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"Fui a juicio para que reconocieran mi minusvalía"

Teresa y Ana tienen una incapacidad permanente menor que otros con su misma enfermedad. 

Ana Rubio: “Tuve que ir a juicio para que reconocieran mi minusvalía”
"Fui a juicio para que reconocieran mi minusvalía"
Salvador Sanz

Teresa, de 51 años, padecía desde 2001 una patología que le provocaba quistes de líquido en el riñón y en el hígado. “Intenté estar trabajando hasta el último día, sin embargo, en 2009 la situación ya era completamente insostenible, tenía una insuficiencia renal crónica que entre otras cosas me provocaba anemia y además, el hígado me había crecido tanto que me oprimía el resto de los órganos”, explica Teresa. Por ello, decidió acudir al médico para solicitar la baja y al año ya comenzaron los trámites de la invalidez. “Según los informes consideraron que me correspondía una incapacidad absoluta”, detalla.

Durante los siguientes tres años tuvo que ser trasplantada de ambos órganos ya que era imposible continuar con esos problemas. “Me llegaba a faltar hasta la respiración”, ejemplifica. Sin embargo, un año después, llegó la gran noticia.

“La Seguridad Social consideró que como tenía órganos nuevos ya podía trabajar”, sostiene. Sin embargo, los informes médicos decían todo lo contrario. “No puedo estar mucho tiempo de pie, ni en sitios con tóxicos, ni en lugares que haya mucha gente... porque aunque esté mejor que hace 10 años, no volveré a tener una vida normal”, se lamenta.

De este modo tuvo que acudir a un abogado para reclamar la baja ya que no podía trabajar. Después de un año, la Seguridad Social ha vuelto a concederle la incapacidad, pero en esta ocasión temporal. “Sé que hay gente que con un solo trasplante tiene la absoluta, pero por lo menos tengo algo, ya que es imposible que pueda volver a trabajar”, asegura. Para ella, poder realizar un trabajo sería todo un sueño. “Ojala no hubiera tenido la enfermedad, pero esto es algo que no se elige”, sostiene.

En una situación parecida se encuentra Ana Rubio, quien consiguió una incapacidad total después de ir a los juzgados. Esta zaragozana de 46 años lleva más de 10 años luchando contra el lupus, una enfermedad auto-inmune que puede afectar a cualquier órgano del cuerpo. “En mi caso, el órgano más perjudicado ha sido el riñón, lo que me provoca que no pueda hacer determinados movimientos, además, en general, esta enfermedad te agota físicamente”, relata Ana.

Para ella la lucha comenzó cuando después de 18 meses de baja le denegaron cualquier tipo de incapacidad permanente. “Cuando me llegó la carta, me exponían que tenía que reincorporarme a mi puesto de trabajo, sin embargo, mis médicos me dijeron que era imposible, por lo que me tuvieron que dar otra baja diferente a la de mi enfermedad”, expone.

“Mi mayor problema es que la gente cuando te ve no nota que estás enfermo pero los informes médicos sí que reflejan que interiormente estoy muy mal, de hecho, cada mañana ir de la cama a la cocina es todo un suplicio”, explica. Otro de los problemas de su patología es que necesita tomar mucha medicación. “Todos los días desayuno 6 pastillas y durante el resto del día tomo entre 6 o 9 más”, ejemplifica. Con estos niveles de medicación era imposible que estuviera lo suficientemente atenta en el trabajo.

Al final, después de tener que ir a los juzgados, consiguió que se le reconociera su incapacidad, no sin antes ponerle todo tipo de trabas. “Una vez en el juicio, con los informes médicos delante, la única razón que me dieron para no reconocerme la incapacidad fue que durante mi baja la empresa para la que trabajaba había cambiado de nombre, algo que no tiene que ver con la enfermedad”, afirma.

Aunque finalmente se encuentra contenta por el resultado de su lucha, también está segura de que en otra época no hubiera tenido tantos problemas. “Muchos con mi misma enfermedad, que fueron atendidos en mejores tiempos, tienen una absoluta, sin embargo, a mi en 2010 me concedieron una total después de ir a juicio”, expone Ana.

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