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Los casos de acoso escolar se mantienen, pero empiezan antes y se denuncian más

Durante el curso pasado se atendieron 168 casos de problemas de convivencia en los centros aragoneses.

Jóvenes usando las redes sociales para comunicarse
Jóvenes usando las redes sociales para comunicarse
Luis Gimeno

El acoso escolar es un problema que siempre ha asistido en las escuelas, pero desde hace unos años, la población está más concienciada y esto provoca que salgan a la luz más casos. Así al menos lo ven varios expertos en el tema. “La gente está muy concienciada y se ha cambiado esa mentalidad de 'son cosas de niños' y ahora ya no se tolera ningún tipo de conducta discriminatoria o vejatoria”, señala Carlos Lorda, psicopedagogo.

Esta mayor concienciación e información ha provocado que los problemas de convivencia atendidos por la DGA -no siempre relacionados con el acoso- hayan aumentado durante el último año. Según señalan desde el Departamento de Educación, en el curso 2013-2014 se registraron 165, mientras que en los cursos anteriores habían sido 73 y 63 respectivamente.

“Esto no quiere decir que haya más conflictos sino que la Asesoría para la Mejora de la Convivencia Escolar es más conocida y hay más familias y profesores que recurren a ella en busca de ayuda”, subrayan. Precisamente durante el curso 2013-2014 se puso en marcha una campaña de información entre los centros para dar a conocer este organismo.

Lo que sí que han percibido tanto educadores como psicólogos es un cambio en el tipo de acoso y en las edades en las que se da. “En los últimos tiempos hemos empezado a ver algún caso entre alumnos más pequeños, en las primeras etapas de Primaria, e incluso, con solo 6 años”, señala Marta González, directora de la Asociación Ignis, la única organización en Aragón que se dedica a tratar temas de acoso. Una opinión que también ha percibido Raquel, profesora de Educación Infantil, a través de otros compañeros. “Personalmente no lo he vivido, pero se comenta que se comienza a ver alguna suceso en edades más tempranas, algo que antes no ocurría”.

“Las primeras situaciones pueden empezar en 4º de Primaria, antes es complicado definirlo como acoso porque los niños no tienen la percepción de que al aislar a un compañero le están haciendo daño”, considera Antonia Cirer, psicóloga clínica. Por ello, marca dos etapas en el acoso. Por un lado, el realizado por los más jóvenes a partir de 10 años hasta la llegada de segundo de la ESO. “Ahora está muy de moda vacunarse contra alguien, se ponen una cruz en la mano y le hacen el vacío a esa persona”, recalca.

Estos alumnos comienzan a acosar fuera del centro escolar. “El cambio fundamental ha sido el uso de las nuevas tecnologías como whatsapp, que provoca que los centros no lo puedan controlar ya que se produce fuera del aula”, subraya. Según sostiene en los primeros cursos, se basan en las burlas o los insultos, mientras que cuando cumplen 14 o 15 años llegan las imágenes.

Una percepción que comparte Mapi Toledo, profesora de Educación Secundaria. “Este año en Zaragoza se han dado varios casos de ciberacoso en Secundaria. A través de los grupos de clase se envían fotografías inapropiadas y a los 10 minutos la tiene todo el instituto”, sostiene. Lo mismo ocurre a través de Twitter u otras redes sociales. “Se magnifica mucho porque empieza uno a criticar o insultar y el resto de compañeros le siguen la corriente, y encima creen que tienen impunidad”, recalca Lorda.

Niños más débiles

Aunque ningún experto se atreve a realizar un perfil concreto de los estudiantes que son víctimas del acoso escolar, la mayoría coinciden en que suelen ser personas que no tienen grandes habilidades sociales. “Son alumnos que les cuesta interactuar con los demás, aunque también puede ocurrir lo contrario, en el que el foco lo atención lo tienen aquellos que contestan constantemente”, subraya Lorda.

“Muchos de ellos son niños sumisos, que no tienen un espíritu de líder, pero cada situación es diferente”, recalca González. Asimismo señala que aunque a la asociación lleguen jóvenes más débiles “también puede deberse a los problemas sufridos anteriormente”. Por su parte, Cirer señala que la mayoría se producen entre niñas, “es una tendencia que se ha visto siempre”.

La formación en los colegios, una pieza clave

La formación e información en los centros educativos se convierte en una pieza esencial tanto para detectar los casos como para poder solucionarlos. “Hacemos varios talleres sobre violencia y uso de las redes sociales para intentar concienciar a los alumnos y enseñarles cuáles son los usos apropiados de estas nuevas tecnologías”, recalca Lorda. No obstante, considera que lo esencial es que los propios alumnos sean los que resuelvan sus conflictos, “por ello, hay que enseñarles a manejar situaciones complicadas, trabajando la empatía, las emociones y las conductas”.

La intervención de los centros

El primer nivel de intervención para abordar cualquier conflicto es el centro educativo. Los colegios deben tener unos planes de convivencia en los que se concretan las normas que regulan la convivencia y las medidas correctoras a aplicar, siempre de “carácter educativo y recuperador”. En casi todos, el primer paso es acudir al tutor de clase. Si de este modo no se resuelve, pasa a intervenir el equipo de orientación y el directivo.

Solo los más graves son los que llegan al servicio de inspección educativa. Además, en la medida de lo posible, se intenta evitar la judicialización, pero todos aquellos “que pueden ser constitutivos de delito o falta se comunican al Ministerio Fiscal”.

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