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Aragón

Used baja la compuerta de La Zaida

Como en los últimos cinco siglos, este pueblo cerró ayer la tajadera
situada a la entrada de su laguna para secarla y cultivarla durante un año. En 2016 tocará lo contrario.

Un grupo de vecinos se encargo de bajar la compuerta que regula la entrada de agua a la laguna.
Un grupo de vecinos se encargo de bajar la compuerta que regula la entrada de agua a la laguna.
MACIPE

La laguna de La Zaida, en Used, se convertirá este año en una finca para el cultivo del cereal por parte de las parejas de este pueblo del Campo de Daroca. Siguiendo la tradición, ayer tocó cerrar la tajadera que permite desecar este humedal impidiendo la llegada del agua de los barrancos de la sierra de la Santa Cruz.

El 15 de agosto de 2014 se abrió para que la laguna se inundase durante 12 meses, y como es tradición durante el próximo año las aportaciones de los arroyos se derivarán por una acequia hasta la vecina laguna de Gallocanta.

Existen actas del siglo XVI que dejan constancia de la antigüedad de este sistema de riego y cultivo comunal y también de que entonces ya existía la Junta de La Zaida, el órgano que gestiona la explotación de la laguna repartiendo sus tierras para la siembra –suelos que son dos veces más productivos que otras parcelas de municipio–.

Un 15 de agosto más, los miembros de la Junta cumplieron con el mismo ceremonial y con lo que la alcaldesa de la localidad, Carmen Sánchez, considera "un ejemplo de desarrollo sostenible y de respeto a la naturaleza". Cuando el agua cubre la laguna es refugio de aves migratorias y los limos que arrastra hacen la zona más fértil para el cultivo cuando se deseca. "No conocemos nada parecido", destaca la regidora.

Esta práctica tan singular, que se asemeja a lo que se hace en Egipto con el Nilo, se quiere estudiar y documentar para después darla a conocer como un hecho diferencial de un pueblo que basa su economía en el cereal. La finca de La Zaida tiene unas 200 hectáreas, y la mitad, en parcelas de algo más de una hectárea, se cede a las parejas empadronadas en el pueblo que cumplen los requisitos.

Los beneficiarios tienen que estar casados o ser pareja de hecho, criterio que se introdujo hace unos años. Deben dormir en Used como mínimo seis meses y un día, y si están fuera más de quince días han de comunicarlo y firmar en un registro. Harán lo mismo cuando esté de vuelta. Hace años había matrimonios que fallecían sin llegar a cultivar La Zaida, porque en el ‘rincheo’ –así es como se llama la entrada y salida de arrendatarios– eran más las parejas altas las que adquirían el derecho.

Sin embargo, la realidad demográfica ha invertido ese desequilibrio. "Nunca habían sobrado fincas –cuenta Sánchez–, pero en el último ‘rincheo’ sobraron tres y hubo que sortearlas". Se casan parejas pero no se quedan a vivir en la localidad, así que la Junta de La Zaida y el Ayuntamiento valoran cambiar las condiciones que desde hace cinco siglos regulan la cesión de esas tierras.

El orden de entrada para la adjudicación directa es la fecha del matrimonio. "Hace unos cincuenta años, si una pareja sabía que otra del pueblo se casaba a las 8.00 de la mañana, ellos se daban el sí quiero a las 7.00 para poder acceder antes a La Zaida", destaca la alcaldesa. El año pasado fue el primero en el que hubo sorteo de la tierra sobrante. La hectárea que le toca a cada pareja se puede cultivar hasta que los dos fallecen.

El origen de esta tradición no está claro, pero se relaciona con la dependencia de padres e hijos. Cuando no había jubilaciones ni residencias y los progenitores por su edad ya no eran capaces de cultivar la tierra, la repartían entre sus vástagos. El que se quedaba con los padres para mantenerlos en la vejez trabajaba la parcela que a estos les correspondía de La Zaida hasta que los dos morían. "La molinada, el grano que de ella se sacaba, servía para pagarse la manutención y que los mayores no representasen una carga para los hijos", detalla la alcaldesa ce Used.

El 15 de agosto de 2016, La Parada, la entrada de las aguas a La Zaida, se abrirá. Es otro elemento de esta historia que el tiempo ha transformado. Antiguamente, con pico y pala se levantaba o se derribaba un muro construido con piedras, paja y barro. Ese trabajo se aligeró gracias a un periodo en el que la laguna no se llegó a vaciar por la cantidad de agua que se recogió en una ocasión. "Estuvo siete años llena y se arrendó para engordar pencas", cuenta Sánchez.

Con las 1.000 pesetas que se consiguieron por aquella actividad se compró la primera tajadera. La que ayer se bajó es la segunda. En tres meses, La Zaida que en árabe significa señora, la que florece, o grulla damisela, se sembrará. El verano que viene se verá si ha dado una buena cosecha, aunque este año por la escasez de precipitaciones ha almacenado menos agua.

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