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Aragón
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Costa Dorada

El mar, aquí al lado

Apenas a dos horas de Zaragoza, la costa tarraconense constituye uno de los destinos más apreciados por los aragoneses. En el quiosco se agota el Heraldo de Aragón, se ven camisetas del Real Zaragoza. Lugar ideal para viajar con la familia o los amigos. Si quieren ir de incógnito, probablemente se han equivado en la elección.

El mar, aquí al lado
El mar, aquí al lado

Se puede uno tirar el pegote e irse a las Seychelles, en el Índico. O a las Maldivas, que también están en el quinto pino. Y no les cuento nada Nueva Zelanda. Si prefieren mojarse en la mar salada cuanto antes, una buena opción es pillar el cochecito y en un par de horas presentarse en la Costa Dorada. En el Corsa de la parienta se va en un periquete. Ojito: a estos sitios tan cercanos no se puede escapar uno con la amiga haya o no derecho a roce, porque te trincan a escape. Nada más pisar Miami Playa (la de Tarragona, no de la Florida, ¡eh!), te puedas encontrar con Isidro Moliner, camarero de categoría del Gregory's. No tiene ni un pase, Isidro. Está más toreado que la vaca Matea. Vive al lado de El Maño, sitio señero de la localidad costera. El lugar responde al enunciado: maño, maño, maño. Y no solo por el muñeco que saluda a la entrada. Allí llevan 25 años Manolo y Charo. Proselitismo aragonés sin ambages. Manolo estudió en las Paulas de Conde Aranda (entonces General Franco) con Santa Inés. Comulgó con otro casta, Vicente Sola, timonel de Barlovento. Sor Concepción, sor Nicolasa y sor Obdulia intentaron guiar sus vidas hacia la santidad. El cielo se perdió dos inquilinos que nos regalaron a los terrenales para deleite de la tauromaquia y el cariño.

Ya hablamos otro día de los marineros en tierra. Junto al mar, Manolo ofrece marisco bueno a precio mejor. Se cena de categoría, con raciones muy ricas, dice Susana, preciosa dos meses después de ser mamá. Iba a tener un niño para ponerle Raúl, para que lo bueno abundara o abundase. Ese nombrecito no sé yo? El caso es que salió niña. Alba tomará por nombre en la pila bautismal. Volvamos con El Maño, con Manolo, que si no me pierdo. Trato coloquial, reitera Susana. Incluso, campechano. Dicen que Manolo es del Barça, pero nosotros no le creemos. Zaragocismo por todos los lados, con camiseta firmada y todo por Javi Villarroya. Lugar también para la primera copa. Y para muchas más.

El auto te acerca en un momento a Cambrils. Igual que en Miami, lugar ideal para ir con la parienta, nada de líos fuera de la oficialidad. Por la calle conoces a tanta gente como en la plaza de Aragón. El Heraldo de Aragón ya hace horas que se agotó en los quioscos. Hoy daban por fin un fichaje del Real Zaragoza. Camisetas zaragocistas con nombres obsoletos a la espalda. Al de la gorra y las patillas le preguntan si Agapito fichará a alguien más. En Cambrils se está muy bien. Noche fresquita que uno agradece después de tanta sudada que llevamos en agosto. En la calle, mucho zaragozano. No pega tramontana, pero casi. Hace viento, aunque todo el mundo dice que hace aire. Incluso cierzo. Ya les digo, como en casa. En el paseo Miramar, el Siddharta ofrece algo diferente. Lujo oriental. Tenía razón Susana. Atiende Jacob. Música guapa. Nada de la tabarra playera de Georgie Dann y su barbacoa y el bimbó. Sonido de vanguardia y copas como las que elabora Isidro, ése que no tenía ni un pase ni en Miami ni en la calle Costa de Zaragoza. Merece la pena ir. Viaje a lo mejor de Asia aquí mismo.

 

El epicentro

No conviene eludir Salou en la Costa Dorada. Ni de día ni de noche. Por el día, hasta clases de baile en la playa. Todo. Por la noche, incluso puedes intentarlo por enésima vez con la respectiva. Aunque esté hasta los mismísimos de uno (como es mi caso), igual se lo cree y todo si le cuentas una historia en El Rinconcito del Mar. Miren la foto aneja. ¿A que es bonita? ¡Qué atardecer mediterráneo! Ni Serrat, y sus atardeceres rojos. ¿Cómo seguía? Se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino? A mí me sigue sin hacer caso. Pero no se rindan, yo creo que si se acercan hasta El Espigón, en la calle Colón, igual hasta resulta y convencen a la amada. Si les pasa como a mí, que ligo menos que el chófer del Papa, tómense un mojito, que está muy rico.

Ya les dije que esto es casi como Zaragoza. Aquí, en Salou, también hay un City Hall. Está en la plaza de Europa. Local moderno. Dos pisos. Dos ambientes. Uno chillout y otro disco. También pueden pasar por Zeppelin, al lado de la calle de Zaragoza. Lugar de conciertos. Bar. Rock. Otra vez iremos antes para saborearlo mejor. Cuando ya reina la luna, cuando la señora dice que se va a dormir, puedes escaparte a Pachá, en La Pineda. El nombre lo dice todo. Incluso invoca a la nostalgia después de su desaparición de Zaragoza. Grandes tardes y noches en la calle Sevilla, allí donde en un tiempo cada vez más lejano se cobijó el deseo de la primera vez. Al grano. En la Costa Dorada, Pachá crece en La Pineda. Prometo ir otro día con más fuerzas. Ese día (noche) solo triunfó Nacho Forcén, sobresaliente en ésta y en tantas plazas con y sin porterías. Luego, a dormir. En dos horas, incluso en casa. Ya les dije: la mar salada, aquí al lado.

Denominación de origen. Casi podríamos eludir este pie de foto. Todo está clarísimo en Miami, y no precisamente en la de Florida. Zaragozanos y aragoneses por todos los lados, desde el dueño a los clientes.

Último esfuerzo en Pachá. Discoteca de referencia en la Costa Dorada. Jovencitas en compañía de un torero de Illueca, y otros amigos zaragozanos.

Un trocito de oriente en Cambrils. Local muy cuidado, Siddharta. Paz, amistad, respeto. Sitio para acudir, para saborear, con el aroma a mar.

El sol se acuesta en Salou. El astro rey se despide por unas horas en el precioso Rinconcito del Mar.

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