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Aragón

Las flores que nunca fallan, aunque lo hagamos nosotros

Hay plantas que son a prueba del peor jardinero y que solo quieren agua, un poco de sol y que las dejen en paz para crecer y llenar el balcón de color.

Las dimorfotecas destacan por su colorido vibrante, que puede ir del violeta osucuro al blanco liminoso.
Las flores que nunca fallan, aunque lo hagamos nosotros

Ser jardinero es difícil. Podar, tratar, distinguir enfermedades, calcular alturas y conjuntos... Pero disfrutar de las flores es fácil y sencillo, siempre y cuando se cumplan unas mínimas reglas. Está claro que en un balcón aragonés no podremos tener ni secuoias ni plantas tropicales, pero sí especies sencillas, que apenas requieren cuidados, y que soportan calor, frío, viento...

No es tan malo ir sobre seguro, y menos aún si no tenemos muchos conocimientos. Así que cerremos los ojos y preguntémonos: ¿qué nombres de flores nos vienen a la mente? Margarita, geranio, petunia... Yeso es así porque son las flores que hemos visto desde pequeños en los balcones.

La margarita es una de las mejores opciones. Pertenece a la familia de las compuestas, que ofrece todo tipo de posibilidades: desde la clásica manzanilla a la colorida dimorfoteca, el sufrido áster, el agradecido crisantemo, la euriops que florece en invierno... Solo hay que buscar una jardinera, plantar dos ejemplares, regar una vez cada tres días en verano (cada cinco o seis en invierno) y quitar las flores marchitas. Nos durarán meses y meses y tendrán siempre buen aspecto.

La petunia es la reina del verano, porque no requiere cuidado alguno. Como la margarita, solo necesita tierra, agua cada pocos días, y mucho sol. Si se le quitan también las flores marchitas aguantará semanas y semanas. Una poda a mitad del verano la empujará a durar hasta el mes de octubre. Y el geranio también es una opción perfecta, porque da flores sin descanso, aguanta muy bien el calor y como es colgante quedará muy bien en cualquier balcón. Se reproduce fácilmente y podemos aprovechar la poda para plantar nuevos ejemplares en otras ventanas. No se puede pedir más.

Si se tiene aún un poquito de paciencia, están a punto de llegar las portulacas (sencilla o grandiflora)que también se portan muy bien en el clima aragonés, al igual que las gazanias, que se hacen enormes. Y los que quieran gastarse muy poco dinero pueden plantar semillas de capuchina: crecen sin problema, ocupan bien una jardinera y dan una floración abundante sin tener plagas. Y la opción final es la de los más perezosos: el tomillo y el romero, que apenas quieren riego y siempre regalan aroma.

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