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La custodia compartida se duplica, pero solo llega a uno de cada tres divorcios

Los cambios se han producido desde que en 2010 la DGA regulara a favor de esta medida.

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Las custodias compartidas cada año son más comunes en la comunidad aragonesa. La razón de este cambio de tendencia es clara: la normativa impuesta por la DGA para dar prioridad a este tipo de custodia y la modificación en el modelo de familia. Sin embargo, la custodia compartida todavía está lejos de ser mayoritaria en los divorcios que se celebran en la actualidad.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 33% de las separaciones con descendencia optaron por que tanto el padre como la madre compartieran el cuidado de sus hijos. Una cifra que duplica a la que se producía en 2010, año en el que las Cortes de Aragón aprobaron la nueva normativa, denominada generalmente como “ley de custodia compartida”. En aquellos momentos, solo un 14,6 % de las sentencias daban el cuidado de los menores a los dos progenitores a partes iguales.

“En estos últimos años han aumentado debido al incremento de familias que deciden por mutuo acuerdo llegar a esta situación”, explica María Cristina Charlez, abogada especialista en derecho civil y de familia. Según señala, las madres han ido “cediendo” tanto por el cambio de responsabilidades laborales como por la confirmación de que si iban a juicio, había muchas posibilidades de que se llegara igualmente a la custodia compartida.

De hecho, el Tribunal Supremo recordó este jueves en un nuevo dictamen que la discrepancia de los padres sobre el régimen de custodia compartida no tiene por qué llevar necesariamente a su exclusión. Así que ante la duda, muchos prefieren negociar sin llegar a la vía judicial. “Ningún padre quiere que, sin necesidad, su hijo pase por unos estudios psicológicos, por lo que consideran que la mejor opción es la custodia compartida de mutuo acuerdo”, recalca.

No obstante, cuando se judicializa, las opciones son muy variadas. En estos momentos, un gabinete psicológico del juzgado analiza la situación familiar y el juez decide cuál es la medida más adecuada para "preservar el interés del menor". “En muchos de estos casos, al contar con pocos recursos económicos no se pueden hacer estudios profundos de tres o seis meses, por lo que la mayoría de ellos definen como más 'positiva' la custodia individual de la madre”, especifica Charlez.

En su opinión, si la justicia aragonesa y la española contaran con más recursos económicos y humanos, se podrían realizar estos estudios en profundidad que permitirían contemplar de manera más clara cuáles son las necesidades del menor. Asimismo, Charlez considera que en un divorcio normal, sin ningún tipo de problema que afecte al menor, lo más recomendable es la custodia compartida. “De este modo, el hijo puede convivir de manera constante con ambos progenitores. Sin embargo, todavía no hay estudios que demuestren cuál es la opción 'ideal'”, subraya.

Como consecuencia de este aumento de la custodia compartida, tanto la individual de las madres como la de los padres ha perdido peso. En el primer caso ha pasado de suponer el 77,85% de los divorcios a ser poco más del 63%. Por su parte, en el segundo ha descendido desde el 7,5% de las ocasiones hasta el 3,85%. “La tendencia hacia el aumento de custodias compartidas es clara, pero todavía hay mucho camino por recorrer”, puntualiza Charlez.

Del mismo modo, no descarta que a medio y largo plazo se consigan equiparar el número de custodias compartidas al de individuales, “aunque lograr que las primeras sean mayoritarias es mucho más complejo”. En estos casos, lo más común es que los hijos pasen una semana o quince días con cada uno de los progenitores, pero también existen casos en los que se produce el cambio por cada curso escolar. “En todas estas situaciones, el progenitor que no esté al cargo en ese momento, tiene derecho al régimen de visitas habitual”, remarca Charlez.

Aumento de las visitas

En algunas ocasiones las custodias compartidas no se pueden materializar por incompatibilidades laborales u otros aspectos. No obstante, su cada vez más abundante aplicación ha permitido que la visión de las visitas cambie. “Antes el padre era un simple visitador, estaba dos días a la semana durante dos horas con su hijo y el fin de semana, pero esta situación ha cambiado”, asegura Charlez.

Como ejemplo expone que algunos padres están con sus hijos desde el viernes por la noche hasta el lunes por la mañana y en algunas ocasiones, de las dos tardes que pueden pasar con ellos, una se puede alargar hasta el día siguiente. “Es un gran avance y es muy positivo para los menores”, recalca.

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