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¡Ave, Cesar! El centro que eleva a Aragón al 'top' de la supercomputación

La Universidad inaugura el quinto centro de procesamiento de datos más potente del país y lo pone al servicio de investigadores, empresas y de su plan de ciencia ciudadana.

La consejera Pilar Alegría y el rector de la Universidad, Manuel López, en la presentación de César.
La consejera Pilar Alegría y el rector de la Universidad, Manuel López, en la presentación de César.
DGA

Imagine que, al nacer, nos dieran a todos una calculadora. Aunque desde ese primer minuto hiciéramos operaciones sin parar hasta cumplir cien años, no lograríamos resolver tantas ni tan rápido como Cesar, el nuevo fichaje al servicio de la ciencia aragonesa. Él, capaz de dar 80 millones de horas de cálculo al año (para una investigación de prestigio se suelen necesitar un millón de horas), haría los cálculos 200.000 veces más rápido que toda la humanidad cooperando junta.

Por eso, y por muchas otras razones que se miden en ‘teraflops’ y ‘petabytes’, es la mejor baza para las empresas y los cerebros aragoneses que necesitan potencia de cálculo, bien para testar nuevos medicamentos, bien para estudiar materiales como el grafeno o, por ejemplo, para comprender el universo y sus tan célebres ondas gravitacionales.

Cesar (Centro de Supercomputación de Aragón) es, en realidad, un conjunto de laboratorios, infraestructuras y servicios, protagonizados por un superordenador llamado Cierzo, que colocan a Aragón en el ‘top 5’ de los equipos dedicados a esto con mayor capacidad del país, dentro de una lista liderada por el famoso Mare Nostrum, el más potente en España, que está ubicado en Cataluña.

La adquisición aragonesa no se queda muy atrás: en el Cesar se podría almacenar para cada persona del mundo una cantidad de información equivalente al ‘Quijote’, en su versión completa.

Años de trabajo

Su alumbramiento es fruto de años de fe en un proyecto fraguado en la Universidad de Zaragoza y liderado por el Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (más conocido como BIFI). Es allí donde está ubicado físicamente y desde donde dará servicio a los investigadores (nacionales e internacionales) que lo necesiten y a las empresas que quieran alquilar su potencial para sacar adelante sus proyectos. Si se tiene en cuenta que solo para diseñar la plantilla de un zapato o para rastrear la imagen de nuestra marca en las redes sociales se necesita un enorme listado de operaciones, es fácil entender qué supone este proyecto.

Algo de semejante envergadura tiene su precio. El empujón decisivo se dio hace poco con una inversión cercana al millón y medio de euros, pagada al 50% con Fondos Feder obtenidos por la Universidad y con dinero del Gobierno de Aragón. Parte del montante se invirtió en un potentísimo supercomputador de cálculo científico de altas prestaciones (llamado Cierzo) y en otro para trabajar en la nube (‘cloud’) bautizado como Colossus, más dedicado a las empresas. En los años anteriores, se habían invertido otros dos millones aproximadamente, aunque el 90% del potencial lo aportan Cierzo y Colossus.

En el futuro, se espera que sea más que suficiente para gestionar, administrar y desarrollar de forma común los principales recursos de computación de Aragón.

Tanto la consejera de Universidad, Pilar Alegría, como el rector en funciones, Manuel López, y el director del Bifi, Javier Sancho, insistieron ayer, durante la inauguración, en el salto cualitativo del Cesar, que no solo aportará valor en las áreas de investigación y la transferencia de conocimiento a las empresas, sino que además se utilizará para procesar todos los datos del proyecto de ciencia ciudadana que ya se está ultimando en las instalaciones de Etopia.

En concreto, aquí se harán estudios científicos en torno al ciudadano, en los que las personas actuarán como investigadoras en sí mismas y también como una suerte de cobayas para analizar fenómenos sociales relacionados por ejemplo con los hábitos de consumo, la salud o el impacto de ciertos procesos y retos.

En solo unas semanas, el Centro de Arte y Tecnología Etopia espera tener activos tres nuevos laboratorios dedicados a abrir la tecnología 3D (impresoras, drones o robots) a los aragoneses, a crear un vivero de estudiantes de postgrado y doctorado centrados en diferentes líneas de conocimiento y, además, contendrá un tercer espacio para involucrar a los ciudadanos de a pie en estudios sobre la propagación de enfermedades, la calidad del agua consumida o el índice de felicidad de una población, ya que formarán parte de experimentos reales en curso.

Precisamente, el aterrizaje de todos estos recursos tiene su origen en un convenio de dos millones de euros financiado al 50% por fondos Feder (europeos) y por el Gobierno de Aragón, y del que la mayor parte del presupuesto (1,5 millones) se ha invertido en el supercomputador, que tiene 10.000 núcleos de cálculo y es mucho más potente que el archiconocido Janus, que también opera en Zaragoza, y que tiene la potencia de 90.000 ordenadores juntos. Los otros 500.000 euros han ido para el plan de Etopia.

El siglo de las respuestas

Sin herramientas de este calibre, la ciencia estaría estancada. "Las preguntas científicas sencillas ya han sido respondidas, el siglo XXI es clave para dar respuesta a las complejas, y esto será posible, en parte, gracias a la supercomputación", aseguró el director del instituto BIFI, Javier Sancho, en la inauguración.

El encargado de la exposición de características del Cesar fue Alfonso Tarancón, catedrático de Física Teórica de la Universidad de Zaragoza estrechamente vinculado al BIFI, que explicó también que es vital el apoyo de unos 40.000 españoles que ‘prestan’ sus ordenadores para investigación.

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