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Machismo, Whatsapp y redes sociales

Lejos de desaparecer, las actitudes machistas entre los adolescentes repuntan al calor de los mecanismos de control que ofrecen las nuevas tecnologías. Y esto preocupa, y mucho, a toda la comunidad educativa.

Machismo, Whatsapp y redes sociales
Machismo, Whatsapp y redes sociales

Desde hace ya unos cuantos años, profesores y orientadores venimos observando con preocupación que el machismo entre nuestros adolescentes y jóvenes, lejos de desaparecer, va en aumento. Pero... ¿por qué? Obviamente, las causas son múltiples, aunque, sin duda, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías están ejerciendo una influencia notable en las modas y costumbres de nuestra sociedad.

Estereotipos y permisividad 

Los estereotipos que nos transmiten inciden con excesivo énfasis en el culto al cuerpo; en triunfar a toda costa, aunque los atajos no sean muy éticos; en el hedonismo o en disfrutar del momento, como máximo valor, y en la banalización de los sentimientos. A todo esto, cabe añadir la permisividad en las costumbres, la falta de límites educativos, en buena parte de las familias, y la progresiva inmadurez emocional de niños y adolescentes. En definitiva, este cóctel contiene los ingredientes básicos para que el machismo esté rebrotando con fuerza en nuestras aulas. Desde luego, también habría que tener en cuenta determinadas actitudes relacionadas con la inseguridad en uno mismo, la desconfianza hacia la pareja y otras conductas vinculadas a esterotipias y manías.

Nuevos mecanismos de control

Por si esto fuera poco, ahora también debemos hacer frente a nuevos fenómenos como el Whatsapp y las redes sociales, que, en aras de la comunicación, vemos cómo incrementan las posibilidades de establecer mecanismos de control hacia la pareja. Este aspecto cobra especial relevancia, si tenemos en cuenta que las redes sociales son, hoy en día, el principal medio de comunicación de los adolescentes y que, a través de ellas, también construyen su identidad gracias a las relaciones que establecen con su grupo de iguales y con la sociedad. Para la mayoría de ellos, resulta difícil imaginarse la vida sin su smartphon y sin Internet.

Amor romántico y Whatsapp

Sobre la influencia y el papel socializador que cumplen las redes sociales, y de cómo influyen en la perpetuación de los discursos del sistema sexo–género, tratan las conclusiones de la investigación realizada por Miriam Blanco, licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid: ‘Influencia del uso de las redes sociales en la perpetuación del discurso del amor romántico entre adolescentes’. Según la autora, los mitos del amor romántico ligan las relaciones afectivas con el control, los celos, los sacrificios por amor... Son los llamados ‘micromachismos’: pequeños gestos, límites impuestos que se asumen como autoimposiciones, el control o la humillación, que se confunden con una visión romántica de la protección y la dominación por amor. Estas actitudes pasan desapercibidas, se toleran por amor y pueden llegar a asumirse como normales, lo que puede derivar en el primer estadio del maltrato sin que se sea consciente de ello. Para conocer esta influencia de las redes sociales en la perpetuación del ideal romántico entre adolescentes, se realizaron 457 encuestas –241 mujeres y 216 varones– entre el alumnado matriculado desde 1º ESO a 2º de bachillerato en el curso 2012/13 de cinco institutos públicos de distintos lugares de España –136 de estas encuestas se realizaron en el IES Tiempos Modernos de Zaragoza– y 10 entrevistas en profundidad a 5 chicos y 5 chicas de entre 13 y 18 años, que desvelaron datos ciertamente preocupantes.

Iguales... pero diferentes

El estudio revela que siguen persistiendo los estereotipos y clichés basados únicamente en el sexo. Por ejemplo, los chicos siguen pensando mayoritariamente que las tres cualidades que atribuirían a las chicas son: sensible, preocupada por su imagen y habladora. Pero también las chicas están influidas por el modelo de hombres que nos ofrece el ‘mainstream’, y las características que les atribuyen ellas –hay que decir que de manera todavía más clara– a los chicos son: fuertes, duros y brutos. En definitiva, que consideran que hombres y mujeres somos iguales, pero... diferentes. Bajo el discurso de la elección, se está instaurando de nuevo la teoría de la naturaleza diferente y complementaria de los sexos –de plena vigencia en siglos anteriores y que los movimientos feministas habían conseguido desprestigiar–, introduciéndose de nuevo la creencia de que las niñas eligen el rosa pastel y los niños los juguetes de acción porque es lo que realmente les gusta. El informe constata una interesante paradoja: jóvenes que han crecido con la igualdad formal conseguida tienen una enorme confusión sobre la igualdad real entre hombres y mujeres, reincidiendo en viejas teorías biologicistas sobre la diferencia sexual.

Precisamente, y como ya se ha comentado, una de las explicaciones que se apunta en este estudio a la perpetuación de las desigualdades de género entre adolescentes es la plena vigencia que tiene el discurso del amor romántico y sus mitos entre la juventud. Esta concepción errónea y desigualitaria de la relación amorosa se puede llegar a traducir en el control de la otra persona. Prácticamente la mayoría de adolescentes reconoció durante la entrevista que conocían algún caso en el que el chico controlaba la manera de vestir o con quién se relacionaba su pareja. Esto constituye frecuentemente el primer eslabón de la cadena del maltrato, el problema es que chicos y chicas no lo identifican como tal, sino que lo consideran como una muestra de amor.

Los celos, una prueba de amor

El estudio realizado por Miriam Blanco nos muestra la siguiente radiografía: 7 de cada 10 chicos y chicas encuestados, de entre 13 y 16 años, creen que los celos son una prueba de amor y 4 de cada 10 chicas habían recibido alguna bronca por hablar a través de las redes sociales con un amigo o conocido que no le cayera bien a su pareja; 6 de cada 10 alumnas opinan que la frase: "El amor lo puede todo" es verdad y un 55% de los chavales también lo cree. Sin embargo, la veracidad del refrán: "Quién bien te quiere te hará llorar", relacionado con el mito de la compatibilidad entre sufrimiento–violencia y amor, tiene más validez entre los chicos (41%) que entre las chicas (35%). El 82% de las adolescentes de 1ºESO y el 86% de los chicos de 2º de bachillerato que han participado en el estudio, no creen en una relación sin una fuerte pasión que dure más allá del enamoramiento de los primeros meses. Es ciertamente preocupante comprobar que más de la mitad de los alumnos encuestados justifican las relaciones violentas, como dar un puñetazo, después de haber vivido una situación tensa, de gran nerviosismo.

el lema: tú me controlas,

Yo te controlo

A través del uso de las redes sociales podemos comprobar cómo esta creencia en el discurso del amor romántico justifica y está relacionada con ciertos mecanismos de control de la pareja. El hecho de estar ‘conectado’ las 24 horas del día a un universo virtual –pero que es reflejo de la realidad– hace que se trasladen a la Red los mismos conflictos que puedan ocurrir fuera de ella, en la vida real. Controlar por ejemplo: con quién salen el sábado, qué ropa llevaban, a quién han conocido y a qué hora todavía estaban despiertos, es tan fácil como meterse en su página de Tuenti o echar un vistazo a la última conexión de Whatsapp.

Del análisis de este estudio se desprende que las discusiones por culpa de las publicaciones ‘online’ y el control a través de las redes sociales y Whatsapp están a la orden del día. La máxima es: "Tú me controlas, yo te controlo". Como puede verse, esta influencia va más allá del contenido audiovisual o de cualquier otro tipo que puedan compartir los adolescentes en sus ‘muros’. A través de las redes sociales se incrementan las posibilidades de establecer mecanismos de control hacia la pareja, sufrir ciberacoso, ‘sexting’ –envío de contenidos de tipo sexual a través de la red– o ‘grooming’ –cuando un adulto, por medio de engaños, intenta entablar relación con un menor­–.

Efectiva y lamentablemente, el estudio de Mirian Blanco llega a la conclusión que las tecnologías sociales contribuyen a la perpetuación del sistema sexo–género y actúan como vehículo de los estereotipos generados por la industria cultural.

¿Qué podemos hacer?

Ante esta panorámica, ¿qué se puede hacer? Desde luego, hay que trabajar desde una doble dimensión: familiar y escolar. La formación e información para las familias es clave. Los padres debemos educar a nuestros hijos en la responsabilidad y en la repercusión negativa de determinados actos. Y, en este sentido, el castigo combinado con el refuerzo positivo es imprescindible para que los adolescentes adquieran unos valores morales claros. A nivel escolar, es fundamental implementar los programas preventivos a nivel tutorial, vinculados con otros de educación emocional y afectivo sexual. Desde luego, la formación del profesorado en todas estas cuestiones es esencial. Lo que está claro es que, en estos momentos, estamos muy lejos de que la formación inicial y permanente del profesorado vaya en esta dirección, ya que se sigue insistiendo demasiado en la formación curricular, mientras se descuidan totalmente todos estos aspectos. Además, se deberían analizar otras cuestiones, no menos importantes, como por ejemplo, la supresión de la hora de tutoría en Bachillerato en determinadas Comunidades Autónomas, como Aragón.

Cabe esperar que las reformas educativas futuras vayan en esta línea y que se abandonen, de una vez por todas, los cambios en la organización del sistema que poco o nada coadyuvan a prevenir estas problemáticas.

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