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El pintor José Orús y la meditación de las formas simples

El vínculo entre el pintor de ‘Mundos paralelos’ y el poeta y traductor Ángel Crespo.

José Orús (Zaragoza, 1931-2015), ante uno de sus lienzos.
El pintor José Orús y la meditación de las formas simples
Heraldo

La noticia de la muerte de José Orús, que he leído en la prensa de los días 2 ( ‘El País’) y 3 ( ‘La Vanguardia’) de este mes de enero me ha llenado de tristeza y de nostalgia por su desaparición y por la de los muchos años en que, con Ángel Crespo, he seguido la evolución de su pintura desde que lo conocí en Madrid -en su exposición de 1966 en la Sala de Arte del Ateneo- cuando, después de sus años de París y en pleno momento de expansión internacional de su obra, se afirmaba aquí su prestigio como uno de los valores más importantes de la pintura española.

Las noticias sobre su carrera y su obra que tanto Concha Montserrat (‘El País’) como Mario Sasot (La Vanguardia) ofrecen en sus necrológicas hacen justicia a la importancia de su obra y reseñan muy acertadamente tanto su maestría en el trabajo de la materia y su aportación singular al informalismo como la condición visionaria de una imaginación que le llevó a denominar ‘Mundos paralelos’ a una de sus etapas más características.

La amistad que tanto a mi marido como a mí nos unió con él –y la admiración con que Ángel se ocupó siempre de su obra- me hacen querer referirme a mí a una de las características de su personalidad que ha unido a Orús a los afanes de los poetas de su tiempo como Miguel Labordeta, Manuel Pinillos, Julio Antonio Gómez, Ignacio Ciordia ‘El Búho’…, a quienes frecuentó en su juventud y con quienes formó parte de las tertulias del Café Niké de Zaragoza durante los años 60 y 70, a Juan Eduardo Cirlot en las épocas de estancia de éste en Zaragoza y, en sus años más maduros, en Madrid, a Ángel Crespo. Ángel se sentiría profundamente identificado con sus búsquedas visionarias de los mundos "otros" mientras que, por su parte él, en su propia obra poética encontraba un paralelismo con el trabajo que el pintor realizaba y, en ‘Orús. Antológica 1950-1992’ -La Lonja. Ayuntamiento de Zaragoza, 1993-, subrayaría tanto la calidad alquímica de su trabajo con una materia en la que hace surgir lo negro del color para más tarde transformar el negro en oro, como la espiritualidad de su meditación sobre las formas simples que le llevan a sus magistrales creaciones.

Ángel Crespo dijo:"hay una especie de artistas que evolucionan fatalmente y en ocasiones de manera tan feliz como José Orús, hacia la meditación de las formas simples, lo que supone un ejercicio en mayor medida mágico que simplemente plástico en torno a las múltiples, casi infinitas, posibilidades de representación de cada uno de estos módulos tan generales como ideales, generadores de toda realidad física e intelectual. No se trata, en estos casos excepcionales, de una mera repetición, ni en realidad de una reiteración, de las mencionadas formas sino, antes bien, de una serie de tentativas diversas, pero coincidentes en su propósito de desvelar la esencia poética de cada una de ellas. Se produce, así, un asedio a lo ideal desde las realidades concretas, y justificables por si mismas, de los materiales, las calidades, las texturas y el color (…) sean cuales quieran sus resultados y mucho más cuando estos llegan a producir en el contemplador , debido a su decisiva carga simbólica, la emoción estético-existencial de quien asiste a una teofanía".

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