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Aragón

Ocurrió en Miravete

Valdelinares protagoniza un anuncio de Skoda que ha disparado su popularidad, al igual que le ocurrió a Miravete de la Sierra en 2008 gracias a la exitosa campaña ‘El pueblo en el que nunca pasa nada’, de la que, 7 años después, apenas queda rastro.

Dos ciclistas castellonenses, Vicente y Puri, reponen fuerzas durante un viaje por el Maestrazgo en la entrada al pueblo. El eslogan 'Miravete, el pueblo en el que nunca pasa nada' todavía es un referente para ellos.
Ocurrió en Miravete
Antonio García/Bykofoto

Los fines de semana vienen muchos turistas, y todos llegan atraídos por el eslogan ‘Miravete, el pueblo en el que nunca pasa nada’. Javier Moreno, que acaba de hacerse cargo del multiservicio rural del pueblo y de una vivienda de turismo rural municipal, reconoce que la exitosa campaña de márquetin lanzada en 2008 por la agencia Shackleton para demostrar el potencial de internet como canal publicitario mantiene su tirón promocional. Sin embargo, el relumbrón mediático –con reportajes en televisiones de España, Alemania, Italia, Francia y Argentina incluidos– no ha frenado la despoblación, una lacra que amenaza la supervivencia de esta minúscula población del Maestrazgo con solo ocho residentes fijos, seis de ellos jubilados.

Valdelinares acaba de protagonizar una potente campaña publicitaria de la marca automovilística Skoda con el objetivo de salir también del anonimato y frenar su imparable descenso demográfico que, si nadie lo remedia, le obligará a cerrar el colegio el próximo curso por falta del cupo mínimo de 6 alumnos. Al rebufo del impactante anuncio televisivo que muestra la dureza del invierno en esa localidad de la sierra de Gúdar, quinientas familias se han interesado por la oferta de trabajo y casa del Ayuntamiento, que busca niños para mantener abierta la escuela. Valdelinares y Miravete no han sido los únicos pueblos turolenses protagonistas de promociones publicitarias de relumbrón. Valderrobres fue el escenario de una iniciativa promocional de la marca de bombones Ferrero Rocher en la Navidad de 2013 mientras que Albalate del Arzobispo sigue inmersa en una promoción de la empresa Washer a través de internet para mejorar el equipamiento de su equipo de fútbol, de Regional Preferente.

Pero el balance demográfico de la exitosa y premiada campaña ‘Miravete, el pueblo en el que nunca pasa nada’ ha sido nulo. De los 41 habitantes censados en 2008, ha pasado a los 34 actuales, y la mayoría de ellos no viven en el pueblo durante el invierno. La restauración de la iglesia parroquial, una de las motivaciones del vecindario para colaborar con Shackleton, tampoco ha avanzado. La recaudación por distintos conceptos para intervenir en el templo, un magnífico exponente de la arquitectura gótica, se quedó en 8.000 euros. El proyecto de rehabilitación integral del monumento, redactado en 2011 por encargo de la DGA, tenía un presupuesto de 888.520 euros, pero sigue sin arrancar.

La web www.elpuebloenelquenuncapasanada.com ofrecía a los cibernautas la posibilidad de comprar ‘tejas virtuales’ al módico precio de 10 euros la unidad así como muñecos que eran réplicas a escala de los doce residentes permanentes de Miravete. Los ingresos sirvieron a duras penas para reparar los tejadillos de cinco capillas. El arquitecto autor del proyecto de rehabilitación integral, Ángel Jarque, advierte, además, de que habrá que desmantelar la reparación que se financió con la colaboración de Shackleton porque se hizo de forma muy defectuosa.

El alcalde, José Listo, reivindica, no obstante, la bondad de la campaña y asegura que la volvería a repetir si se presentara la ocasión. Afirma que el impacto promocional que tuvo en su día todavía sigue vigente. "Se habló mucho del pueblo y la gente lo conoce en todas partes. Miravete es mucho más conocido que cualquier otro pueblo de sus características gracias a aquella experiencia", explica Listo, que se rinde, no obstante, a la evidencia de que el efecto mediático no se ha traducido ni en inversiones ni en más atención por parte de la Administración ni en un aumento de la población.

José Listo opina que la presencia mediática que aportó la campaña "valió la pena". Asegura que, cuando se mueve en ámbitos políticos, "la coletilla ‘El pueblo en el que nunca pasa nada’ es conocida por todos". Se ha convertido, según cuenta, en una carta de presentación para la localidad. "Miravete debe estar agradecido a aquella campaña", remacha.

La web creada por Shackleton, que incluía reportajes, audiovisuales y un paseo virtual por el pueblo, entre otros contenidos, recibió 357.00 visitas en un mes. La iniciativa publicitaria cosechó, además, premios nacionales e internacionales, entre ellos siete galardones en el Festival Internacional de Cannes Lions.

"Fue algo grande"

Cristóbal Sangüesa, de 93 años, fue uno de los principales protagonistas del anuncio y del documental de Shackleton. Recuerda aquel episodio "como algo grande, con el pueblo lleno de gente y saliendo en televisiones de todo el mundo". Félix Herrero, otro de los octogenarios que participaron en el rodaje, recalca que el objetivo de los vecinos al implicarse en el proyecto fue "arreglar la iglesia", aunque reconoce que "al final no se ha reparado".

Sangüesa añade que la experiencia de producción de los audiovisuales y de la web fue "muy bonita", pero reconoce que siete años después "hace falta que se mueva algo en el pueblo, porque solo quedamos 8 personas viviendo de continuo aquí". El centenar de casas que forman el casco urbano están, en general, bien conservadas pero solo se llenan de vida durante el verano, con el regreso de los hijos del pueblo que tuvieron que emigrar.

La última inyección de optimismo ha sido la reapertura del multiservicio rural ‘El Guadalope’ –un establecimiento que ofrece servicios de cafetería, tienda de comestibles y alojamiento–, cerrado desde principios de enero. Según Herrero, el anterior gestor "se aborreció porque no tenía clientela".

El nuevo responsable, Javier Moreno, un empresario de Igualada (Barcelona) de diseño gráfico que cerró con la crisis, buscaba trabajo desde hace tres años. Conoció la oferta de Miravete a través de la Asociación contra la Despoblación de Aragón, visitó el pueblo, le gustó y decidió embarcarse en el proyecto de reabrir el multiservicio y la vivienda de turismo rural de la Casa de la Maestra. Si la afluencia turística remonta, reabrirá la Casa del Cura, un hotel rural acondicionado por el Ayuntamiento que permanece cerrado desde hace dos años.

Moreno quiere darle "una vuelta" al famoso eslogan para que "a partir de ahora empiece a pasar algo en el pueblo". De momento, para la próxima Semana Santa, está al completo.

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