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​Sheila Herrero: ​"ahora me quiero y me siento preciosa con mi cuerpo"

Adelgazó 25 kilos en un año y se hundió durante tres en la anorexia. Hoy lo ha superado todo y es feliz consigo misma.

Sheila Herrero, patinadora, la deportista española más laureada.
?Sheila Herrero: ?"ahora me quiero y me siento preciosa con mi cuerpo"
Guillermo Mestre

Viene cargada con una caja de pastas. Ella es así, generosa, vital, optimista. De esas personas que se esfuerzan en demostrarte su aprecio y sus ganas de ayudar. Porque Sheila Herrero (Zaragoza, 1978) es sincera, real y apasionada y, por ello, vulnerable; alguien familiar a quien hemos acompañado en su largo paseo por la gloria. Patinadora, ganadora de 15 títulos mundiales, la deportista española que más acumula en esta categoría; 136 europeos, 189 récords nacionales... recuerda con amargura cómo su vida se hundió en un abismo cuando con 23 años cayó en la anorexia. Cómo "y a punto estuve de no salir de aquel hoyo, porque esa Sheila no era yo. Yo no vivía. Lloraba constantemente, por todo y por nada; por cómo me dolían los huesos al sentarme, al hacer ejercicio". "Pero hoy soy feliz con mi cuerpo, incluso con esta pequeña lorza", bromea mientras se toca la cintura y dice que sí, que come de todo, "me cuido, desde luego, porque soy deportista, y he logrado estar contenta conmigo misma, aunque reconozco que hay veces que sigo contando las calorías de los alimentos, es algo que siempre está ahí. Sin embargo, estoy muy satisfecha de mi misma porque he aprendido a saber comer, a decirme que todo pasó ya, que nunca volveré a caer y que puedo disfrutar de una tarta, y, lo que es más importante, comérmela o no, si me apetece o no. Puedo convivir con la comida con normalidad". Porque, explica "mi cuerpo es el que es, de complexión fuerte; mis músculos son fuertes porque hago mucho deporte desde muy niña y, además, tengo tendencia a engordar". "Soy así, y así me gusto", dice satisfecha.

Su calvario comenzó a su regreso de Italia y Estados Unidos, "donde estuve unos años. Aprendí muchísimo en todos los aspectos, como deportista, como persona, pero en Estados Unidos se come muy mal y engordé y a mi vuelta los entrenadores me dijeron que debía bajar mi peso...", ejerciendo esa presión demoledora que padecen las deportistas de élite. "Al principio estás encantada cuando pierdes kilos pero no sé cuándo aquello se va de las manos y dejas de ser persona, y lo pierdes todo, hasta el contacto con la realidad. Te hundes en una profunda depresión y círculo vicioso: estás mal por esa batalla que tienes por la comida, y sufres por ello y por lo que sufren los tuyos por ti, pero no puedes dejar de hacerlo, es una enfermedad mental y la gente no termina de entenderlo". "Yo se lo digo a las niñas que vienen al gimnasio que solo hacer ejercicio por adelgazar, que deben quererse como son, que siempre son preciosas y que hagan ejercicio por salud, porque una cosa lleva a la otra, pero es complicado que lo entiendan con esa obsesión que hay por el cuerpo. Cada vez hay más, lo veo, y está peligrosamente metido en los colegios".

"Yo nunca me autolesioné –sigue– pero llegué a pensarlo muchas veces, incluso en quitarme la vida, porque llegó un momento... Pienso mucho en cómo pude caer en eso, porque era muy feliz y en aquel mundo no lo era, y metida en él te pasa de todo por la cabeza". "¿Cómo reaccioné?, por muchas cosas. Mientras estaba en la anorexia seguía entrenando, imagine, 8-10 horas dirias de ejercicio fuerte y sin apenas comer, porque había días que desayunaba un litro de zumo de limón, y llegó un momento que el Comité Olímpico Español y el Consejo Superior de Deportes me advirtieron que si bajaba más peso no podría seguir, imagínese, ¡dejar lo que era mi vida!. Solo la medida de cuello se redujo tres veces mi estado normal. El entonces Príncipe de Asturias, en la entrega del mejor premio de mi carrera, el Nacional de Deporte Reina Sofía 2002, me cogió aparte y me llamó la atención por mi extrema delgadez;y el médico al que me llevaron mis padres me dijo que si adelgazaba medio kilo más me ingresaba en el Clínico y me llenaba de goteros y el intenso trabajo de mi psiquiatra...". Hoy pesa 58 kilos, mide 1,62 y entonces apenas llegaba a los 39.

Recuerda con espanto cómo intentaba engañar a sus padres, y a su novio (hoy marido), a los que más le quieren y han estado siempre a su lado; cómo al comer se acercaba la servilleta a la boca y metía en ella la comida o en un gesto rápido con su mano se la sacaba y la escondía en un bolsillo; cómo se metía en todas esas páginas que circulan por Internet en las que te enseñan a todo, "son horribles, deberían hacer algo contra ellas". Porque ahí encontró las claves para hundirse más, engañar. "Un día iba con mi hermana y su marido entonces y se me cayó una caja enorme que llevaba llena de pastillas para todo, laxantes, quemagrasas, con carnitina... y mientras intentaba recogerlas, expandidas por el suelo, sentí el horror en la mirada de mi hermana y de la propia misma gente de la calle que pensaba “qué se está metiendo esta mujer”".

Catorce años después reconoce que aquello le ayudó a ser mejor persona, "porque era egoísta, muy cerrada, mentía" y que su vida es un antes y un después de la anorexia. Que es muy feliz consigo misma, "eso es lo más importante, en lo que más hay que trabajar cuando caes". Explica las secuelas que padece: "El colesterol disparado, los riñones y el hígado afectados por los laxantes; se me retiró la regla durante 7 años, aun tengo desarreglos y no se si podré ser madre". Ytermina la conversación comiéndose la vida, recordando lo feliz que es estudiando Diseño y Moda, con su escuela de patinaje sobre hielo en Puerto Venecia y esperando reabrir la del parque grande y la del club Domingo Miral de su familia de toda la vida...

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