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Ruth Beitia, una reina sin corona

La saltadora cántabra acaba quinta y Bragado, noveno en 50 km marcha en su 12º Mundial con 45 años.

Ruth Beitia, tras uno de sus saltos de la final de salto de altura celebrada ayer en el Nido.
Ruth Beitia, tras uno de sus saltos de la final de salto de altura celebrada ayer en el Nido.
Lavandeira jr/efe

En estos Mundiales en el que España ha pasado de puntillas, con actuaciones muy pobres, la penúltima jornada estaba reservada para sus capitanes. Ruth Beitia, 36 años y media vida en la élite, y Jesús Ángel García Bragado, el marchador eterno, quien, con 45 años, batía todos los récords, en hombres y mujeres, al completar su Mundial número 12. Ambos comparten algo más que capitanía y mil cicatrices: el público se rindió ante los dos. Por la mañana, el estadio se puso en pie cuando vio entrar al pequeño marchador con su gorra blanca en la novena posición en los 50 km. Y por la tarde, durante la presentación de las finalistas en altura, demostró con una ovación a quién respetaba más.

Ruth Beitia, que fue quinta en una durísima final de salto de altura en la que seis atletas, ella incluida, superaron el 1,99, se marchó "triste y con mal sabor de boca". Estaba convencida de que podía haber hecho más, como las tres medallistas que sí pudieron con el 2,01 (altura que la cántabra sí superó en el Europeo de Zúrich hace un año): la elástica Maria Kuchina, campeona porque llegó sin un nulo antes de caer, como las otras, en 2,03; la rediviva Blanka Vlasic, plata después de estar sin oler los trofeos desde 2011 por una lesión reincidente, pero que recuperó su capacidad competitiva e intimidatoria; y Anna Chicherova, la líder del año, que se conformó con el bronce.

La flaquísima Beitia, que compitió con cerca de 70,8 kilos, uno menos que el año pasado en Zúrich, volvió a tropezar contra los dos metros, el ‘coco’ que creía haber ahuyentado definitivamente. Y encima se encontró con unas rivales crecidas, como Kuchina, quien, curiosamente, no pudo con una altura casi ridícula, 1,77, en el Europeo sub 23. Por suerte, el atletismo le va a conceder el 11 de septiembre una revancha en Bruselas. El Memorial Van Damme es el final de su prueba en una Diamond League en la que espera convertirse –llega líder– en la primera española de la historia en conquistar esta competición.

Bragado, sin billete para Río

Bragado no estaba mucho más contento. Los técnicos españoles le habían dicho que marchaba octavo y se sorprendió cuando descubrió, exhausto, conteniendo las arcadas que luego liberaría, que era noveno, uno por encima de los puestos que daban la clasificación directa para los Juegos de Río. En Brasil es muy probable que alcance sus séptimos Juegos, igualando a la atleta que más veces ha estado en unos, Merlene Ottey.

El marchador madrileño, un reloj, hizo la mínima para Río al entrar en la meta, todo un prodigio de fiabilidad, un segundo más rápido (3h46.43) que en el Mundial de Moscú hace dos veranos. Chuso García Bragado debutó en un Mundial en Stuttgart hace 22 años. Allí se proclamó campeón pese a dormirse y no desayunar, naciendo la leyenda del ‘hombre de mármol’, el atleta irreductible que no cede ni a la edad y que amenaza con no retirarse.

Por eso sigue sumando récords, como sus 70 salidas en una prueba de 50 km marcha que ha acabado 58 veces. Después de ese oro en Stuttgart llegaron dos platas y un bronce. El ‘abuelo’ del Mundial, 29 años más viejo que el japonés Sani Brown, que, con 16 años, es el benjamín, no se cansa. "Las ganas de entrenar no las ha perdido", advierte.

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