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Salud

'De la sexta del Servet a casa', la carta de agradecimiento de una aragonesa que ha superado el cáncer

Tras enfrentarse al cáncer y someterse a un trasplante de médula, Eva Oscáriz se dirige a todos los profesionales que la acompañaron durante el camino hacia la recuperación.

Eva Oscáriz Blasco con su hija Inés

La aragonesa Eva Oscáriz Blasco recibió el año pasado la noticia más dura de su vida. Le diagnosticaron un linfoma, enfermedad de la que habían fallecido previamente su padre, su tío y su primo. Ahora, una vez superado el cáncer y tras recibir en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza un trasplante de médula que le salvó la vida, agradece su cariño y su saber hacer a todos los profesionales aragoneses que la atendieron durante el proceso. Esta es su carta:
 
"Siempre que me pongo a ver las noticias o leo un periódico me digo a mí misma que hacen falta noticias buenas, porque haberlas las hay. Así que esta es una historia de agradecimiento, de petición para que la gente interesada se informe acerca de qué es la donación de médula (donamedula.org), y de mostrar a los grandes profesionales que tenemos en la Sanidad, a los que los medios en muchas ocasiones les son insuficientes para realizar su trabajo. Con ello también quiero mandar mi ánimo y esperanza a todas aquellas personas que están luchando contra el cáncer, palabra que es hasta difícil de escribir pero a la que se puede vencer.
 
Con 36 años y una niña de 6, se me diagnosticó en el 2015 un linfoma. No era nada extraño en mi vida, puesto que mi padre, tío y primo habían fallecido del mismo tipo de linfoma. Me preparé para lo peor y cuando reuní fuerzas se lo conté a mi familia; la cosa estaba complicada pero les garanticé que por mi parte no sería, que iba a luchar con todas mis fuerzas.


Mi primer agradecimiento es para el Servicio de Hematología (doctor Perdiguer y doctor Sancho) y el Hospital de día de Alcañiz (Esperanza, Leticia ,Elena...), donde hicieron posible la remisión de la enfermedad para poder llegar al autotrasplante de médula, y sin cuyo asesoramiento no me hubiese atrevido a realizar. Agradezco el cariño y normalidad con el que me trataron en el banco de sangre; al doctor Gimeno y al doctor Gracia, así como al personal que tanto me cuidó allí, cuando me realizaron el proceso de extracción de mi médula (aféresis) para después trasplantarme.

En mayo del 2016 me sometí al trasplante de médula autólogo en la 6ª planta del Hospital Miguel Servet. Quiero dar las gracias a todo el personal que hizo posible el trasplante, tanto a los doctores (doctora De Rueda) como a las enfermeras y auxiliares que tan pronto te ponían un gotero como te ayudaban a cortarte el pelo. Ni siquiera conozco sus caras (siempre con mascarilla) pero les agradezco, aún más que su profesionalidad, su cariño que personifico en Luna, cuya sensibilidad traspasaba los guantes y su sonrisa se intuía siempre tras la mascarilla.


Si hay algo negativo del proceso, hablo en mi caso concreto, es que las instalaciones y medios no están a la altura del personal. Debido a una lista de espera apretada, se habilitó una pequeña habitación para el aislamiento, aquello parecía el camarote de los hermanos Max. El día del trasplante, los doctores y las enfermeras no se podían mover, tuvieron que sacar parte del mobiliario de la habitación para poder entrar los equipos necesarios para la perfusión. Aunque, en honor a la verdad, tengo que decir que aquella misma habitación me pareció un hotel de 5 estrellas el día que me empecé a recuperar. El baño minúsculo (si te manejas con un palo de gotero y dos bombas) pasó a ser un SPA el primer día que me pude duchar.

Además de mostrar mi gratitud a todo el personal sanitario, quiero agradecer también a mi ángel Rosa Mari, que me ayudó a ir aceptando poco a poco la situación: siempre me has tranquilizado y me has dado la seguridad que me faltaba. Agradecer también a Shaila y Beni el que me hiciesen ver lo perdida y equivocada que estaba en esta vida. Recuerdo que el primer día que conocí a Shaila me preguntó: '¿Que te ha traído de positivo a tu vida la enfermedad?', entonces la soberbia de mi mente pensó que no volvería mas, que tú estabas peor que yo; ¡qué equivocada estaba Shaila! 

Agradezco también a mi familia, a mi hermana a la que estoy muy unida y le tocó vivir este proceso en la distancia; a mis sobrinos, que cuando me vieron me dijeron que estaba guapísima sin pelo. Gracias a mis amigos por sus mensajes de ánimo y apoyo durante el aislamiento, y es que esto es como un gran hermano a lo bestia; ¡aquí sí que todo se magnifica!
También quiero agradecer especialmente, y mostrar mi admiración, a José Miguel y a mi madre, compañeros de este encierro voluntario, por su entereza y actitud, porque es mucho mas difícil ver sufrir a alguien que quieres que pasarlo uno mismo.

Pero mi principal agradecimiento es para mi pequeña Inés; un día me dijo 'mamá, tú puedes' y confieso que hasta que no me lo dijo ella, no me lo creí. Sé que el camino no ha terminado, que puede aparecer de nuevo, pero entre todos me habéis dado la seguridad y el apoyo para seguir viviendo la vida al cien por cien y para volverle a plantar cara al cáncer si fuese necesario, que no lo será."

 




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