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Porcino

Una granja inteligente para cerdas madre, en Teruel

Una explotación de cerdos de Torrijo del Campo (Jiloca) se ha convertido en referente para la aplicación de las nuevas tecnologías a la gestión del ganado. Además, fue la primera granja aragonesa en llevar a la práctica en este sector los requisitos de la ley de bienestar animal.

Granja porcina
Una granja inteligente para cerdas madre

Un pequeño grupo de cerdas reproductoras espera su turno, religiosamente, en la puerta del estrecho pasillo que, de una en una, las conduce a la comida. Llegan al pesebre individualmente, comen durante quince o veinte minutos y continúan su recorrido por el pasillo pero, en lugar de volver a la pocilga, un ramal desvía a algunas de ellas al corredor central de la granja. De allí son conducidas a un departamento en el que serán sometidas a una ecografía para comprobar si están preñadas. Todo el manejo corre a cargo de una máquina dirigida a su vez por un sistema informático. Es la cibergranja de Torrijo del Campo.

El trabajo de mano de obra es, gracias a las aplicaciones tecnológicas, mínimo. Dos operarios –uno de ellos el propietario, Emilio Aranda– gestionan esta explotación de 300 madres con sus correspondientes naves para el engorde de los lechones. Es, además de un ejemplo de tecnificación, la primera explotación porcina de Aragón que se adaptó a la normativa de bienestar animal, un reglamento que, según reconoce Aranda, tropezó con la oposición del sector, pero que ha terminado por aplicarse a rajatabla.

El granjero afirma que, desde que empezó a trabajar en su proyecto, tuvo claro que una norma que llega de Europa "se termina aplicando sí o sí". En lugar de esperar al último momento para cumplir la nueva legislación –el 1 de enero de 2013–, en 2007 construyó su granja de acuerdo a una legislación de bienestar animal que era imparable. Aclara que, en contra de los agoreros que pronosticaban toda clase de desgracias para el ganado criado según las nuevas normas, el resultado ha sido muy positivo. Explica que las cerdas "están más relajadas, más sanas, hay menos riñas y paren mejor" que con los anteriores sistemas, que pecaban de hacinamiento. En su opinión, ha sido un "avance".

Emilio Aranda, socio de la Cooperativa Esperanza del Jiloca (CEJI) y adscrito a la Denominación de Origen Jamón de Teruel, recuerda las resistencias de muchos de sus colegas a aplicar la legislación de bienestar animal.  "Algunos granjeros decían que habría más peleas entre las cerdas, que se matarían entre ellas. La realidad es todo lo contrario de aquellos pronósticos", explica.

Sin embargo, el aspecto más novedoso de su granja es la aplicación en las labores de gestión diarias de las nuevas tecnologías, un factor que encareció la inversión inicial hasta el millón de euros, incluidas las dependencias para madres, de maternidad y de cebo. Pero no se arrepiente en absoluto de su apuesta y el ganado lo agradece también. "Por las noches, cuando las máquinas están paradas, no se oye ni un ruido, nadie diría que la granja está llena de animales", relata.

El orden ni siquiera se rompe en la granja cuando, de 16.00 a 10.00, las cuatro máquinas para el manejo de las cerdas se ponen en funcionamiento para alimentar el ganado. Empieza entonces un desfile de madres en busca de comida siguiendo un riguroso turno fijado de acuerdo a la "jerarquía" que los propios animales han establecido.

El sistema aprovecha el paso individualizado de todos los ejemplares de la nave por el pesebre para, mediante el chip que llevan incorporado en la oreja, evaluar su situación alimentaria, sanitaria y reproductiva. En función del estado de cada animal, lo devuelve a la pocilga con el resto del rebaño si no hay ninguna novedad o lo deriva, mediante un sistema de pasillos, a un corredor central para la operación que sea precisa en cada momento: vacunación, ecografía, inseminación, alumbramiento, etcétera.

El "sistema dinámico de gestión", como lo define Emilio Aranda, se aplica en todas las fases de la producción, incluida la reproductiva. El macho reproductor ocupa una pocilga aislada del resto de la nave y las cerdas solo pueden ver al cerdo a través de una pequeña apertura en la pared de su cubículo. Un lector detecta la presencia de las madres en el ventanuco y, si el número de visitas supera determinado umbral, es señal de que la hembra se encuentra en celo. Es el momento de proceder a la inseminación, que será 100% artificial.

El ganadero explica que, una vez han quedado saciadas en el pasillo de alimentación, las cerdas se distribuyen por los distintos cubículos –abiertos y de acceso libre para los animales– en los que se distribuye la nave. Señala que la distribución del ganado no tiene nada de aleatoria sino que se organiza por "clanes" y, dentro de ellos, por su jerarquía interna. Suele haber una cerda líder que ocupa un espacio central en el grupo y que siempre es el mismo. La gestión informatizada de la alimentación –una dosis específica para cada animal– también permite ahorrar costes porque, con los pesebres tradicionales, los cerdos comen a demanda y de forma desigual.

Para llevar a cabo su proyecto, Emilio tuvo que salir fuera de España en busca de inspiración. Cuenta que en 2003 se desplazó a Dinamarca para ver en primera persona cómo funcionaba la producción porcina más avanzada del momento. Y salió convencido de que aquel sistema era el que quería aplicar en su granja de Torrijo. "Nada más entrar en la explotación que visité me di cuenta de que el futuro del porcino iba por ahí y decidí aplicar el mismo procedimiento en mi explotación", relata.

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