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Vacaciones en Paz traerá a Huesca a ocho niños saharauis con discapacidad

El próximo 21 de junio llegarán a la Comunidad 145 menores procedentes de los campamentos de refugiados. Más de la tercera parte pasarán el verano con familias de acogida altoaragonesas.

La solidaridad demostrada por las asociaciones implicadas en el proyecto Vacaciones en Paz y por las familias de acogida se verá este año reforzada con el acogimiento de ocho niños con discapacidad procedentes de los campamentos saharauis de refugiados de Argelia. En el proyecto se han implicado, además de la Asociación Alouda, la Coordinadora de Asociaciones de Discapacitados de Huesca (Cadis), Aspace, Atades y la Fundación Adislaf, que cuentan con el apoyo del Ayuntamiento de Huesca y del Gobierno de Aragón.

En total, llegarán a Huesca el próximo 21 de junio 51 niños de entre 10 y 12 años. El delegado del Frente Polisario en Aragón, Sidahmed Darbal, destacó que esa cifra representa más de la tercera parte de todos los que vienen a Aragón, 145. España llegó a acoger a 10.000 menores, pero la crisis redujo el número y ahora son menos de 5.000. Esto ha obligado a reducir la franja de edad de los acogidos y dificulta que puedan repetir varios años.

La asociación Alouda, que encabeza el proyecto en Huesca, quiso ir más allá e integrar en el grupo a niños con discapacidad. Será el tercer año que lo haga y vendrán ocho menores. Tres de ellos se integrarán con familias y otros cinco estarán en entidades sociales. Aspace, Atades y la Fundación Adislaf se alternarán en la atención. En primer lugar, serán recibidos en las instalaciones de Aspace, ya que cuenta con un centro de educación especial, y es donde tendrán atención médica. Luego partirán de vacaciones a las instalaciones de verano de Atades en Martillué, y posteriormente pasarán otros 20 días en el centro de Isín de la Fundación Adislaf. Aragón es una de las pocas comunidades autónomas en España que lleva a cabo este proyecto con los niños del Sáhara.

"Si las condiciones en los campamentos de refugiados son precarias para la población en general, imaginemos lo que puede ser para una familia con un hijo discapacitado", señaló el responsable de la coordinadora que agrupa a estas organizaciones, Francisco Ratia. Y a los problemas de atención médica o subsistencia se suman los prejuicios sociales y la discriminación, ya que, como comentó Sidahmed Darbal, las personas con una minusvalía tienen en África "la consideración que tenían en España hace 40 años".

Muchos están sin diagnosticar. "No sabemos nada de ellos hasta que llegan, salvo los datos de una pequeña ficha", comentó José Luis Laliena, de la Asociación Alouda. El diagnóstico se hace en España y en algún caso, como ocurrió el año pasado, "vimos que podría estar con una familia y recurrimos a una que se había quedado en lista de espera y aceptó".

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