dan.

Durante los primeros años, el trabajo era más de investigación que de producción. De hecho, en el año 2014 la finca entró a formar parte de un proyecto piloto dentro del programa Sobrabe Emprende. Con este apoyo incorporó mejoras técnicas, entre las que se incluye un sistema antigranizo, y la valló para evitar las incursiones de la fauna silvestre. «Gracias a esta iniciativa mucha gente, sobre todo agricultores interesados en el mercado ecológico, estudiantes e investigadores, vienen a la finca para ver cómo se está trabajando en la recuperación de las semillas», cuenta.

Tras muchos años de investigación, el trabajo de Sara está empezando a dar sus frutos y sus últimas cosechas se han agotado antes incluso de ponerse a la venta. «Para mí es satisfactorio ver cómo los consumidores y cocineros de la zona confían en mi producto. También he recibido peticiones de restaurantes de otros lugares, pero por ahora no me planteo vender fuera de la comarca porque hay mucha más demanda que oferta».

Este verano, Sara ha comenzado a investigar con otras variedades de judía verde, como la vayana ancha de Araguás, la fartapobres o la judía tierna de Buerba. Y todo ello con un único objetivo, que las judías que nos comamos en nuestras casas o en los restaurantes a los que vayamos sepan a auténticas judías.

Más información en el suplemento HERALDO DEL CAMPO

Etiquetas
Comentarios