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Ángel Aransay, personalísimo pintor, místico y pagano, fallece a los 72 años

El artista desarrolló toda su carrera en Zaragoza, donde expuso en la Lonja en 2012. Fue un creador de saberes enciclopédicos.

Ángel Aransay, ante una de sus obras expuestas en la retrospectiva que ofreció en la Lonja de Zaragoza en 2012.
Ángel Aransay, ante una de sus obras expuestas en la retrospectiva que ofreció en la Lonja de Zaragoza en 2012.
José Miguel marco

El pintor Ángel Aransay (Zaragoza, 1943-2015) murió ayer. Unas horas antes del adiós, entubado y sin voz, miró a su gran amigo y protector Santiago Gómez Laguna con los ojos cansados de quien sabe que se va. El día anterior, en un instante de lucidez, le preguntó: "¿Qué quiere decir eso de cotufas en el golfo?". Pedir cotufas en el golfo es pedir un imposible.

Ángel María Aransay Ortega ha sido uno de los grandes personajes del arte aragonés de los últimos 40 años. Estudió bachillerato en las Escuelas Pías, se formó en la Academia de Alejandro Cañada y en la Escuela de Bellas Artes.

Ya entonces exhibía un rasgo que no le abandonaría jamás: sus conocimientos culturales casi enciclopédicos, como recordaba ayer su amigo Salavera: "Tenía entendimiento y cultura, además de una pintura con personalidad y oficio". Entre 1964 y 1969 estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde obtendrá el título de profesor de dibujo, profesión que alternará con la vocación artística.

Todos los géneros

Su primera exposición se remonta a 1966 en el Casino Mercantil. Al principio su obra, de colores lisos y cálidos, respiraba el influjo de Picasso y el cubismo; luego asimiló muy bien al Greco, uno de los pintores de su vida, pero también a Vermeer. Practicaría todos los géneros: el bodegón, el paisaje urbano (Zaragoza sería uno de sus escenarios ideales: el Pilar, la Seo, el Arco del Deán, la Aljafería, los garitos de noche), el retrato, individual y coral.

Se interesó por el Renacimiento y el Barroco italianos; en su decidida apuesta por la figura humana, realizó una pintura mitológica, cuadros de aspecto mural y gran formato vinculados a la Biblia y a grandes artistas como Leonardo, Piero della Francesca, Boticelli o Rafael, obras que lucieron en todo su esplendor en ‘El año de plata’ (Palacio de Sástago, 1987).

Pintor de rasgo expresionista y acusada sensibilidad, también le interesaban contemporáneos como Francis Bacon. Con el paso del tiempo, acuciado por sus dificultades de visión y su sordera, su obra fue haciéndose más compleja y levemente tenebrista: ahí están series como ‘Ventanas’ (Paraninfo, 1991), su reflexión sobre la guerra del Golfo y la violencia en Beirut, o ‘Damas’ (Museo de Zaragoza, 2002), de elaborada belleza en tonos más bien azules.

En 2012, ofreció en la Lonja la antológica ‘Maneras de pintar’, una colección de 70 obras, desde 1966 a 2009, que mostraban una trayectoria personalísima y coherente de pintor místico y pagano, pintor tabernario y noctámbulo, preñado de referencias, complejo, diletante y laborioso, que defendía la pasión por la vida. Fue un artista del color y de la luz, influido por el arte mural.

Ángel Aransay –que también ejerció de crítico de arte en ‘Aragón Exprés’, ‘El Noticiero’, ‘Andalán’ y ‘El Día de Aragón– publicó un poemario: ‘El galgo pensativo’ (El baúl de Melquíades, 2012), un libro de homenaje a la pintura y de indagación en su soledad, a la que definió como "una compañera de lealtad presente, / arma de libertad inexpugnable".

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