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Javier Carela: "Hay plantas en Aragón tan escasas que habría que protegerlas"

Este ingeniero agrónomo nacido en Alcañiz ha recopilado datos de casi mil plantas silvestres que pueblan el valle del Ebro, algunas muy curiosas.

Javier Carela, con los dos volúmenes de su libro, fotografiado en Alcañiz.
Javier Carela, con los dos volúmenes de su libro, fotografiado en Alcañiz.
M. A. M.

-Un libro sobre plantas silvestres del valle del Ebro compuesto por dos volúmenes con 1.072 páginas en total. ¿No esperará que los lectores se lo lleven a la piscina este verano?

-No, aunque me encantaría. Es un libro en el que he puesto todo mi esfuerzo y del que se puede disfrutar en cualquier lugar. Y no pesa tanto. Para llevarlo al campo como guía, lo admito, es más complicado.

-Confiese. ¿Cuántas horas le ha echado? Son más de 900 fichas sobre especies encontradas en el término municipal de Alcañiz.

-Incontables. Tengo la mala costumbre de no dormirme por la noche y no poderme despertar por las mañanas. Días que me he quedado hasta las tres de la madrugada escribiendo y cotejando datos, muchísimos.

-¿Y kilómetros para poder fotografiar cada planta?

-Miles. Al final, el libro se convirtió en una obsesión. No ponía el cronómetro. Todo el día estaba metido en la obra. Y la cámara de fotos, siempre en el coche.

-Se le ve muy feliz. ¿Ha visto cumplido su sueño?

-Sí. Además, estoy recibiendo ahora el cariño de mi gente, de mis amigos, de mi familia, que me ha apoyado al cien por cien; y eso me reconforta.

-Hoy se publican muchos menos libros en papel, sobre todo si la financiación de la edición corre a cargo del autor, como ocurre en su caso.

-En esto, soy un romántico. Coger los libros, sentir su peso y oler el papel recién sacado del envoltorio, me parece muy atractivo. Es una posesión del libro más real que en una versión virtual.

-¿No ha recibido ayudas?

-En el último momento me ayudaron el Ayuntamiento de Alcañiz, la Comarca del Bajo Aragón y la Caja Rural de Teruel. En otros tiempos, una publicación podía financiarse íntegramente con subvenciones públicas o privadas. Ahora, nadie tiene dinero para invertir en aventuras. Es comprensible.

-¿Están en su libro todas las plantas silvestres que hay en Alcañiz o falta alguna?

-Están todas las que yo he encontrado en los últimos diez años. No obstante, incluyo al final un listado de plantas citadas por botánicos de otras épocas, como Pardo Sastrón y Loscos, que yo no las he visto. Habría que investigar qué ha pasado.

-¿Y cómo son las plantas del Aragón árido?

-En la obra me refiero a las del valle del Ebro, distintas de las del Pirineo, que reciben mucha más agua. Algunas, muy curiosas, crecen en zonas salobres o lagunas endorreicas, donde abundan los endemismos. En el valle del Ebro hay muchos ecosistemas que no son corrientes en otras zonas.

-¿Seguirán dentro de unas décadas o se las habrá llevado por delante el cambio climático?

-Habrá cambios, sin duda, pero puede ser por la evolución del clima o por otras causas, como el uso de la tierra, el manejo del agua de riego, los cultivos o la forma de hacer una reforestación.

-¿Necesitarían protección algunas especies?

-Pues, sí. Algunas son tan escasas, incluso a nivel aragonés, que podrían desaparecer si no se protegen. Sería interesante pensar en la figura de las microreservas: trocitos muy pequeños de terreno gestionados a nivel municipal con los que se evitan actuaciones agresivas. No consiste en prohibirlo todo, sino en cuidar las plantas.

-En su libro incluye algunas estampas de Alcañiz. ¿Un homenaje a su ciudad natal?

-Por supuesto. Fue un empeño mío. Soy muy alcañizano. Aparecen la Excolegiata, el Castillo y algunos parajes naturales. Me encanta su paisaje.

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