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Aragón

¿Cambio o ruptura?

A lo largo de los últimos decenios la sociedad española ha demostrado ampliamente su capacidad de transformación. Los españoles, a tenor de los resultados de las elecciones, demandan ahora un nuevo cambio, que ha de fundamentarse en el consenso.

¿Cambio o ruptura?
¿Cambio o ruptura?
Isidro Gil

Creo que es difícil encontrar en el último medio siglo una sociedad más proclive al cambio que la española. Primero fue la transición a la democracia, con la elaboración por consenso de una nueva Constitución. Pienso que fue una salida modélica de una dictadura y de construcción de una economía social de mercado, de tal manera que nuestro proceso es un caso de estudio en muchas universidades extranjeras. Unos años más tarde superamos otros retos importantes. Fueron el ingreso en la Comunidad Económica Europea y la apertura al exterior.

Todo ello lo acompañamos de una importante transformación social, en cuanto a valores y costumbres, que ha hecho que la España de hoy no tenga nada que ver con la de hace cuatro décadas. Esos procesos y su buen resultado ponen en evidencia la capacidad para el cambio de la sociedad española.

Ahora toca un nuevo reto que tienen que asumir los dos partidos políticos que han tenido responsabilidad de gobierno en estos años en nuestro país. Pues, dado el resultado de las elecciones del domingo pasado, ya no es posible realizar el objetivo principal que dichos partidos han tenido en los últimos años. Dicho objetivo consistía en ganar las elecciones para gobernar con mayoría.

Nuestro modelo electoral y de partidos hasta ahora llevaba a la Moncloa al líder del partido más votado, pues le daba una mayoría parlamentaria estable. Las elecciones del domingo no le han dado a ningún partido una mayoría parlamentaria estable. Nunca el primer partido ha tenido menos de 156 escaños (Aznar en 1996) y nunca el segundo ha tenido menos de 107 (AP en 1982).

No podemos olvidar que, en nuestro sistema parlamentario, las elecciones no las gana quien queda el primero, sino el que logra gobernar. Un ejemplo claro lo tenemos en las últimas elecciones de nuestra comunidad. Desde la crisis económica de 2008 se notaba un cambio en nuestro país. Ejemplo de ello fueron las protestas de mayo del 2011. Protestas protagonizadas por los jóvenes. Estos suponen el 35% del censo electoral. Doce millones de electores. Suficientes para provocar el cambio electoral que se ha producido.

El Partido Popular, a pesar de que se ha dejado en el camino cuatro millones de votos y 63 escaños, ha ganado las elecciones generales del 20-D sin garantías de una legislatura estable, ante la quiebra, no ruptura, estructural del esquema bipartidista y la inequívoca consolidación de dos nuevos partidos de fuerte sesgo generacional.

El mal resultado del PSOE ha sido el peor resultado electoral de toda su historia. Dicho partido, elección tras elección, se ha ido dejando en el camino jirones de homogeneidad y coherencia sin que nadie fuera capaz de ponerle remedio. Es lo que ha aprovechado Podemos para desgastar al PSOE.

Podemos ha pasado por diferentes fases. Primero, apeló a la épica del cambio, imitando al PSOE del 82, para llamar a un giro radical en el mapa de partidos; después, se adaptó progresivamente a las circunstancias, rebajando los aspectos más atrevidos de su discurso. Ese plan refleja uno de los objetivos fundacionales de Podemos, que consiste en asumir, aun en un contexto muy distinto, el papel que perteneció al PSOE durante la Transición.

Es quizá una de las razones por las que evitó toda identificación con la federación de izquierdas y, pese a las negociaciones con Alberto Garzón, fracasó finalmente la hipótesis de candidatura unitaria al estilo de Ahora Madrid o Barcelona en Comú. Aun así, Podemos logró fraguar alianzas en Cataluña; y en Galicia (con Anova, las mareas y Esquerda Unida). Estas listas han supuesto una de las principales bazas electorales de la formación.

Esta nueva situación es la que pienso que puede ayudar a que nos encontremos ante una oportunidad que se ha de aprovechar para realizar el cambio político, no ruptura, que nuestro país necesita. La numerosa participación de los españoles en el proceso electoral es la manifestación de la importancia que le dan a la política y al deseo de un cambio institucional que responda a este cambio social que se ha producido.

Es necesario llevar a cabo la reforma política que necesita la sociedad española y que puede asumir. Ha de ser una reforma profunda, consensuada, que aborde los problemas de nuestro país. No solo se ha demandado en las urnas, sino que también los españoles estamos preparados para que se realice.

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