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Víctor Yago Aznar: “No soy un gurú, soy un agricultor que cree en el futuro del campo”

Víctor Yago Aznar (Zaragoza, 1976), agricultor de Lécera, acaba de recibir el Premio a la Excelencia FIMA 2016.

La FIMA ha galardonado a la empresa aragonesa Servicios Integrales Yago Aznar con su Premio a la Excelencia 2016. Señor Yago Aznar, lo primero es lo primero: ¡Felicidades!

Muchas gracias. Todos estamos muy contentos con la distinción. Siempre agrada recibir halagos, aunque reconozco que en ningún momento pensé que pudieran premiarme. Si el premio llega además de una firma que representa una referencia en la agricultura, y no solo en la agricultura aragonesa sino en la mundial, como es

FIMA, mucho más.

Ha recibido el Premio a la Excelencia. ¿Es usted excelente?

Para nada me considero excelente (sonríe). Me considero una persona trabajadora y con iniciativas. La excelencia empresarial a la que se refiere la distinción es por la apuesta, la aplicación y el desarrollo tecnológico, la investigación y el respeto al medio ambiente que a juicio de FIMA ofrece nuestra empresa.

También se subraya en la designación del premio la capacidad de adaptación a la condiciones agroclimáticas.

Nuestra compañía está ubicada en la localidad zaragozana de Lécera, un municipio con menos de mil habitantes por el que no pasa ningún río. En la explotación hemos introducido nuevas técnicas de producción sostenible, además del uso racional del agua y de la energía.

También aluden a su valentía empresarial. Sin agua, en medio de las tierras yermas de Aragón, usted ha creado un vergel. ¿Estamos ante un nuevo gurú de la agricultura?

No me considero ningún gurú, soy un agricultor que cree en el futuro del campo, y que pone todo su esfuerzo y su imaginación en este objetivo.

Sin embargo, usted sí define el perfil del nuevo agricultor en Aragón y en España.

Es cierto que nuestros abuelos e incluso nuestros padres eran agricultores por herencia. Era una agricultura de supervivencia, de llegar al 31 de diciembre con todo pagado y poder seguir tirando hacia adelante. Ahora, el agricultor que quiera ser competitivo debe formarse. Y no debe producir exclusivamente para sobrevivir, sino para vender. Y, si puede, además de vender, exportar.

Dicen que su vida es un ejemplo diáfano del agricultor del futuro, incluso del presente. Cuéntela, por favor.

Nací en Zaragoza, pero vivía con mis padres en Lécera. Mis padres, Manuel y Milagros, tenían unas pocas hectáreas de cereal de secano y viñedo. Se dejaron la vida por sacar a la familia adelante. Es duro, Lécera: no hay río, no hay regadío, no hay vega... Hay que hacer pozos para tener agua.

Agua para el consumo de boca y poco más...

Eso es. Y para un huerto pequeñito con cuatro tomates y unas pocas lechugas, acaso. Yo me fui a estudiar Ingeniería Agronómica a La Almunia. Regresé a Lécera en el año 2000. Mi padre quería que hiciera oposiciones. Quería un trabajo seguro para su hijo. En nuestras tierras había trabajo para una persona y poco más... Pero decidí lanzarme a la aventura.

¿Qué hizo?

Lécera siempre fue pueblo de vinos. Mi abuelo ya compraba uvas y las vendía en Cariñena. Yo creí en los vinos y decidí plantar 200 hectáreas de viñedo, además de 100 de olivar. Hicimos un pozo. Cuando por fin vi regar por goteo, me emocioné...

El agua, el eterno reto de Aragón...

Acudí con mi padre a una reunión en la cooperativa del pueblo y no llegamos a un acuerdo con la forma de trabajar los vinos. Decidí salir al mercado a comercializar mis vinos con la marca Témpore.

¿Por qué Témpore?

Témpore nos remite a esa palabra tan aragonesa que es tempero, además de tiempo. Paula, mi hermana, que es economista, dejó su trabajo en Zaragoza y asumió la gerencia de la empresa. Yo siempre me he encargado de la producción. De la nada, hemos pasado a producir 400.000 litros, de los que el 90% se exportan.

¡Qué maravilla!

En la empresa de servicios nos dedicamos a cuatro cultivos: cereal, almendro, olivar y viñedo. Tenemos 800 hectáreas. Nuestros primeros clientes son Australia, China y Japón. Del secano más rabioso, hemos pasado al riego por goteo. Todos los cultivos están mecanizados.

¿Cómo se puede pasar de tener dos hectáreas a 800?

Trabajando y endeudándome. Aunque me cueste, lo pagaré. El campo sigue siendo el negocio más seguro. Los norteamericanos dicen ‘no farms, no foods’: si no hay granjas, no hay alimentos. El agricultor sigue siendo imprescindible. No podemos pasar sin comer. Casi todo lo demás es prescindible.

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