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Aragón
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No es mi día de suerte

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Estás en las nubes, te despistas un segundo… y para cuando te das cuenta, te encuentras ante el patíbulo.

Odio las ejecuciones. Preferiría incluso ese apestoso monasterio donde vivía antes el rey Ramiro.

Miro con calma a los condenados. Allá va la cabeza de Bertrán, el de Bolea. Mejor, nunca me cayó bien, gasta demasiada agua en sus tierras. Que se vaya a coger cerezas a otra parte. Y mira, pero si es el viejo Íñigo López. Nunca nos trató bien, y eso que le vinimos como agua de mayo para ayudar en los campos. No le echaré de menos.

Llega Fortún Galíndez, señor de Huesca y jefe de la conspiración. Apesadumbrado, lanza una última mirada a Ramiro antes de posar la cabeza en el tocón de madera. Detesto mezclarme con la sangre, tardo siglos en limpiarme. ¿Qué les podía costar decapitar a la gente en un interior? ¿Acaso tenemos culpa las gotas de agua de que unos tipos hayan asaltado una caravana en Fraga para propiciar una guerra? Hay gente con muy poca consideración.

Acabo de oír a un juglar cantando algo de una campana en Huesca. Desde luego, mirad que sois tontos los humanos. Os tragáis historias tan absurdas, y luego no os creéis que las gotas de agua hablemos. Ver para creer.

Alejandro Compaired Sánchez

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