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La posible prolongación del veto ruso impregna de incertidumbre la campaña de la fruta

La producción de fruta para este año se mantendrá, y los agricultores temen una nueva caída de precios de no tomar medidas a tiempo.

Protesta de UAGA
Protesta de UAGA por el veto ruso
Asier Alcorta

Hace ya diez meses, el sector frutícola aragonés se encontraba con una noticia tan inesperada como totalmente ajena. Rusia, en represalia por las sanciones impuestas por su intervención en Ucrania, daba un portazo a una gran cantidad de productos alimentarios procedentes de la UE, Estados Unidos o países como Japón y Canadá.

La reacción de Putin no pinchaba en hueso. Rusia había sido precisamente uno de los países que mejor se habían comportado en el mercado internacional en los últimos años -marcados también por otras crisis, como la del E. Coli en 2011-. La mejora de la capacidad adquisitiva del antiguo país soviético había mejorado sustancialmente las exportaciones de países de la Unión como Polonia, mientras que en España, el cada vez más exigente paladar ruso había encontrado en la fruta dulce un elemento cada vez más cotizado.

Entre 2012 y 2013, las exportaciones de alimentos procedentes de Aragón hacia Rusia alcanzaron los 20 millones de euros, teniendo especial incidencia en la fruta dulce, donde Rusia ocupaba casi el 30% de la cuota de mercado. Un nicho en alza que en mitad de la campaña de recolección, se vio truncado. Ahora, con el comienzo de la campaña de nuevo en marcha, agricultores y productores vuelven a encarar el verano con un ojo puesto en Moscú y otro en Bruselas.

“El veto tiene una solución difícil, sobre todo porque el sector agrario bien poco puede hacer en un tema que es puramente político. Lo que hay que hacer es intentar prevenir los daños y no esperar como el año pasado a que las soluciones lleguen cuando el problema ya es irremediable”, valora Fernando Luna, portavoz de la organización agraria Asaja en la comunidad.

En un principio, el veto nació con fecha de caducidad de un año, pero a dos meses de que se cumpla el plazo poco o nada se sabe de los planes de Putin. La semana pasada la vicepresidente de la Comisión de Agricultura en el Parlamento Europeo, la española Clara Aguilera, solicitó a la Comisión medidas adicionales “urgentes” al veto agrícola, ya que "ha finalizado el plazo establecido para las ayudas, pero el problema permanece".

Lo que sí barruntan los agricultores es que aunque en el mejor de los casos se abriera el cerrojo, será difícil recuperar la presencia que había en Rusia. “Rusia como es normal ha seguido adquiriendo fruta de países aliados. Y una vez que se sale de un mercado cuesta volver a entrar. Además, hay que tener en cuenta que en este tiempo parece que la capacidad adquisitiva de los rusos también ha empeorado, por lo que la situación nunca va a ser la de antes”, explica por su parte el representante de Uaga en el sector, Vicente López.

Aragón, una de las comunidades más perjudicadas

Los agricultores aragoneses fueron (y siguen siendo) uno de los más afectados por las medidas políticas. Desde hacía varios años el campo aragonés se había readaptado arrancando perales y manzanos para plantar variedades como la nectarina o el paraguayo, en alza en el mercado. Tras años de reconversión varietal, el trabajo estaba hecho: Aragón es el mayor productor español de melocotón y el segundo en nectarina y albaricoque. Pero entonces llegó el batacazo.

“En resumidas cuentas lo que ha pasado es muy ingrato. Tras invertir varios años en la reconversión varietal, ahora las hectáreas de albaricoque o nectarina están en su punto álgido, cuando se es más productivo, y sin embargo es cuando los precios más bajos han caído”, comenta Luna.

Por este motivo, y pese a la inestabilidad que aún plantea el mercado, los agricultores esperan este año recoger aproximadamente la misma cantidad que el año pasado y por ello se están volviendo a crear una campaña más cerca de 15.000 puestos de trabajo -en su mayoría para temporeros- en comarcas como Valdejalón, Bajo Cinca, Calatayud, Caspe, el Bajo Aragón o La Litera. Unas 570.000 toneladas se recogerán según los cálculos de la Uaga, en su mayor parte de melocotón y nectarina, frutas que también han sido promocionadas para hacer repuntar el consumo interno -también mermado en los últimos años- ante el tapón puesto en el sector exportador.

La solución que se dio el año pasado fue habilitar retirada de fruta del mercado para mantener medianamente los precios, aunque la resolución europea llegó “tarde y mal” según los afectados, con varias semanas de retraso y las cámaras frigoríficas de las cooperativas y explotaciones llenas. Varias toneladas se fueron para distribuir zumo a los bancos de alimentos. En Polonia, donde parte del sector español señala que se tomaron medidas de ámbito nacional más hábiles, se desarrolló una fuerte campaña para incrementar la venta de sidra, única salida que se podía dar a las toneladas de manzanas polacas que también se quedaron en la frontera con Rusia. Por el mantenimiento de estas medidas iba la petición remitida por la vicepresidenta de agricultura del Parlamento Europeo.

Los mercados alternativos se ponen en marcha, pero tardarán tiempo

Con todo, las pérdidas apenas dos meses después ya fueron notables. El sector agrario aragonés rebajó sus exportaciones en los meses siguientes a la autorización del veto en unos cinco millones de euros. Una parte de ellos ligados directamente con el movimiento del Kremlin, pero en su mayoría por el empequeñecimiento del mercado europeo, el mayor cliente aragonés. Las exportaciones cayeron un 10% hacia Alemania, hasta una tercera parte con respecto a Francia, y un 25% con Polonia, donde también llegaba la fruta aragonesa y era exportada, a su vez, por empresas del país hacia Moscú.

Pese a esto, y en vista de que la situación puede repetirse, el sector ha intentado posicionarse en nuevos mercados. En Fraga ha habido varios jornadas para promocionar la fruta del Bajo Cinca de cara a los países árabes promovidas por Arex y las Cámaras de Comercio, y también se mira hacia Brasil, Sudáfrica o el gigante asiático. No obstante, abrir nuevos mercados -y sobre todo consolidaros- será un proceso que lleve tiempo.

“Hasta finales de junio no se podrá ver de forma clara la tendencia que toma el mercado. Será entonces cuando veamos si de nuevo los precios vuelven a caer o si por el contrario se han conseguido consolidar nuevas vías. En ese momento, y en vista de los resultados y de si se mantiene el veto ruso, será fundamental que se tomen las medidas oportunas con mayor celeridad con las que se hizo el año pasado”, recalca López.

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