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Observatorio de Javalambre, Revelando la arquitectura cósmica

Desde un pequeño rincón del Universo se inicia una búsqueda de dimensiones extraordinarias. El pasado mes de febrero, uno de los telescopios del Observatorio Astrofísico de Javalambre recibió la primera luz, procedente de una galaxia a 25 millones de años luz. Con este preludio luminoso comenzó el registro de galaxias para el que será el catálogo más profundo y preciso del mundo. Un mapa del cielo que nos revelará con exactitud la presencia de unas ondas descomunales de materia: las responsables de la formación de estructuras como nuestra Vía Láctea.

Investigadores del Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (Cefca), junto al telescopio JST (Javalambre Survey Telescope) o T250.
Observatorio de Javalambre, Revelando la arquitectura cósmica
Antonio García/Bykofoto

En el pico del Buitre, el aire tiene la humedad adecuada, la temperatura está en el rango aceptable y el viento se levanta para despejar la atmósfera. Más de la mitad de las noches, el cielo se halla completamente despejado, sumido en una profunda oscuridad a la que ya nadie está habituado. Y es en este rincón de la sierra de Javalambre, en Teruel, donde emergen de la superficie, a casi 2.000 metros de altitud, unas instalaciones que guardan la ambición propia de un dios. Para llegar al lugar "es muy recomendable el uso de un vehículo todoterreno", advierte el sitio web del Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (Cefca), institución del Gobierno de Aragón cuya actividad se centra en el desarrollo tecnológico y la operación del Observatorio Astrofísico de Javalambre (OAJ), así como la explotación científica de los datos que aporte.

Un observatorio recién nacido, resultado de un proceso complejo y apasionante, cuyo comienzo tuvo lugar con la caracterización del terreno, a principios de los años noventa, ya que, como indica Mariano Moles Villamate, director del Cefca, "la selección de lugares adecuados para la observación astronómica se basa en algunos criterios bien definidos": la transparencia atmosférica, para que la luz que nos llega de los astros sea la máxima posible; la oscuridad del fondo del cielo sobre el que se distinguen los astros, de modo que haya un mayor contraste para poder detectar objetos más débiles; la llamada turbulencia atmosférica –o ‘seeing’–, que altera la nitidez de las imágenes que captamos y permite una mayor resolución para apreciar detalles más finos. Y, por supuesto, las condiciones meteorológicas, que hagan posible las observaciones en un alto porcentaje de las horas nocturnas a lo largo del año.

Para Moles, vivir el proceso de construcción del observatorio desde cero ha representado "el paso de las ideas, los conceptos iniciales y los diseños preliminares a una realidad tangible, con telescopios e instrumentos novedosos y de máxima calidad, que nos permiten llevar a cabo proyectos científicos de primer nivel". En ello también coincide Javier Cenarro, investigador y responsable del proyecto OAJ, quien añade que ha sido un proceso "muy intenso, con grandes alegrías y satisfacciones, pero también con momentos menos alentadores propios de las dificultades inherentes a un proyecto de esta índole, tecnológicamente muy complejo y en un lugar en el que las condiciones de alta montaña pueden ser realmente duras". Pero, gracias al esmerado trabajo de sus miembros, ha sido posible ver convertido en realidad lo que durante años estuvo solo sobre el papel.

A día de hoy, hay una red de galerías subterráneas que conectan todas las canalizaciones y servicios. Por ella se puede circular para acceder a las cúpulas de los telescopios, a las salas de control, a los laboratorios, al centro de datos o a la residencia, donde se alojan los investigadores y el personal técnico para desarrollar su labor. Javalambre ya está preparado para ver y registrar el Universo, para hacer un cartografiado del cielo tridimensional que no se limite a determinar las posiciones de los astros sobre la esfera celeste, sino que también sirva para estimar sus distancias y analizar su naturaleza física.

Según asegura Carlos Hernández, investigador Ramón y Cajal en el grupo de Cosmología del Cefca, desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre "obtendremos una visión a la vez profunda y precisa del Universo visible, de hecho, la más profunda y precisa hasta el momento. No solo efectuaremos un cartografiado de cientos de millones de galaxias, sino que además sabremos qué tipo de luz emiten", es decir, medirán la emisión de estas galaxias en 56 ‘colores’ diferentes –o rangos de longitud de onda– "que nos darán información muy precisa del número y tipo de estrellas que conforman cada galaxia, de su historia y hasta de los fenómenos energéticos que puedan albergar".

Más información: www.cefca.es/

Ojos que apuntan al cielo

Dos cúpulas se levantan hacia el cielo cubierto de puntos luminosos; unas estructuras giratorias, con diversas compuertas y mecanismos móviles para la operación nocturna. La más grande, de 13 metros de diámetro, se ha realizado íntegramente en la empresa aragonesa Ingemetal. Desde el interior de las cúpulas, asoman sendos telescopios: el JST (Javalambre Survey Telescope) o T250, de 2,5 metros de diámetro, y su hermano pequeño, el JAST (Javalambre Auxiliary Telescope) o T80, de 80 centímetros. Se necesitan mutuamente para su calibración y para asegurar que las observaciones son correctas. Puede pensarse que no son gran cosa, por tener un tamaño comparable al de la escala humana. Sin embargo, estos instrumentos son capaces de cartografiar grandes extensiones del espacio, concretamente 8.000 grados cuadrados. El mayor de los dos, JST, está equipado con la cámara panorámica con el mayor número de píxeles del mundo, cerca de 1,4 millones. Además, para que el volcado de información sea limpio y las imágenes no sufran alteraciones, operarán a 110 grados bajo cero y en el vacío, gracias a una cámara criogénica.

Son las dos joyas del complejo, cuyos elementos ópticos, únicos en el mundo, han sido realizados en diferentes empresas líderes del sector en Europa y Estados Unidos. El espejo principal del más grande tardó tres años en estar listo, tras un largo proceso de pulido fino; el conjunto de lentes, con superficies muy complejas por su curvatura variable, suponen "uno de los sistemas optomecánicos más sofisticados del panorama internacional astronómico", explica Cenarro. Además, el diseño de la obra civil ha estado supeditado a los diseños finales de estos telescopios, para garantizar su funcionalidad y un mantenimiento adecuado. "La llegada de los telescopios y su integración en el observatorio, como culminación del proyecto, ha sido muy emocionante; ambos están integrados y finalizados completamente con todos sus subsistemas", recuerda el responsable del Observatorio Astrofísico de Javalambre (OAJ).

Está previsto que, durante una noche de observación, se generen cerca de 1,4 terabytes de datos, un volumen de información que equivale a 3.000 horas de grabación de audio en alta calidad. El telescopio espacial Hubble recogió más de 45 terabytes de datos en sus primeros 20 años de observaciones. En el OAJ, un torrente de datos similar, aunque no todos sean aprovechables, se almacenará en solo 45 días.

La primera luz del espacio profundo llegó al menor de los dos telescopios, JAST, el pasado febrero. La emisora fue una galaxia espiral situada a 25 millones de años luz de la Tierra: la galaxia del Molinete; su tamaño dobla el de la Vía Láctea y está situada en la constelación de la Osa Mayor. Con este registro, se inicia un catálogo de galaxias que desempeñará un papel decisivo para desentrañar las incógnitas del Cosmos.

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