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Enredos de incertidumbre

Alfredo Saldaña da un salto hacia Sevilla y publica 'Malpaís' en Isla de Siltolá.

Portada de ' Malpaís'.
Enredos de incertidumbre
Editorial Isla de Siltolá.

El que camina detiene sus pasos/ en una casa abierta a todos los senderos". Dos versos de uno de los poemas de Alfredo Saldaña (poeta y profesor de literatura nacido en Toledo en 1962. Acaba de publicar, con Antonio Pérez Lasheras, la ‘Obra publicada’ de Miguel Labordeta en PUZ: Larumbe), que nos marcan lo que debe ser para él siempre nuestro camino, abrir nuestra mente sin remedio a una encrucijada.

Un malpaís, en geomorfología, es un accidente del relieve caracterizado por la presencia de rocas poco erosionadas de origen volcánico en un ambiente árido. Esa parece la esencia que desprende el poemario.

Recorremos un sendero donde nada se da por sentado, donde todo lo que nos rodea es soledad. La soledad interior que todo ser humano debe reconocer, habitar, y compartir a veces con lo peor, con uno mismo. El verso "Yo habito un dolor" de Rene Char debería estar entre los versos elegidos por el poeta como referencia, junto a los de Nacho Escuín -"maleza, toda la extensión de una vida puede ser maleza"…- y los de Roberto Juarroz: "Romper también las palabras y hablar entonces con fragmentos… y dejar que los pedazos se peguen después solos, como se sueldan los huesos y las ruinas", escribe.

Es un aviso de intenciones sobre lo que vamos a ir leyendo, sin reposo, en todo el poemario, porque tanto la vida se va enredando en un marasmo de incertidumbre, como la palabra debe deshacerse para reconstruir desde lo destruido, soldarse, rehacerse, ascender desde sus raíces a la luz desde las cenizas.

Esta descripción primigenia debe darnos pie para intentar comprender este ‘Malpaís’. Podemos decir sin equivocarnos, que como todos sus poemarios anteriores (desde 2008 – fecha del magnifico libro ‘Humus’ editado por Eclipsados, una editorial que siempre irá en mi corazón- no podíamos gozar de los poemas de Saldaña sobre el papel) son fruto de un trabajo intenso y de un tiempo de reposo donde cada verso es estudiado para sacar de la palabra lo máximo.

Sabiendo qué podemos encontrar y que el título casi hace una trasposición de la situación actual que sufrimos en nuestro país, un mal país, donde tantas personas han sido golpeadas por la crisis, la inmersión en el libro no deja de ser un espejo de la realidad, aunque en este caso la verdadera figura de todo es la palabra, fundamento básico del que el poeta es estudioso en todos sus aspectos, buscando desde donde nace la sustancia, sus raíces y su campo semántico, hasta el lugar donde se convierte en música, daga o silencio… porque de ella se nutre cada poema, de ella y de todo un bagaje que aprisiona y duele al caminar por los poemas.

Hurgar y adentrarse en el poemario es trasladarnos a un mundo diferente, quizás único, es andar por todo lo que nos ha de dejar más preguntas que respuestas.

Detrás de cada una vemos una rendija que abre nuevos lugares de exploración, nuevas fichas del juego que nos hacen preguntarnos de nuevo por otras. Aunque, en definitiva lo importante es la esencia de todo, la respuesta está en nosotros y sin la lucha por subsistir seremos otros más abandonados en la cuneta.

Palabra y hombre, esa desazón de la sociedad, de la injusticia, de todo lo que se nos ha caído de las manos, los sueños rotos en pedazos, el polvo de lo que ya no seremos, la dureza ante todos los que sufren, de todos los rechazados... y caminar … aunque todo sea en verdad un partir hacia el olvido.

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