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Los héroes silenciosos del dolor

Maylis de Kerangal describe con un brillante realismo la ciencia de los transplantes y su impacto

Los héroes silenciosos del dolor
Anagrama

Reparar a los vivos’ de Maylis de Kerangal comienza una fría mañana de surf en Le Havre. Simon Limbres disfruta de su gran pasión con dos amigos. Tiene 19 años y está entrando en la plenitud de su vida. Acaba de conocer el amor, es guapo, quizá perezoso y arisco pero alegre e inocente. La furgoneta en la que vuelven a casa se estrella contra un poste. Simon queda en estado de muerte encefálica, una situación de coma irreversible en la que ciertas máquinas controlan el latido del corazón y las constantes vitales; ese estado en el que ya no existe ninguna posibilidad de recuperación pero los órganos se mantienen intactos, aptos para seguir funcionando en otra persona. Un estado que definieron Pierre Mollaret y Maurice Goulon en 1959, revolucionando para siempre la Medicina, en un hito científico "de inconcebible alcance filosófico, que conllevaría autorizar y permitir las extracciones de órganos y los trasplantes". Este es el impactante arranque de una novela fundamentalmente humana, que explora el sufrimiento ante una pérdida inesperada, la aceptación de la tragedia.

El cuerpo inerte de Simon Limbres simboliza el repentino fin de una vida pero también el potencial para salvar otras. Actúa como hilo conductor de una narración en la que se entrecruzan las historias de distintos personajes: los padres, la hermana y la novia del joven, los médicos, enfermeros, coordinadores, los pacientes en lista de espera. El trasplante es el punto común de todos ellos pero de Kerangal enriquece la narración con detalles cotidianos: la joven enfermera ignorada por su amante, la relación de una traductora con sus hijos mientras espera el corazón que la mantendrá viva, la pasión por los jilgueros de Thomas Rémige, el honesto coordinador de trasplantes, o la obsesión por el fútbol de un joven cirujano cardíaco.

De Kerangal describe con un realismo brillante el milagro de los trasplantes, su impacto emocional en la familia del donante cadáver, el complejo mecanismo burocrático y técnico que exige la coordinación de diversas unidades médicas, en el que cada eslabón de la cadena es indispensable y funciona como un preciso engranaje. También está acertada en la recreación del ámbito hospitalario, de las relaciones de subordinación a médicos prestigiosos, de las estresantes guardias en una Unidad de Cuidades Intensivos.

Sin embargo, la novela va mucho más allá del ámbito médico y se recrea en la parte humanística. Lo hace además manteniendo un tono sobrio, evitando en todo momento caer en el sentimentalismo. De Kerangal profundiza en el drama a través de las historias, extraordinarias o corrientes, de sus personajes.

La narración tiene algo cinematográfico: cada capítulo bien podría corresponder a una escena en una película. Consigue que sintamos la conmoción de los padres de Simon, la desesperación de Juliette, su novia, los nudos en la garganta. Transcurre en pasillos de hospitales, en quirófanos y salas de espera, en las calles de una gélida Le Havre, contagiada del espíritu de la desgracia. La escritura de De Kerangal tiene tanto de ciencia como de poesía; es tan precisa como apasionada. El estilo, quizá demasiado enrevesado y autocontemplativo pero siempre dinámico, busca dotar al texto de solemnidad y resulta efectivo para conseguir la fuerza que exige hablar de aquello que trasciende lo ordinario.

Maylis de Kerangal ha conseguido consagrarse definitivamente con ‘Reparar a los vivos’. La novela ha recibido siete premios, entre ellos el France Culture-Télerama y el Baileys Women’s Prize for Fiction, y ha sido uno de los libros más vendidos en Francia en 2014. Su éxito se debe a la facilidad de la autora para conmovernos con su sobria narración del dolor, a su estilo potente y lleno de inflexiones, capaz de acelerarnos el pulso.

De Kerangal escribió la novela tras conocer a un coordinador de trasplantes, cuyo trabajo incluye obtener la autorización de los familiares de los donantes y quedó "... conmovida. Hay una forma de heroísmo discreto en los donantes de órganos que me parece mucho más interesante que algunas figuras espectaculares de las que se nos habla sin cesar".

‘Reparar a los vivos’ reconoce el valor de estos héroes silenciosos como Marianne y Sean, los padres de Simon en el momento más trágico, sacudidos por la rabia que produce la arbitrariedad de la muerte, por el dolor y por la incomprensión. Reconoce la importancia de profesionales brillantes, entusiastas del trabajo, como Thomas Rémige, capaces de convivir dignamente con la tragedia, que piensan en ‘Platónov’, la obra teatral de Anton Chéjov, y recuerdan que su misión es "enterrar a los muertos y reparar a los vivos".

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