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DE VIAJE

Un bar de carretera 'chic'

El restaurante Lolita, en La Almunia, es un pequeño oasis para los viajeros que pasan por la A-122. Una parada y fonda poco convencional en un edificio finalista en la XI Bienal de Española de Arquitectura y Urbanismo.

Mobiliario moderno, lámparas de papel y materiales ligeros forman el espacio de Lolita.
Un bar de carretera 'chic'
ARáNZAZU NAVARRO

Se toma el desvío, se aparca el coche y se predispone uno a tomar un tentempié antes de seguir el viaje. Y entonces llega la sorpresa: detrás de la señalética de polígono industrial, el cemento del aparcamiento y los olivos no se esconde el clásico mesón con jamones colgando tras la barra, morcillas en el mostrador y vitrina con discos cañís. Lolita es «un oasis» y «una experiencia diferente para el viajero» que se detiene en La Almunia de Doña Godina. Así lo describe la arquitecta aragonesa María Langarita, del estudio Langarita-Navarro, autor del proyecto. Aunque algunos se tomen el café en la barra sin saberlo, este edificio fue uno de los finalistas en la XI Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo que forma parte, junto a otros 40 diseños, de una exposición en la fundación Comillas (Santander).

El espíritu algo 'bipolar' de Lolita también se refleja en su carta. Por un lado, un menú del día adaptado a los trabajadores del polígono: comida casera de calidad pero sin lujos. Por otro, una carta más cuidada que también se adapta a reuniones y banquetes, y que recoge toques modernos y los mejores vinos del entorno, de la D. O. Campo de Borja y Calatayud.

Los espacios diáfanos de este restaurante, que se divide en varios salones adaptables a las circunstancias alternados con patios a cielo abierto, intentan reflejar «la frescura de detenerse entre unos árboles a comerse un bocadillo en una chopera, de una forma algo abstracta, claro», explica Langarita. No faltan los «guiños más pop y folk» -las lámparas de papel, el estampado de cachirulo en la cerámica detrás de la barra- y el mobiliario moderno. El entorno, es decir, las vistas a las sierras y campos de alrededor, ponen el resto de la decoración.

Conciertos de piano en la A-122

Lolita lleva un año abierto y actualmente son Mª del Carmen Viñas y Antonio López quienes están al frente de la gerencia. «No queremos quedarnos con que sea un restaurante de carretera, queremos aportar al entorno algo más, ya que tenemos a una distancia de 15 o 20 kilómetros unos 15 o 20 pueblos importantes como Almonacid, Ricla, La Almunia, El Frasno, Morata?» explica Viñas. Por eso durante el verano las salas del restaurante se convierten en improvisado auditorio para conciertos de piano y otros instrumentos, siempre de artistas de la comarca de Valdejalón. Otra sorpresa dentro de un local que aspira a dejar un grato recuerdo a los que hagan un alto en el camino en el kilómetro 45 de la A-122.

Con este restaurante, además, el joven estudio de arquitectos compuesto por Víctor Navarro, madrileño, y Langarita, aragonesa, han conseguido el reconocimiento de la profesión que, dice esta última, «siempre es gratificante, sobre todo con un programa como este, que no es lo habitual. Son otros los edificios que se llevan las medallas, pero con este proyecto hemos demostrado que un restaurante de carretera también puede dar lugar a una arquitectura intensa y generosa y, creemos, que siempre es una agradable sorpresa».

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