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'Interstellar', un paseo astrofísicamente correcto

Una película que hace pensar sobre las fronteras reales de la ciencia y especular sobre los futuros posibles.

Cartel promocional
'Interstellar', un paseo astrofísicamente correcto
Warner Bros/Syncopy/Paramount Pictures/Legendary Pictures

Sin duda, el fenómeno cinematográfico de 2014 ha sido ‘Interstellar’, con una recaudación superior a los 550 millones de euros en todo el mundo. La ciencia ficción ha vuelto a ser la protagonista de la gran pantalla, un género que, mejor o peor tratado, siempre nos acerca a la especulación sobre un posible futuro, ya sea en función del avance tecnológico o de otros factores sociales que pueden desembocar en distopía. En cualquier caso, siempre supone un ejercicio de reflexión, tanto para los científicos, que hallan fallos y aciertos en sus planteamientos, como para un público inexperto pero asombrado, que se pregunta acerca de las fronteras reales de la ciencia. Desde esta perspectiva, ‘Interstellar’ es la obra maestra por excelencia; su contenido científico no deja indiferente ni al más profano.

Sobre un escenario en el que un desastre ecológico e irreversible asuela la Tierra, el piloto retirado de la Nasa Joseph Cooper (Matthew McConaughey) acepta la misión de salvar la especie, iniciando una búsqueda de planetas habitables para establecer colonias humanas y dar pie a un nuevo comienzo. Así, la nave espacial Endurance, diseñada en forma de anillo rotatorio para simular la gravedad que mantiene a la tripulación pegada al suelo, se dirige hacia una anomalía gravitatoria que se ha materializado en los alrededores de Saturno. Un silencio majestuoso, a la vez que aterrador, envuelve el vehículo, ya que en el espacio exterior no se transmite el sonido. Esta realidad, que pocas veces se respeta en el cine, ya fue plasmada en ‘2001 Space Odyssey’ y, más recientemente, en ‘Gravity’.

El largometraje –de más de tres horas de duración– cuenta también con cuidadosos detalles como el tirón gravitatorio que aprovecha la nave para llegar hasta esa irregularidad gravitatoria: un agujero de gusano. Se dirige, en primer lugar, hacia Marte, cuya masa deforma el espacio cercano actuando como una especie de trampolín que impulsa a los viajeros hacia su verdadero objetivo, el único planeta con un sistema de anillos visible desde la Tierra, Saturno, logrando reducir el tiempo de viaje a 18 meses. Este fenómeno es conocido como asistencia gravitatoria, y está basado en las ecuaciones de Einstein que describen cómo se deforma el tejido espacio-temporal en presencia de masa.

Agujeros de gusano

Respecto al agujero de gusano –o puente de Bose-Einstein–, debe señalarse que se trata de un concepto físico cuya existencia, hasta el momento, solo ha sido demostrada teóricamente. Las ecuaciones describen, sobre el papel, que el espacio-tiempo se curva para unir dos puntos independientes del Universo. De esta forma, sería posible viajar de un lado a otro sin las restricciones de distancias a las que nos somete la velocidad de la luz, es decir, mediante un atajo.

La posibilidad de atravesar estos pasadizos fue postulada en 1988 por el científico relativista Kip Thorne, quien precisamente ha colaborado activamente en la película como asesor científico y como productor ejecutivo. Para los más curiosos, este teórico lanzó, dos días después del estreno en Estados Unidos, el libro ‘The Science of Interstellar’, sobre los sesudos cálculos llevados a cabo y revelando también cuáles son sus partes más especulativas.

Por ejemplo, al atravesar el agujero de gusano, momento en el que el director Christopher Nolan se permite recrear artísticamente cómo sería para la Endurance cruzar este pasaje antes de dar paso al efecto visual estrella de la película: un nuevo sistema planetario gobernado por un agujero negro supermasivo. Los anillos de luz que envuelven este gigante, Gargantúa, son la radiación que emite la materia al caer, en espiral, por el llamado disco de acreción, hacia el interior del agujero negro en rotación –agujero negro de Kerr–. Un espectáculo tan afinadamente representado que hasta puede apreciarse una diferencia de brillo en un lado del objeto, fruto del sentido de giro del disco, pues, por propiedades relativistas, los fotones que se acercan a nuestro punto de observación se ven más brillantes que los que se alejan.

Y en sus cercanías, debido a las intensas perturbaciones –de nuevo gravitatorias– que produce un cuerpo tan masivo, el tiempo se ralentiza. Este es el fenómeno mejor plasmado en ‘Interstellar’, la dilatación temporal, propuesta por Einstein en su teoría de la relatividad y que sobrecoge al espectador. Miller, uno de los tres planetas potencialmente habitables que orbitan alrededor de Gargantúa, está cubierto de tsunamis por las fuerzas de marea y su gravedad es un 130% mayor que la terrestre, lo que dificulta las andanzas de los exploradores. Otra de sus peculiaridades es tan especial como inoportuna: una hora en su superficie equivale a siete años en el Planeta Azul. La frustración de los protagonistas está, efectivamente, justificada por las leyes de la física. A su regreso, ¿qué edades tendrán las personas que Cooper dejó atrás en la Tierra?

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