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Casi 12.000 niños padecen déficit de atención e hiperactividad

Muchas familias se muestran descontentas con la atención que sus hijos reciben por parte de los colegios y de la Seguridad Social.

El número de niños aragoneses con TDAH se corresponde con la media nacional.
Casi 12.000 niños padecen déficit de atención e hiperactividad
EFE

Están sin estar. No paran quietos ni un minuto y se mueven por impulsos, sin mantener la concentración un solo instante en una actividad concreta. Así son los niños con Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA o TDA-H). Se trata de un desorden del neurodesarrollo, con una base genética y de naturaleza crónica. Sus manifestaciones en la conducta del paciente tienen un gran impacto en el desarrollo del individuo, en su rendimiento escolar, en la vida familiar y en la adquisición de las habilidades sociales necesarias para adaptarse y desenvolverse en la sociedad.

En Aragón, casi 12.000 menores de entre 6 y 17 años padecen este ‘desbarajuste neuronal’, según datos facilitados por el departamento de Salud. Atendiendo al número total de niños de esta franja de edad en la Comunidad (215.621), la cantidad de casos en la Comunidad se ajustaría al porcentaje considerado “normal” por las asociaciones que agrupan a los afectados (en torno al 3-5% en la población general y al 10-15% en la población clínica).

Bárbara Sánchez es médico, fundadora y presidenta de la Asociación Aragonesa del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (AATEDA). Desde su organización (no lucrativa) realiza diagnósticos previos y asiste tanto a nivel de aprendizaje -haciendo entrenamientos de la focalización de la atención y dando apoyo escolar con repasos individualizados y técnicas de estudio- como en el plano médico y farmacológico. En la actualidad, AATEDA atiende en sus centros de Huesca y Zaragoza a 600 familias, algunas de ellas con varios niños con TDA-H. Hay padres que, incluso, se desplazan desde Francia con sus chavales para asistir a la terapia.La tres pistas

“Hay tres indicadores primarios que permiten a los padres detectar que su hijo tiene TDA-H”, explica Sánchez. “En primer lugar, una clara falta de atención, con lagunas tanto en la calidad como en el sostenimiento de la misma. En segundo lugar, que tengan una impulsividad por encima de lo normal. Por último, que muestren síntomas de ser hiperactivos. Hay niños que tienen sólo los dos primeros (TDA) y otros con los tres (TDA-H)”, añade.

Uno de los peores escenarios para los menores que sobrellevan este trastorno es el colegio. “La mayor dificultad es la impulsividad de estos chicos en el aula, es muy duro para los profesores porque tienen que lidiar con el niño y además atender al resto. Dentro de clase están en continua actividad, con muchos frentes abiertos, pero no atienden realmente ninguno”, señala Sánchez. “Uno de los rasgos más característicos es que, antes de que el profesor termine de hacer la pregunta, ellos ya han levantado la mano”.“Vas viendo cómo baja el rendimiento”

No es sencillo para ningún padre educar a su hijo. Mucho menos si el menor tiene serios problemas para concentrarse. Arancha M., madre de María, de 8 años, relata su experiencia: “Vas viendo cómo va bajando el rendimiento en el colegio, te contesta al tuntún, no hace caso ni puede estarse quieta”. Arancha denuncia que, en la Seguridad Social, no supieron detectar el problema de su pequeña: “Me dijeron que estaba perfecta, que los síntomas eran normales y que no tenía ningún problema. Casualmente la asociación de Bárbara estaba al lado de mi trabajo y me dio por probar. Ahí fue donde detectaron, hace poco más de un año, el trastorno”.

Una de las mayores preocupaciones de los progenitores radica en la medicación del menor –dentro de la comunidad médica internacional existe un amplio debate-. Sin embargo, esta madre se muestra “encantada” con los resultados: “Intentas esquivar que tu hija tome medicinas desde tan joven, pero lo cierto es que no podemos estar más contentas. Pasó de portarse mal y no hacer los deberes a mostrar un cambio abismal en sólo una semana”.“Tienes que ir buscándote la vida, no hay ayudas”

La situación es incluso más complicada en casa de Lupe Sevillano. Sus dos hijos, de 11 y 12 años, tienen déficit de atención e hiperactividad. “Es una batalla diaria, desde que amanecen hasta que se van a la cama”, relata Lupe. Al otro lado de la línea telefónica, de fondo, se escucha un tsunami de gritos y carreras por el hogar familiar. “No tardé en ver que eran muy nerviosos y que saltaban al mínimo estímulo”, narra.

Para Lupe existe un gran problema de desatención por parte de los sistemas sanitario y educativo: “No tenemos ningún tipo de ayuda ni beca. Además, las ayudas que da el Ministerio son demasiado restrictivas, es imposible que te la concedan porque tienes que cumplir con un montón de requisitos y pasar por un montón de filtros”. De media, un niño de este perfil puede suponer un gasto adicional de 160 euros al mes. “Tienes que ir buscándote la vida, no hay ayudas”, se lamenta.

Por otro lado, Lupe denuncia la exclusión que sufren los chavales con TDA-H en la escuela: “Normalmente, los marginan en el cole por su dificultad para relacionarse. Si el niño se porta mal en clase, aunque no se sepa por qué, todo son problemas. Como madre no puedes permitir que tu hijo vaya perdiendo cursos”.Guía de la DGA

Para mejorar la atención de estos alumnos, el departamento de educación del Gobierno de Aragón ha publicado recientemente una guía sobre trastornos de la conducta que pretende fijar un protocolo de actuación común a todos los centros educativos de la Comunidad aragonesa.

Así lo justificó el director general de Política Educativa y Educación Permanente, Manuel Magdaleno, durante la presentación de esta herramienta a la comunidad educativa. Magdaleno indicó que, hasta ahora, los alumnos que presentan trastornos de comportamiento, como la hiperactividad o el 'síndrome de asperge', están siendo tratados de manera "individual" por cada centro, una actuación que se pretende modificar con un protocolo conjunto recogido en esta guía.

"Lo que queremos conseguir es tener un modelo de actuación común a todos los centros", más centrado en la corrección de la conducta, y no tanto en un enfoque "clínico" que es el que ha imperado hasta ahora en las publicaciones, señaló el director general.

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