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Morán, un cerebro para el equipo

El centrocampista vasco, de 24 años, es el décimo fichaje. Llega cedido por el Athletic de Bilbao, con una cláusula de compra ulterior.

Erik Morán se agacha en el túnel de vestuarios para poder salir al césped de La Romareda.
Erik Morán se agacha en el túnel de vestuarios para poder salir al césped de La Romareda.
francisco jiménez

Erik Morán, centrocampista de 24 años de la cantera bilbaína de Lezama, es desde ayer el décimo refuerzo de la renovada plantilla del Real Zaragoza. Llega cedido por el Athletic por una temporada, con una cláusula que dice que, si el club de Bilbao no lo reclama a sus filas al término de la campaña –en junio próximo–, automáticamente quedará ligado al Zaragoza en propiedad por dos años más.

Morán es un medio con características organizadoras en el dibujo táctico del equipo. Pero, por su fisonomía y morfología física, es un futbolista diferente a lo habitual en esa posición. Erik mide 1,87 de estatura. Un verdadero tallo que, además de manejar aseadamente la salida de la pelota, es capaz de ocupar infinidad de metros desde su punto de partida de pivote, gracias a su zancada y a su poderío físico. Obviamente, es una pieza importante en todo tipo de juego aéreo, básicamente en el flanco defensivo. Y es que, por el contrario, pese a su condición de organizador del juego y a su imponente planta, su currículum se presenta vacío en cuanto a goles marcados en los marcos contrarios. En ataque, en su etapa profesional, aún no se ha estrenado.

En sus inicios, cuando el Athletic observó la buena progresión de este canterano hace siete temporadas, muchos técnicos creyeron ver en él un boceto de futbolista que mezclaba cosas de Ander Iturraspe y Javi Martínez, a falta de pulir definitivamente. Después de madurar cuatro años en el Bilbao Athletic en Segunda B, Erik Morán debutó con el primer equipo simbólicamente en la temporada 2012-13, eso sí, en un exigente Athletic-Real Madrid en el viejo San Mamés que los vascos ganaron 3-0 en la recta final de la Liga y de la mano de Marcelo Bielsa.

El año siguiente, ya con dorsal del primer equipo (el 5), Morán participó en 14 choques y pareció ir creciendo paso a paso. Pero la campaña pasada experimentó un retroceso patente. Hasta enero, solo había jugado en dos partidos y muchos días no fue convocado. Por eso, en la sede de Ibaigane se decidió su cesión a un equipo de Segunda División y fue el Leganés su destino. Allí, al sur de Madrid, sí tuvo la relevancia buscada y jugó con asiduidad: 17 choques, entre ellos el último de la liga ante el Zaragoza, con aquel agónico 2-2 que acabó sirviendo a los aragoneses para jugar la promoción de ascenso. Morán fue uno de los cambios y saltó al campo en el minuto 52 en la caldera de Butarque.

A los 24 años, Erik Morán tendrá en Zaragoza probablemente la última opción de reconducir su trayectoria prevista en Bilbao cuando dio el salto a Primera División. Esa reválida que el Athletic siempre da a sus cachorros lejos de casa por si, en un momento determinado, todavía son capaces de demostrar que son útiles para retornar al primer equipo rojiblanco, cuyo reducido mercado (solo apuestan por jugadores vascos o con vínculos diversos con esa tierra) prolonga más que en ningún otro sitio la espera a la eclosión de cualquier promesa.

Morán es una oportunidad del mercado que viene a apuntalar una posición que, de repente, queda superpoblada: la de pivotes. Ahí asoman Dorca, Lolo, Diamanka, Wilk y el recién llegado Erik Morán. Eso sin contar la alternativa del japonés Hasegawa, que también se acopla a ese rol, y al filial Tarsi, que tanto está gustando a Popovic en pretemporada.

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