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Aragón

Circe lidera un proyecto europeo para aprovechar podas agrícolas como biomasa

El objetivo es que su empleo como fuente de energía beneficie a agricultores, intermediarios y consumidores.

"Es una fuente factible de energía y puede dar lugar a que todos los agentes de la cadena ganen", afirma rotundo Daniel García, uno de los miembros del Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (Circe) de la Universidad de Zaragoza, que coordina el proyecto europeo ‘uP running’. Su objetivo es lograr que los restos de las podas agrícolas y la madera de los árboles y vides que se arrancan no acaben quemados o abandonados a trozos, sino que se conviertan en biomasa utilizable para alimentar calderas que dan servicio a instituciones, empresas e incluso comunidades de vecinos.

"El sector agrícola ahorraría costes y reduciría problemas, porque ahora muchas veces esos restos se queman, hay que pedir permisos y se genera un riesgo de incendios", explica García. Además, las empresas de servicios agrícolas "podrían incorporar una actividad con valor añadido y un cierto margen de beneficios" con la recogida de los restos, su troceado y venta como combustible.

También generaría actividad a los técnicos en calderas, pues el uso de este tipo de biomasa requiere instalaciones adaptadas. Y el consumidor final consguiría un ahorro en combustible, pues "esta biomasa no tiene tanta calidad como la de pino de origen forestal, pero va a ser más barata y puede dar servicio perfectamente".

El experto del Circe cuenta que, según las estimaciones hechas, en Aragón se podrían generar al año 350.000 toneladas de biomasa "solo en podas". Unidos poda y arranque "podrían servir para que anualmente se cubriera al 50% la demanda de combustible de uno de los grupos de la central de termoeléctrica Andorra. O si se considera la central al completo, un 16%". "Si se compara con una de las grandes centrales de biomasa, como la de Sangüesa (Navarra) se podría alimentar el equivalente a seis de estas plantas".

El problema para convertir ese potencial en una realidad, comenta García, no es de índole técnica, sino de "escepticismo generalizado y desinterés en el sector agrícola". Eso pese a que, dice, "ya existe" aplicación práctica que demuestra su viabilidad. Cita como ejemplo el Proyecto VinyesxCalor, en Villafranca del Penedés, que ha coordinado a agricultores, bodegas, una cooperativa de servicios agrícolas y el propio Ayuntamiento, que hace de enlace entre los consumidores de energía térmica (bodegas, edificios municipales, residenciales, etc.) y los gestores de la biomasa.

De esa necesidad de "convencer" del potencial de los restos agrícolas nació ‘uP running’, que llevará a cabo primero labores informativas a todos los grupos que pueden salir beneficiados, para pasar después a realizar unos talleres con los que esperan poner en marcha a finales de este año cinco pruebas piloto para estudiar modelos de negocio y ver su viabilidad para llevarlos a la práctica con ayuda del proyecto en el periodo 2017-2018.

En Aragón, el Circe trabaja "mano a mano" con la organización agraria Asaja en ‘uPp running’, proyecto en el que participan otros seis países (Italia, Grecia, Ucrania, Francia, Portugal y Croacia) y que está financiado con 2 millones de euros por la Unión Europea. "Con Asaja vamos a intentar a corto plazo que la gente vea las posibilidades y oportunidades, que dependen del tipo de cultivo. No es lo mismo intensivo que extensivo, el frutal que la vid, o que sea una cooperativa que pequeños propietarios". En Fraga, Barbastro y Alcañiz vamos a hacer reuniones entre mayo y junio", adelanta.

A su juicio, para comunidades de vecinos "este tipo de biomasa tiene sentido en localidades situadas en un entorno rural, como Calatayud, Fraga o Cariñena", donde la materia prima está próxima y los desplazamientos no encarecerían el producto. "El cambio de chip ya es posible", concluye García, que cree que el despegue de estas nuevas cadenas de valor depende sobre todo de proporcionar a los interesados "las facultades" para llevarlo a la práctica.

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