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Un ensayo amistoso y duro

Real Zaragoza y Ebro empatan a dos en un partido espeso y falto de continuidad.
Ángel e Isaac marcaron por parte zaragocista. Carralero y Draman lo hicieron para los de La Almozara.

El zaragocista Isaac, autor de un gol, trata de marcharse de un jugador del Ebro.
El zaragocista Isaac, autor de un gol, trata de marcharse de un jugador del Ebro.
maite santonja

El Real Zaragoza está verde. Verde como las camisetas que ayer lució el atrevido Ebro, al que el marcador final le supo a gloria en su debut como equipo de Segunda B en esta aún intensa pretemporada que les queda a ambos equipos por delante. Enfrente, el cuadro zaragocista se mostró espeso, sin ritmo, algo natural cuando la plantilla está repleta de caras nuevas y las sesiones de trabajo son aún escasas para que cuajen en calidad colectiva con el balón.

Fue un partido con tintes de oficial si atendemos a las entradas fuertes, los encontronazos y los piques que se dieron entre los futbolistas de uno y otro bando. Ver el apartado de tarjetas amarillas que mostró el árbitro aragonés Usón Rosel es la prueba de esta llamativa circunstancia. En este sentido, fue un choque de verdad. Pero, en términos futbolísticos, la plasticidad fue casi nula. Apenas cabe rescatar de entre los grumos dos o tres acciones aisladas. Por un lado, provocadas por el irregular estado del césped, algo de lo que se quejó al final Popovic. Por otro lado, destiladas de la ausencia de pulso competitivo que unos y otros tienen aún a estas alturas de julio.

El Ebro hizo una primera parte notable frente a un Real Zaragoza sorprendido, aturullado con el balón. Se adelantó enseguida en el marcador en una disfunción defensiva, al más puro estilo del pasado reciente, que aprovechó Carralero a puerta vacía. Interesante este interior. Justo antes, en apenas un minuto, el Zaragoza había perdonado dos goles hechos ante Loscos de manera increíble. Uno, de Ángel, a bocajarro, que remató fuera rozando el palo. El otro, de Diamanka, que tras quedarse mano a mano ante el portero, intentó el regate y se lió el solo sin atinar con el golpeo final. Dos yerros graves arriba y otro atrás, y el Zaragoza pasó en 90 segundos de estar 2-0 a favor a ponerse 0-1 en contra. ¿Les suena? Han cambiado muchos hombres, pero los males a solucionar siguen vigentes. Lo de ayer fue, sin duda, una magnífica lección a repasar todo este verano.

Antes del descanso, el Zaragoza encontró una vía de agua a través del flanco de ataque del lateral Marc Bertrán, que penetró hasta la línea de fondo para poner un balón dulce a Ángel, que solo tuvo que empujar sobre la línea el 1-1. Cierto es que fue una acción aislada, pero la igualada era merecida en el marcador. Poco antes, Rico había desperdiciaco una falta en la misma frontal del área.

En el segundo tiempo, la película cambió de raíz. El once renovado del Real Zaragoza fue más consistente. El debutante Erik Morán y, sobre todo, Tarsi, tiraron del equipo y cuajaron un buen tramo de juego. De un pase largo del canterano salió el 2-1 para los blanquillos, anotado a placer por Isaac tras una mala salida del arquero Montoya.

Nada hacía presagiar que el Ebro podría volver a empatar, porque el Zaragoza dominaba con claridad y los de La Almozara, disminuidos por los cambios y el desgaste físico, no salían de atrás. Pero en una contra individual de Draman, que sentó dos veces a Cabrera en el área, llegó el 2-2 a falta de 12 minutos.

Popovic, que acabó expulsado en el descanso por protestar la dureza de algunas acciones del Ebro, admitió que "podría ser mejor" la imagen del equipo, pero recordó que "hay mucha gente nueva y falta más intensidad". Por su parte, Emilio Larraz se marchó satisfecho: "Vamos a tener un equipo con el que se va a trabajar a gusto. El Zaragoza es superior, pero hemos estado muy concentrados", dijo.

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