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Aragón

Margarita Salas: "estamos perdiendo una generación de investigadores"

"El científico tiene la obligación de divulgar para que se entienda lo que hacemos". Así lo dijo la bioquímica Margarita Salas en las Conversaciones en la Aljafería de la semana pasada y también lo puso en práctica al ofrecer su visión sobre la situación actual de la investigación, abordando tanto la escasez de re-cursos como recientes avances.

Carmen Serrano, Margarita Salas y Pilar Zaragoza conversaron el pasado miércoles en la Aljafería.
Margarita Salas: "estamos perdiendo una generación de investigadores"
Luis Giménez

Cuando un joven se acerca a la bioquímica Margarita Salas y le pregunta sobre las posibilidades de hacer la tesis, ella le pregunta: "¿Estás dispuesto a dedicarte al cien por cien a la investigación? Si es así, adelante; si no, dedícate a otra cosa". Así ve su profesión una persona que ha consagrado su vida a investigar. Una pionera de la biología molecular en España, que descubrió cómo replicar el ADN de manera rápida y barata, a partir del estudio de un pequeño virus llamado phi 29. El pasado miércoles, compartió conversación con la catedrática de Genética y vicerrectora de Transferencia e Innovación Tecnológica de la Universidad de Zaragoza Pilar Zaragoza y la periodista Carmen Serrano, en el marco de las Conversaciones en la Aljafería en su enfoque más científico, coordinado por Miguel Carreras, de la Asociación Ciencia Viva.

Entre las cualidades que debe tener un investigador, destacó la dedicación y el entusiasmo. "Otras cosas, como el rigor experimental, se van aprendiendo", dijo, antes de añadir que "también hace falta tener cierto grado de imaginación para planear los experimentos y poner tesón, no desanimarse, porque en investigación hay fracasos y hay que seguir adelante, a veces cambiando el rumbo".

Lo malo de la asfixiante situación actual es que "los jóvenes están muy desanimados porque ven que no hay futuro". "Estamos perdiendo una generación de investigadores –aseguró–, los mejores no quieren hacer investigación, se van a temas más rentables y seguros. Hay que lograr que vuelvan a entusiasmarse". Además, los doctores españoles están muy bien valorados en el extranjero. "Hacemos una inversión en formarles y luego no podemos traerlos de vuelta", indicó.

Cuando ella regresó a España tras su estancia posdoctoral en Estados Unidos junto al Nobel Severo Ochoa, en 1967, nuestro país "era un desierto científicamente, no había financiación para investigar". Margarita Salas y su esposo, Eladio Viñuela, pudieron seguir trabajando en biología molecular gracias a "una ayuda americana que nos trajimos". Pero, poco a poco, la ciencia en este país "fue avanzando y ahora es muy triste ver que la financiación es cada vez más escasa". Incluir una casilla en la declaración de la renta pare destinar parte de los impuestos a la ciencia le parece "una idea excelente y práctica". Pero "hay que insistir en un pacto de Estado para la ciencia, porque la ciencia no es algo de hoy para mañana; tiene plazos; y los resultados se obtienen al cabo de diez años, no de cuatro, la duración de una legislatura".

Salas defendió que "todas las aplicaciones son resultado de la investigación básica". Y repitió las palabras de Ochoa cuando decía: "Hay que hacer investigación básica de calidad y dejar al investigador libertad para trabajar, porque saldrán aplicaciones no previsibles a priori que beneficiarán a la sociedad". Precisamente eso pasó con phi 29, el virus bacteriano (o fago) que eligieron para investigar en España –lejos de los temas competitivos en EE. UU.–, al verlo como un buen modelo para estudiar los mecanismos de transferencia de la información genética. "Nunca pensamos que phi 29 daría este resultado", reconoció. Cuando infecta una bacteria, sintetiza una ADN polimerasa que es "la mejor del mundo mundial y que ha dado lugar a un método de amplificación del ADN" que, patentado y licenciado, ha producido al CSIC millones de euros. "Convirtió un virus en una máquina de hacer dinero", apostilló Zaragoza.

Al tanto de las más recientes investigaciones, Salas cree que el llamado ADN basura tiene mucho que decir y destacó la importancia de estudiar el genoma completo. "Se pensaba que con secuenciar el genoma humano se descubrirían las bases de nuestra humanidad, pero es la expresión de los genes la que, por ejemplo, nos hace diferentes de los chimpancés, pues genéticamente somos iguales en un 99%, pero la expresión en humanos es cinco veces mayor". Tiene esperanza en que "la terapia génica dé resultado en enfermedades monogénicas" y considera que, aunque la medicina personalizada no será individual, "cada vez habrá más patrones genéticos" que guíen los tratamientos. Y, ya que, una vez decodificado, el genoma humano "resultó ser bastante sencillo", no le extrañaría que "las claves del cerebro no sean tan complejas como pensamos".

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