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Aragón

Llamazares: "Todos somos Ulises tratando de volver a Ítaca"

El escritor de ‘La lluvia amarilla’ publica nueva novela sobre un pueblo inundado por su pantano

Con cuatro décadas de solitaria andadura literaria, Julio Llamazares (Vegamián, León 1955) vuelve a la arena editorial con ‘Distintas formas de mirar el agua’ (Alfaguara). Es una novela coral, un caleidoscopio en el que un puñado de personajes regresan al pantano que sumergió su pueblo para depositar las cenizas del abuelo de la familia. "Son 16 odiseas, vanos intentos de volver a una Ítaca que no existe, que les robaron", explica el autor, para quien "todos somos Ulises tratando de regresar a casa".

Abrocha otro eslabón en la sólida cadena literaria que Llamazares construye con poemas, cuentos, novelas y libros de viajes. Una carrera al margen de los premios, las componendas y el mercadeo editorial. "En el mundo cultural hay tanta corrupción, o más, que en el político", denuncia el autor de ‘Luna de lobos’, ‘La lluvia amarilla’ o ‘Las lágrimas de san Lorenzo’. Con apenas un par de premios en su haber, siempre por libros publicados y ninguno de los comerciales dice que su premio "es la fidelidad del lector y haber cumplido 60 años escribiendo lo que quiero".

El circo editorial y las honras académicas producen urticaria a este escritor indómito que cree, con Julio Camba, que "todas las pompas son fúnebres".

"Los dos grandes personajes de la literatura universal son Ulises, el de Homero y el de Joyce, y el extranjero de Camus y nos definen a todos" asegura. "Lo sepamos o no, todos somos extranjeros en nuestra realidad, incluso lo son quienes más patriotas se sienten; el patriotismo es una patología, mientras que la sensación de extranjería, lo más próximo a la condición humana" sostiene.

También como escritor se siente "un extranjero que vive en un país áspero y adusto, de trato muy desagradable en lo político y en la vida cotidiana". "Goya, Cervantes, Baroja, Valle-Inclán o Buñuel acertaron a retratar ese poso de agresividad y violencia que anida en cada uno de nosotros", apunta.

Hijo de un maestro rural, como sus personajes nació Llamazares en un pueblo anegado para siempre por el embalse de Porma. "Me convirtió en ciudadano de ninguna parte, y siempre me preguntan por eso, y esta novela es la respuesta", dice. "La literatura es el flujo de mi conciencia. Elimino toxinas emocionales al escribir lo que me pide el alma, que siempre tiene que ver con mi manera de entender el mundo". El destierro forzoso, el paso del tiempo y la memoria y los sentimientos de vinculación a la tierra son los mimbres de una novela "sobre los damnificados de los pantanos, expulsados sin miramientos de sus pueblos". "Son los sefardíes del siglo XX", dice Llamazares. "Algunos, como los judíos de Toledo, guardan la llave de su casa sumergida a la que no volverán jamás, a esta Ítaca que le ha hurtado y la que todos estamos vinculados". "Todos somos como Ulises y queremos volver a casa, al lugar en el que nacimos. Pero a veces es imposible, como para el abuelo que solo puede volver como ceniza tras su muerte".

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