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Aragón
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6.338 salvamentos desde el aire

El uso del helicóptero revolucionó el rescate en montaña hace ahora 30 años. Desde que la unidad aérea fijó en Huesca su base, ha multiplicado por 6 las intervenciones.

De izda a dcha, los pilotos Jesús Roselló y Alberto Rodríguez y el mecánico Joaquín Larrosa.
De izda a dcha, los pilotos Jesús Roselló y Alberto Rodríguez y el mecánico Joaquín Larrosa.

Se calcula que un rescate en helicóptero puede costar entre 3.000 y 5.000 euros. El primero cobrado a un escalador en el País Vasco, en 2012, fue de 2.417,41 euros, y otras Comunidades con servicios autonómicos de salvamento han seguido el ejemplo. Pero en Aragón, el helicóptero de la Guardia Civil sigue despegando sin que le cueste un euro al accidentado. Lo hace desde el verano de 1986, fecha de creación de la unidad aérea de Huesca. Han pasado 30 años y en este tiempo ha realizado nada menos que 6.338 intervenciones en montaña.

La evolución estadística es espectacular. De los apenas 50 salvamentos contabilizados hace tres décadas, ha pasado a más de 300. En 2014 llegó a las 360 intervenciones pero este año va camino de superar la cifra. Y de los tres pilotos con los que se empezó (Laurentino Ceña, Juan Miguel Arribas y Juan Villafranca), se ha pasado a siete, además de cinco mecánicos. Uno de estos, Joaquín Larrosa, es el más veterano, pues ya estaba en 1986.

El trabajo de la unidad ha revolucionado el rescate en montaña, coinciden todos los expertos, por la capacidad de respuesta que da el helicóptero para acercar a los socorristas y para evacuar a los heridos. Un rescate normal dura entre 60 y 90 minutos. El más sencillo, en el barranco Formiga, se puede resolver con 20 minutos, aunque hay búsquedas con más de 50 horas de vuelo.

Al mando está el comandante Alberto Rodríguez. Llegó aquí en 2008 y antes de hacer el curso de piloto trabajo como guardia de rescate, siendo Granada su primer destino. Él y sus compañeros han despegado este verano una media de tres veces al día. En julio y agosto han evacuado a cinco fallecidos, 140 heridos y 163 personas ilesas. Ha habido días de trabajo frenético. El 2 de julio, las dos unidades, Huesca y Benasque (de refuerzo en época estival) fueron activadas en siete ocasiones. Los avisos se sucedieron por todo el Pirineo y Guara y a veces con intervalos de diez minutos: a las 11.25, 12.05, 12.15, 12.25, 15.20 y dos a las 19.00.

Los primeros pilotos de Huesca aprendieron de los franceses, con más experiencia. "Pero actualmente estamos al nivel de cualquier grupo europeo", señala Rodríguez. En estos años, los helicópteros también han ido incorporando mejoras en potencia, transmisión... El modelo Veo, en su día pionero, ha tenido el relevo generacional en el EC 135. "Ganamos en seguridad y en espacio. La bodega permite alojar al herido, al médico, a los dos socorristas... Pero conlleva un problema, el peso. Cuanto menos peso, mejor rendimiento", indica el jefe de la unidad. Prácticamente, el único requisito que se le pide a un helicóptero de rescate en montaña es que sea ligero. "Todo lo que no haga falta se quita: cámara térmica, flotadores... Lo que necesitamos es potencia porque se trabaja a mucha altura".

18 revisiones al año

Otro handicap es el límite de horas de vuelo. Dispone de un número concreto que deben dosificar antes de la siguiente revisión, y es que a lo largo del año pasará 16, más otra anual y otra de motores. El cálculo debe ser preciso para que el aparato este disponible, ya que más del 90% de los rescates requieren su presencia. Además, puntualmente da apoyo a las tres comandancias de Aragón para unidades como el Seprona o la Policía Judicial.

Pilotos tan experimentados (varios tienen más de 1.000 rescates en su hoja de servicios) han visto de todo desde el aire: misiones de riesgo, vidas humanas salvadas in extremis, rescates dramáticos... Sobre las posibles negligencias, el comandante cree que existen "más casos de mala suerte que imprudencias", aunque las haya, "y muy graves". Sí tiene claro que "si alguien sufre un problema en la montaña, hay que sacarlo", porque la pérdida de un guante en una ventisca o de un crampón en el glaciar del Aneto puede acabar trágicamente.

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