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Aragón

Charlas en el comedor

Nos percatamos de su presencia el día de la nevada. Se llama Ebrónica, Dice que le llamemos René. 

Cada vez que bajábamos al comedor, la conversación en las mesas giraba sobre el mismo tema.

Se rumorea que maneja mucha pasta.

Si así fuera, no andaría de camarera.

Por su acento, yo tengo claro que no es de esta zona.

Toma, ni por el nombre.

¿Por qué se habrá venido desde tan lejos?

¿Oíste anoche a la Rosa? Le estaba imitando queriendo cantar una jota.

Escuchad, lo del nombre le queda que ni pintado. Tiene mucho caudal.

Ayer llevaba en la mano un libro de filosofía.

¿Qué murmuráis de filosofía? Yo he escuchado por ahí que es algo, digamos, fría.

Nos embriagaba su aura de misterio. Cuando no quedaba resto de la nieve, también ella desapareció. Ya no estaba en el servicio de la cena.

Interrogamos a las otras tres. Fue Pepita quien nos dio una pista. Id a preguntarle a Ernesto.

Pero, oh casualidad, Ernesto abandonaba el colegio, precisamente aquella noche.

¿Qué camino tomarían?

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