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José-Carlos Mainer: "Baroja quería que la guerra civil acabara cuanto antes"

El historiador de la literatura ha estudiado ‘Los caprichos de la suerte’, la novela inédita de Baroja, que cierra su trilogía de la guerra civil y que se publicará en noviembre.

El acontecimiento literario del año en España tendrá lugar en noviembre. Será entonces cuando la editorial Espasa publique ‘Los caprichos de la suerte’, novela inédita de Pío Baroja que cierra su trilogía sobre la guerra civil. Dos aragoneses han participado en la edición: Ernesto Viamonte, que ha realizado la difícil y meticulosa transcripción del manuscrito original, y José-Carlos Mainer, especialista en Baroja, encargado de la edición de la obra.

Se ha dicho que ‘Los caprichos de la suerte’ era un "hallazgo", un "descubrimiento", pero en realidad no lo es tanto, ¿no?

No. La familia Baroja tiene muy bien organizado el archivo del escritor. Este libro pertenece a una trilogía de la guerra civil española, de la que se tuvo la primera noticia pública a finales de los años 60, cuando un erudito adquirió una versión mecanografiada de una de las novelas y anunció que la iba a publicar. La familia de Baroja se opuso rotundamente y la cosa quedó ahí. Hoy sabemos que la obra en cuestión era ‘Miserias de la guerra’, que se publicó en 2006. Para entonces, ya había aparecido otra en el tomo octavo de las obras completas, ‘El cantor vagabundo’. Faltaba una de la trilogía, que es esta. En 2011, cuando estaba trabajando en la biografía de Baroja, ya le dije a la familia que valía la pena publicarla.

Casi han pasado 60 años de la muerte del escritor. ¿Por qué ha tardado tanto en publicarse?

Sabemos que ‘Miserias de la guerra’ se presentó a la censura y que ésta la rechazó. Luego la familia ha tenido ciertas cautelas lógicas. Publicar la trilogía en los años 60 era improcedente. La opinión de Baroja sobre la guerra civil no era bien vista ni por el franquismo –al fin y al cabo el escritor era laico y anticristiano–, ni por la izquierda. Y es que durante la guerra Baroja deseó la victoria de los franquistas aunque, eso sí, nunca quiso una dictadura militar. Además, la familia sabía que eran libros que no habían tenido una última corrección.

Baroja no entendió la guerra.

La entendió... y no la entendió. Era un escritor liberal convencido, incluso radical en sus ideas; era un hombre de finales del siglo XIX. Lo que no fue es un demócrata igualitario; no se llevó nunca bien con los movimientos obreros, ni con comunistas, socialistas o anarquistas. Su militancia como republicano radical en 1910 apenas duró poco más de un año. Era antimonárquico pero la República española no le gustaba. Tenía muy mala opinión de los políticos de su época, sobre todo de los que tenían un perfil intelectual. Si acaso tuvo alguna simpatía, fue por Indalecio Prieto, incluso por Dolores Ibárruri. Le dolía ver cómo toda una forma de cultura popular se estaba convirtiendo en cultura politizada y que aquel mundo de picaresca de ‘La busca’ iba desapareciendo. Su opinión de la guerra era que tenía que acabar enseguida y que luego volverían las aguas a su cauce. Pero en realidad no vivió la guerra, la pasó en su mayor parte en Francia, aunque allí, lógicamente, se fue haciendo idea de lo que se estaba viviendo en España.

¿Qué cuenta de la guerra civil en la novela?

El libro comienza con el protagonista saliendo del Madrid republicano. De allí va a Valencia, y luego se va a Marsella y París. Cuenta algunas cosas de Valencia, y en ellas Baroja no comete errores porque recoge cosas que le contó por carta uno de sus amigos, Eduardo Ranch.

¿Hasta qué punto está acabada la novela?

Por lo menos le faltaba una revisión. En realidad, ni siquiera parece que el título, ‘Los caprichos de la suerte’, fuera definitivo. Pero la novela termina, tiene su final. Le faltaba una revisión... pero como a otras novelas suyas de esa época. Hay que tener en cuenta que Baroja la escribió en el año 49 o 50 y que para entonces ya trabajaba mal. La arterioesclerosis que padecía le hacía tener olvidos. También hay que decir una cosa: Baroja trabajaba como quien construye una maqueta o un puzzle, tomando piezas y reutilizando elementos. Por ejemplo, un capítulo de ‘Los caprichos de la suerte’, seguramente consciente ya de que no la iba a publicar, lo utilizó en ‘Aquí París’. Y ‘Los caprichos de la suerte’ la escribió después de publicar una novela corta, ‘Los caprichos del destino’. El título de ambas es muy parecido, pero el argumento y el protagonista son prácticamente idénticos.

¿Qué lugar ocupa esta última novela en el contexto de la producción total de Baroja?

No nos consta que el escritor la tuviera para publicar, y eso ya nos dice mucho. No es, desde luego, ‘El árbol de la ciencia’, ‘La busca’ o ‘Camino de perfección’, pero es una obra de Baroja y eso imprime mucho carácter a la narración. El personaje central es atractivo y el libro se lee bien. Nadie podrá decir que se aburre leyéndolo, primero porque es corto, pero también porque ocurren muchas cosas. Creo que vale la pena que tengamos a nuestra disposición los materiales de Baroja sobre la guerra civil, porque así entenderemos mejor la actitud de otros compañeros que evidentemente no fueron republicanos, como Ortega, Pérez de Ayala, Marañón, Azorín o el propio Unamuno. Baroja escribió mucho sobre la guerra, pero su mejor novela sobre ella es ‘Laura’, y lo publicó en 1939.

¿Quién lee hoy a Baroja? ¿Sigue despertando interés su obra?

En los últimos 15 años ha recuperado lectores en España. Siempre se le ha tenido como un escritor un tanto descuidado, incluso arbitrario, pero autores muy diversos se han interesado por su obra, desde Trapiello a Benet, pasando por Vázquez-Montalbán. Se han vuelto a leer bastantes de sus obras. Que una editorial tan contemporánea como Tusquets esté publicando sus obras dice mucho sobre su revalorización. Luego está la lectura escolar, las novelas que obligan a leer en los colegios e institutos. Hay quien dice que eso no sirve de mucho, pero conozco a gente que leer a Baroja le ha cambiado la vida.

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