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Acción social

"Cualquier persona puede acabar viviendo en la calle"

José Luis Bernal le pone rostro al nuevo perfil de la solidaridad aragonesa: hombre, de entre 30 y 50 años y en situación de desempleo.

Bernal, en la plaza de los Sitios de Zaragoza
"Cualquier persona puede acabar viviendo en la calle"
J. L. G.

Hombre de entre 30 y 50 años, desempleado y con sensibilidad social. Este es el nuevo perfil de voluntario que ha surgido a raíz de la crisis, que ha multiplicado el número de personas interesadas en ayudar a los demás a través de oenegés y asociaciones de todo tipo. Han crecido todas las cifras relativas al voluntariado, pero especialmente las de un sector de la población aragonesa que hasta ahora no había encontrado las circunstancias propicias para dedicar su tiempo a los demás de manera altruista.

Siempre había estado interesado en el voluntariado, pero nunca encontraba el momento ideal para empezar. Tenía el anuncio de Cruz Roja puesto en el corcho desde hacía tiempo, y en la época en la que empezaron a ir mal las cosas en el trabajo y me quedé en el paro decidí unirme a uno de los programas de esta institución”, comienza José Luis Bernal, voluntario de Cruz Roja. Sus 38 años, su situación de desempleo y su sensibilidad social le ponen rostro al nuevo perfil de la solidaridad aragonesa.

También tiene un título universitario, otra característica bastante común entre los nuevos voluntarios. “Estudié relaciones laborales y trabajaba en una gestoría. Ahora realizo actividades administrativas para Cruz Roja, como el control de horas de las personas que colaboran en los proyectos de la entidad”, explica Bernal, quien también participa en el proyecto de la Unidad Móvil de Emergencia Social (UMES), un servicio destinado a atender las necesidades básicas de la población sin techo y las personas en riesgo de exclusión.

Bernal, que comenzó su aventura solidaria hace ya más de un año y medio, ha asistido en primera persona al exponencial crecimiento de solicitudes que han experimentado la mayoría de organizaciones no gubernamentales. “Sobre todo, se trata de gente parada que antes no podía compaginar este tipo de actividades con el trabajo y que ahora tiene más disponibilidad”, subraya Bernal. “Pero la gente que acaba en proyectos de voluntariado es porque antes ya tenía esa sensibilidad. Si no, existen otras mil formas de matar el tiempo”, puntualiza.

Lecciones de vida

Bernal ha aprendido mucho gracias al voluntariado. Pero una de las lecciones más importantes es que algún día podría ser él, un amigo o un familiar el que necesitase la ayuda de los demás. “He atendido a antiguos empresarios, a personas que hace tres años estaban pagando el primer plazo de su piso y a gente con estudios universitarios. He aprendido que cualquier persona puede acabar en la calle”.

Pero el trabajo de los voluntarios no es nada fácil. “Hay que realizar cursos de formación y, sobre todo, ser consciente de que formas parte de un equipo y representas a una institución”. Y eso, por no hablar de las situaciones a las que se enfrenta cualquier voluntario de acción social. “Si tienes empatía vas a sufrir con los problemas de los demás, pero es una experiencia que enriquece tanto a los usuarios como voluntarios”.

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