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Aragón

Luisa Velasco: "El silencio puede hacer que una mujer acabe asesinada o muerta en vida"

Esta doctora en Psicología es pionera en temas de violencia de género. Aboga por "dar un paso al frente, posicionarnos y señalar los actos machistas y las microviolencias".

Luisa Velasco Riego, el pasado  miércoles, momentos antes de la entrevista
Luisa Velasco: "El silencio puede hacer que una mujer acabe asesinada o muerta en vida"
Raquel Labodía

Luisa Velasco Riego (Sanabria, 1964) ha sido inspectora de Policía en Salamanca de 1985 a 2016. Es doctora en Psicología y experta en mediación familiar y violencia de género. Hoy, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, a partir de las 9.30, dará una conferencia en la Ciudad Escolar Pignatelli. Las jornadas han sido organizadas por la Asociación Aragonesa de Técnicas/os Superiores en Relaciones de Género y Agentes de Igualdad (IgualAr) y promovidas por la diputada provincial Pilar Mustieles.

Hace 30 años que entró en la policía. ¿Qué le llevó a centrar su carrera en la violencia de género?

Los primeros casos de violencia doméstica aparecieron en 1998. Recuerdo a una mujer de Alicante que llegó de madrugada con cuatro hijos a la comisaría de Salamanca en la que yo estaba. Ahí me di cuenta de que había una necesidad y no había recursos para atender a las mujeres. Esa sensación y el apoyo de José Luis Serrano, jefe de la policía de entonces, hizo que se pusiera en marcha una unidad específica que hoy sigue.

¿Ha cambiado la problemática en estas tres décadas?

Ahora es un poco más visible porque antes no se atrevían a denunciar y, por tanto, no se conocían los casos. La problemática en sí no ha cambiado. El agresor tiene unos factores idénticos que se repiten en cualquier clase social y económica y lo mismo ocurre con la víctima. Quizás, lo que más nos sorprende ahora es la edad porque la problemática afecta también a las parejas adolescentes y jóvenes.

Ahora se da más visibilidad a esta tragedia y hay más conciencia social. ¿Esto cómo afecta?

Hacerlo visible puede animar a otras mujeres a denunciar. Se atreven más porque hay recursos que antes no existían, aunque no tantos como querríamos. Hay un porcentaje de mujeres grande que no lo van a contar por vergüenza, miedo, existencia de hijos, sentimiento de culpa, responsabilidad… Lo que se necesita es animar a las mujeres a que den el paso de denunciar.

¿Ha habido muchas mujeres asesinadas que habían denunciado?

Desde que se empiezan a contabilizar, en 2003, hasta ahora, ha habido unas 800 mujeres asesinadas y la mayoría no denunciaron.

¿Qué está fallando en los sistemas de seguridad?

Falla un poco todo. Fallan los recursos, que no se tienen tantos como son necesarios. Y también muchas veces, sin echar la culpa a nadie, son ellas las que vuelven con el agresor. Hay que concienciarse de que si un agresor no va a terapia no va a cambiar porque la violencia se repite, por mucho que prometa que va a cambiar. Hay mucho chantaje emocional.

Su último libro es una herramienta para detectar la violencia machista, ¿cuáles son las claves para identificar una relación tóxica?

Lo primero es no dar determinadas concesiones ni permitir conductas como el control sobre horarios, ropa, el uso del móvil, los espacios, las amistades… Los celos patológicos son la primera señal. El maltrato psicológico es la antesala al maltrato físico.

¿Qué papel juegan las familias de las víctimas y los profesionales?

Las familias son un apoyo imprescindible. A veces, las víctimas no lo quieren contar por vergüenza, porque se sienten culpables o piensan que no les van a creer. Necesitan un entorno de apoyo, y ahí también están los profesionales.

Usted ha conocido a muchas mujeres maltratadas, ¿hay algún caso que le haya marcado?

Hay muchos, pero recuerdo a una mujer que tenía que mantener relaciones sexuales con él porque si no le agredía. Ella no quería y él además le insultaba porque decía que era muy pasiva. Luego tenía que ir corriendo a vomitar al baño del asco que le daba. Muchas tienen una capacidad para adaptarse a ese entorno hostil increíble.

¿Cuál es el primer paso que debe dar una mujer agredida?

Lo primero que le diría es que buscara apoyo y lo contara a alguien de su entorno cercano: un familiar, un amigo… Hay un protocolo sanitario para casos de violencia de género y tiene unos mecanismos para que se pueda dirigir al médico de atención primaria y confíe y le cuente. No siempre lo primero es denunciar. A veces, es mejor llegar más fuerte psicológicamente cuando vas a dirigirte a la policía.

¿Y cuando no hay pruebas?

Los casos en los que no hay pruebas se archivan y ahí se confunden con las denuncias falsas. Estas son una mínima parte.

¿Cuáles son las consecuencias del silencio?

Acabar asesinada es desde luego la más grave. Después, la anulación como persona. Muchas mujeres me han dicho que estaban muertas en vida.

¿Cómo debemos preparar a nuestros hijos e hijas para luchar contra este problema?

Esto es un problema de culturas, de socialización, del patriarcado que hemos tenido, de comportamiento machistas… Hay hombres que piensan que las mujeres son inferiores. Hay que empezar desde que nacen a no hacer diferencias entre niños y niñas y ver que hay una igualdad entre ambos. Así es más difícil que se traspasen esos límites. Hay roles establecidos con los que hay que romper.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación en este tema?

Los medios tienen un papel importantísimo para bien y para mal. Gracias a ellos somos capaces de conocer una realidad que antes estaba oculta, pero los medios ponen mucho peso en la víctima y no tanto en el agresor. Pondría más peso en él, hay que señalarle. No puede decirse que una mujer ha muerto, sino que un hombre ha asesinado a una mujer, porque no se muere, sino que la asesinan.

Coincidiendo con el día contra la violencia de género que se celebra hoy, ¿qué mensaje enviaría a la sociedad?

No tendría que haber un día solo, los mensajes tienen que ser diarios y constantes. Las mujeres tienen que sentirse apoyadas para dar el paso de romper una relación. Tenemos que dar un paso al frente, posicionarnos y señalar esos actos machistas con un significado claramente desigual hacia las mujeres y contra este tipo de violencia y actos de microviolencias.

¿Y en los colegios, deberían tratar este tema?

Debería incluirse desde educación infantil. En algunos colegios empiezan a trabajar con estos temas. El programa que hemos puesto en marcha nosotros en los institutos de Salamanca y provincia se llama ‘Te quiere si te trata bien’. Son tres sesiones en las que les explicamos los conceptos, visionamos un corto y hacemos unas actividades.

¿Qué es lo que más le ha llamado la atención en los institutos?

Recuerdo un chico de 16 años que me dijo que su novia no se ponía minifalda porque a él no le gusta que enseñara las piernas. Ella estaba al lado y se calló. Lo que hicimos con ese grupo fue preguntar al resto qué les parecía esa actitud y otros comentarios claramente sexistas. Cuando se critican entre iguales es distinto porque a mi me ven de otra generación.

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