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"Escuchen a los niños y mírenlos a los ojos"

Juan Antonio Rodríguez Bueno, director del colegio rural de Alpartir.

Rodríguez, en el Museo de Ciencias Naturales del Paraninfo.
Rodríguez, en el Museo de Ciencias Naturales del Paraninfo.
Guillermo Mestre

-Dirige un colegio de 35 niños que está entre los más innovadores del mundo. ¿Cómo lo ha hecho?

-Llevo catorce cursos en Aragón, siempre en colegios rurales poco atractivos para la mayoría. Me gusta trabajar en ellos y me gustan sus niños, porque siguen siendo niños en primaria. En Alpartir hemos logrado que haya un equipo fijo al frente, algo muy difícil por la rotación de las plantillas en educación. Además, hemos abierto el cole a toda la comunidad.

-Que tenga que venir alguien de fuera a ponernos en valor es tan aragonés...

-Aragón es una tierra que pone muy poco en valor lo que tiene, y eso pasa en educación y en el territorio. Lo que hacemos en Alpartir se hace en muchos centros, pero pocos quieren contarlo: no lo ven especial. Pasa con la zona de los puertos del Matarraña: en Cataluña son parque natural, pero aquí no. La sierra de Albarracín está protegida en Castilla, y aquí no.

-¿Podemos educarnos este acomplejamiento o viene de serie?

-Se educa. En Alpartir tenemos la sierra de Algairén y queremos que los niños la respeten. Para eso, deben amarla y, para amarla, conocerla. Nuestros proyectos tienen mucho en cuenta el entorno.

-Bueno, no es lo mismo un cole de 35 niños que otro de 700...

-No hay excusa. Sabemos que lo que tenemos no funciona y es necesaria otra metodología. Escuelas de 1.300 alumnos están en ello.

-¿El sistema que forma a los aragoneses del futuro no funciona?

-Los del futuro no, los del presente. Nuestros niños ya son ciudadanos. España firmó la declaración de los derechos de la infancia, que dice que hay que contar con los niños en todo lo que les afecta. En Alpartir ellos aprueban su Constitución y todo es asambleario.

-¿No les daría unas clases particulares a los políticos, a ver si nos ahorramos otras elecciones?

-(Ríe) Los niños deben ver el poder de la participación. Los primeros años fueron horrorosos, más o menos como cuando empiezan a aprender a multiplicar (ríe). Pero porque cueste, no se puede dejar. Nuestras familias tampoco veían lo de que no hubiera libros de texto, pero ahora es el proyecto de todos. Incluso, tenemos negociado el tiempo de deberes.

-Parece fácil, pero la revolución educativa no llega. ¿Cuál es el dragón contra el que los coles deben luchar en este San Jorge?

-¿Nuestro dragón? El cambio constante de políticas educativas. ¿Por qué las ratios dependen de decisiones políticas? ¿Por qué no cuentan como material curricular los diccionarios, el ajedrez o los libros de lectura? No se puede dejar todo a la sensibilidad de cada Gobierno.

-¿Y desde cada cole?

-Debería lograrse la autonomía de centros total, para que podamos ser más flexibles. Se sabe lo que funciona y lo que no: no es una ocurrencia hacer clases heterogéneas o que participen las familias. Y todo suma a la hora de hacer alumnos competentes, pero es más cómodo separar a los que van mejor de los que van peor, o ver un experimento en un libro en vez de hacerlo. Esta profesión quema y hay colegios que son cementerios de elefantes. Y casi siempre es un problema de comodidad que pagan los niños.

-¿Qué es un alumno competente?

-Un alumno ‘apañao’, que sabe desenvolverse. Por eso nosotros trabajamos habilidades sociales, autoestima, emociones... En las ofertas laborales se pide trabajo en equipo, conocimiento de las TIC o asertividad. No sabemos qué empleos se demandarán en veinte años, pero sí que requerirán empatía y capacidad de trabajo en equipo.

-¿Alguna lección para los padres aragoneses?

-Escuchen a los niños y mírenlos a los ojos cuando lo hagan. Y ténganlos en cuenta. Porque si no los escuchan, irán perdiendo su confianza.

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