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Aragón
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Rey Bucardo

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Todo empezó un día hace mucho, viendo la televisión. Creía recordar un reportaje de mendigos en el telediario. Un minuto después hablaban de modelos que desfilaban en todas las capitales europeas. Al final, regresaron al fútbol, que todo lo puede, que todo lo olvida.

Pero aquellos mendigos esa vez no se alejaron de su cabeza, siguieron anidando allí, tal vez porque desde hacía un tiempo, los veía en la calle, cerca de su casa. Habían dado el salto inverso, es decir, en vez de dar el salto a la pantalla, habían saltado de la pantalla a la vida real. Llegó un día inesperado, saliendo de comprar, en que sucedió algo asombroso, imposible: conocía a dos de esos mendigos. No tuvo dudas, porque había estudiado con ellos. Pasó por delante de sus vasos de plástico sin mirarles a la cara. Cuando llegó a casa, se sintió mareado, con ganas de vomitar.

Al día siguiente, atravesando el puente de piedra, se dio de bruces con unos reporteros que entrevistaban en directo al presidente de las Cortes con el Pilar de fondo. Sin pensarlo un momento, y sin que nadie pareciera verlo, se acercó hasta él y le cruzó la cara con un bofetón de su mano abierta. Hubo una ovación. Los espectadores aplaudieron.

Ernesto Sierra Sanz

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