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Sin una palabra y en cuatro minutos

Las grabaciones y la celeridad con que se produjeron los hechos hacen pensar a la Policía que el intento de asesinato de la Fuente de la Junquera no fue casual sino premeditado.

Una de las víctimas dejó esta mancha de sangre en el medianil de los chalés cuando huía.
Una de las víctimas dejó esta mancha de sangre en el medianil de los chalés cuando huía.
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Tres minutos y 53 segundos.Ese es el tiempo que transcurrió desde que Inocencio L. L. llegó a la casa de su exmujer en La Fuente de La Junquera hasta que las cámaras de seguridad grabaron a un amigo de esta saliendo desnudo y ensangrentado del chalé. En ese abrir y cerrar de ojos, el ahora imputado por doble tentativa de asesinato aparcó su coche en el garaje, subió a la cocina, cogió un cuchillo jamonero de 21 centímetros y se plantó en la habitación donde dormían su ex, Ana Isabel A. G., y su acompañante, Alfonso J. M. Sin mediar una sola palabra, se encaramó a la cama y asestó hasta cuatro puñaladas a la mujer. Acto seguido, intentó hacer lo propio con el acompañante de esta, pero él le plantó cara y logró escapar herido.

Los hechos se produjeron durante la madrugada del pasado 20 de junio, pero ha sido ahora cuando el Grupo de Homicidios ha remitido un informe a la juez que instruye el caso analizando las grabaciones de las cámaras instaladas en la urbanización. Para los investigadores, resulta significativa la celeridad con las que se produjo todo.De hecho, son los escasos cuatro minutos que el presunto homicida tardó en actuar los que les hacen pensar que el intento de asesinato no fue consecuencia de un arrebato, sino más bien algo premeditado.

Durante su declaración, el agresor contó que había acudido a la casa –de la que ya no tenía llave y a la que accedió gracias al mando que abre la puerta del aparcamiento– para recoger unas zapatillas de deporte y que al ver a su ex con el amigo reaccionó como lo hizo. Versión que ahora queda bastante en cuestión.

Son numerosas las cámaras instaladas en el número 100 del camino de La Fuente de La Junquera, de ahí que el visionado de dos horas de grabaciones –de las 3.00 a las 5.00– haya permitido a la Policía colocar cada pieza en su sitio. Los agentes han podido seguir también los movimiento del vigilante nocturno, Raúl M. M., al que consideran cooperador necesario del principal encausado. Al analizar las imágenes, han comprobado que aquella madrugada las víctimas entraron en la urbanización a las 3.13. Solo seis minutos después, cruzaba la misma puerta el vigilante, que, al parecer, había estado tomando algo en el mismo restaurante que ellos.

Durante su declaración ante la juez, una vez recuperada de las graves lesiones sufridas, la víctima confirmó que el acoso –telefónico y mediante mensajes– de su ex le había hecho tener "bastante miedo" y por eso pidió a su amigo que se quedara a dormir. La mujer se había fijado también que el vigilante se interesaba mucho por sus movimientos y sospechaba que informaba al ahora encarcelado, al que asiste el letrado Antonio Jorge Torrús.

Para el Grupo de Homicidios, conocida la inquietud de la inquilina de la casa por la actitud del responsable de seguridad, al que defiende Javier Osés, resulta significativo que este regresase a la urbanización apenas unos minutos después que ellos. Los agentes llaman también la atención de la juez sobre los movimientos que después hizo este empleado, que ya ha dejado de trabajar para la comunidad. A las 3.49, se observa al vigilante caminar en dirección a la casa número 29, donde ocurrieron los hechos. Acto seguido, este se sitúa delante del chalé. A las 4.07, llega a la urbanización el sospechoso conduciendo su coche. La secuencia de hechos hace deducir a los investigadores que el conserje nocturno se acercó para ver si había actividad en la casa y después informó al agresor. Al llegar, ambos conversaron durante 20 segundos.

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