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El Museo Pilarista reabre sus puertas más ordenado, moderno y diáfano

Solo se exponen las piezas más importantes, podrá visitarse de lunes a sábado y la entrada costará dos euros.

Ignacio Ruiz, director del patrimonio catedralicio, explica al arzobispo Vicente Jiménez las piezas más antiguas del museo
El Museo Pilarista reabre sus puertas más ordenado, moderno y diáfano
José Miguel Marco

El Museo Pilarista ha cambiado. No de espíritu –sigue siendo la dependencia donde se exhiben coronas, alhajas y obras de arte que los fieles entregan a la Virgen–, pero sí de piel. Tras casi dos años cerrado al público, ayer reabrió sus puertas renovado por completo. No se ha ganado más espacio pero la visita ha mejorado sustancialmente porque se han eliminado piezas complementarias para exhibir solo lo sustancial. De paso, se han renovado las medidas de seguridad y conservación (humedad, temperatura...).

"Hemos recuperado lo que fue en origen el museo, el joyero de la Virgen –señala Ignacio Ruiz, director-conservador del patrimonio artístico de las catedrales zaragozanas–. Por eso se ha apostado por las piezas históricamente importantes, al tiempo que se han retirado algunos objetos desubicados que se habían ido incorporando".

El resultado es brillante, como pudo comprobarse ayer, cuando el arzobispo de Zaragoza, Vicente Jiménez, presidió la ceremonia de reapertura del museo. Las paredes se han pintado en dos colores: rojo rubí y gris marengo, y las vitrinas, antes atiborradas, dejan ahora espacio para que el visitante contemple las piezas con detalle.

"Esta sala es la síntesis de todo el cariño que la gente de buena voluntad le sigue profesando a la Virgen del Pilar", subrayó ayer el arzobispo.

El museo se articula en torno a siete vitrinas y cinco mesas luminosas. El recorrido se inicia con una triple vitrina en la que se muestran las piezas más antiguas, desde el olifante de Gastón de Bearn a una carta de Santa Teresa de Jesús, pasando por un ‘lignum crucis’ o fragmento de la cruz de Cristo. En la pared opuesta, otras tres vitrinas exhiben las principales donaciones desde el siglo XIX a nuestros días, e incluyen numerosas curiosidades: el arco del violín de Sarasate, con piedras preciosas en su empuñadura; un rotulador de Juan Carlos I con su firma inscrita en la capucha; un toro de plata que regaló Cúchares; la diadema de la condesa de Bureta, con 336 diamantes rosa; los pendientes de Eva Duarte de Perón; o el solideo que Juan Pablo II dejó a los pies de la Virgen durante su visita a Zaragoza en 1982.

En la pared frontal, la pieza más destacada, y que no siempre se ha expuesto, por razones de seguridad: la gran corona con 10.000 piedras preciosas, entre brillantes, perlas, esmeraldas, rubíes, zafiros, amatistas, topacios, granates y medias perlas. Fue sufragada por suscripción popular en toda España, y costó 600.000 pesetas de 1905. Se muestran también cuatro mantos de la colección del Pilar, la maqueta de la Santa Capilla, que ha sido restaurada, y, en las mesas luminosas, distintas joyas relacionadas con la Virgen.Limpieza y estudio

Todas las piezas han sido limpiadas con mimo para esta nueva etapa del museo y, sobre todo, han sido estudiadas. El primer inventario de las joyas de la Virgen se mandó realizar a finales del siglo XIX. Ahora se ha realizado uno nuevo y cada pieza ha sido estudiada por archiveros del Pilar y la Seo, Ester Casorrán y Jorge Andrés, respectivamente. Y eso ha ofrecido datos jugosos. "Una paloma relicario cuya donación había sido atribuida a Amadeo de Saboya aparece en los inventarios 300 años antes de que este fuera coronado rey", señala Ignacio Ruiz. Además, la gemóloga Carolina Naya, de la Facultad de Geológicas de la Universidad de Zaragoza, ha estudiado las piedras preciosas.

El museo, así, vuelve a encontrarse con zaragozanos y visitantes totalmente renovado. Abre de lunes a viernes de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 (los sábados, solo en horario matinal) y la entrada cuesta dos euros.

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