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Aragón
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Germinal

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A Germinal nunca nadie le habló de su madre. De su padre tan solo le quedó una primera edición del libro de cuyo protagonista tomaron su nombre y una breve filmación de un minuto escaso de duración de gente saliendo de misa del Pilar.

Aquellas imágenes en blanco y negro le atraían; le fascinaba mirar la cotidianeidad del hecho rescatado de su efímero acontecer; le gustaba mirar los cientos de rostros anónimos desfilar ante la cámara y fabular sobre sus vidas, salvarlos de la muerte, jugar a ser dios.

En una nueva revisión, con casi cien años a sus espaldas, descubrió entre la multitud a una joven embarazada con una angustia infinita en su mirada -la misma que sintió Germinal en ese preciso instante en el centro de su pecho-, buscaba a alguien perdido. Su desesperación cesó al fijar sus ojos en el objetivo, parecía haber encontrado el motivo de su búsqueda más allá de la cámara y del tiempo. Un hombre mayor de gesto adusto la empujó fuera de plano, pero antes de desaparecer, a Germinal le pareció ver que ella se tocaba con dulzura su vientre abultado y una sensación de calma lo invadió por completo invitándolo a dormir, como si una madre lo acariciara tiernamente con sus manos.

Juan Villalba

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