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"Por culpa de la tecnología, se está perdiendo la amistad en el ajedrez"

El jugador uruguayo Lincoln Maiztegui, de 72 años, ha regresado a Benasque para recordar las sensaciones que vivió cuando ganó la primera edición del torneo en 1981.

Lincoln Maiztegui, durante una partida, se confiesa un enamorado del ajedrez y también de Benasque.
Lincoln Maiztegui, durante una partida, se confiesa un enamorado del ajedrez y también de Benasque.
Á. G.

El Open Internacional de ajedrez de Benasque afronta su última jornada tras nueve intensos días de competición, que han puesto de relieve la pujanza de este deporte-ciencia en Latinoamérica, la inagotable cantera asiática –capaz de producir ingentes hornadas de nuevos jugadores de altísimo nivel– o la solidez que mantienen los ajedrecistas del Este de Europa.

Si hay alguien que lo está disfrutando con un sentimiento especial es Lincoln Maiztegui, de 72 años, el primer ganador de la historia del torneo en 1981 y que ha vuelto desde su Uruguay natal para recordar las sensaciones que vivió entonces, y renovar una historia de amor con Benasque que no le ha abandonado nunca. "Vine simplemente a saludar amigos y ver a gentes de mis tiempos, pero la verdad es que he visto a pocos porque ha habido un cambio generacional muy grande", dice.

Historiador y periodista con una larga trayectoria, tanto en Uruguay como en España, donde residió entre 1976 y 1992, estuvo muy vinculado con el mundillo ajedrecista ya que fue analista y comentarista de partidas en el diario ‘El País’ y director desde 1988 a 1992 de la revista española ‘Jaque’. Treinta y cinco años después de su primera y exitosa estancia confiesa no recordar qué fue lo que le impulsó a acercarse hasta Benasque. "Alguien me comentó que se celebraba, cogí el coche y me planté aquí en lo que supuso todo un descubrimiento porque nunca había estado en la zona y me encantó", rememora.

Se encontró con una competición "muy familiar", con apenas una cuarentena de participantes, y –apunta– muy agradable "por la calidez y el trato humano". Regresó "otras seis o siete veces" antes de volver definitivamente a Uruguay. Y en esas nuevas presencias fue testigo de cómo el Open fue creciendo, algo que achaca tanto al lugar, "hermosísimo", como a los organizadores que, en su opinión, "han hecho un trabajo extraordinario".

Maiztegui ha encontrado Benasque tan "cambiado" como el propio ajedrez que se juega actualmente "en que la parte humana ha sido barrida por la técnica". Y es que piensa que las nuevas tecnologías están conllevando una pérdida de las relaciones humanas. "Algo que yo, con 72 años, lamento", señala apuntando que, no hace tanto, los ajedrecistas comentaban las partidas una vez finalizadas, "pero ahora los jóvenes se van inmediatamente a su habitación a analizar su juego en el computador y se está perdiendo esa amistad que yo echo mucho de menos".

Modestamente, señala que nunca fue un jugador de élite pero que ha vivido "intensamente" el ajedrez, aunque lleva ya varios años retirado del mundo competitivo. En esta edición confiesa que le está yendo "muy mal". "No debería haberlo jugado, me tendría que haber contentado con acercarme a saludar a la gente, pero el vicio tira y no me pude resistir", afirma entre risas.

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