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OCIO EN LA CIUDAD

Antídotos contra el tedio de un (obligado) verano urbano

Diversos creadores zaragozanos despliegan estos días sus peculiares propuestas artísticas, que pueden ser discutibles pero aportan una bocanada de aire fresco en el tórrido verano.

El último de los mercadillos terraluneros.
Antídotos contra el tedio de un (obligado) verano urbano

Es pensar en el verano en la ciudad y postularnos como serios aspirantes al récord Guinness del mayor bostezo mundial. Zaragoza, agosto, zanjas... Páramo cultural. No es escritura automática, es un tendencia que solo parecía invertirse con algún buen estreno de cine que, aún así, nos hacía 'de sufrir' por ese incomprensible complot que tienen todas las salas contra sus espectadores, a los que tratan de ahuyentar poniendo el aire acondicionado a tope.

Venga, vamos, menos 'quejarsen' y busquemos alternativas y alicientes para despistar este tórrido verano urbano. ¿Sabían que existe en Zaragoza un rincón específico en el que volar cometas? Pues sí, lo hay, en el Parque del Agua, cerquita de la noria siria. No muy lejos de allí también hay una sala recreativa en la que se ofrecen batallas de pistolas láser, que viene a ser la última vuelta de tuerca del 'paintball' que tan de moda se puso hace unos años.

A golpe de 'flash'

Aunque si entre 'paints' va el juego, es obligado hablar de una propuesta que el fotógrafo Julio E. Foster ha acercado a Zaragoza este verano. Se trata del 'flashpainting', esto es, «un divertimento en el que aficionados a la fotografía se reúnen para iluminar a golpe de 'flash' rincones oscuros de la ciudad», cuenta Foster. Así, la 'troupe' armada con sus cámaras comparte disparos como si -valga el burdo símil- formaran una horda de paparazzis frente a una superstar. Hasta el momento se han celebrado un par de convocatorias, en la plaza de San Miguel y en el barrio de Jesús, «pero ya se están preparando (vía redes sociales) nuevas citas», explica Foster, que viene a ser quien caza a los cazadores, porque se encarga de hacer la foto global que aglutina la que hacen el resto de retratistas.

Si la propuesta les parece algo 'freak', recomendamos que se guarden epítetos para calificar lo de la cestita de Caperucita porque eso sí que es para (con perdón) mear y no echar gota. Sí, sí, insistimos, no es escritura automática, ni un súbito acceso de delirio, es que a la joven pecosas de trenzas parece que le inspiró su encuentro con el lobo. El pasado mes de julio abrió sus puertas un nuevo espacio creativo en la antigua fábrica de Zorraquino del Arrabal (calle de Lourdes, 5-7). Su nombre es Lafabricadechocolate y su propuesta es tan radicalmente nueva que hay vecinos que aún intentan cerrar la boca después de tanto asombro. Su primera exposición fue 'Nel cestino di Capuccetto Rosso' y en ella participaron más de 40 artistas con obras peculiares y muy fuera de lo común: allí había trapecistas, escultores, titiriteros e, incluso, diseñadores de moda. Ahora está en 'stand by', preparando nuevos espectáculos a puerta cerrada, pergeñando lo que será -seguro- una marcianada 'made in teatrospazio', que, en esta ocasión, versará en torno a los conceptos de arte y consumo.

Subida a un trapecio

Carla Giampaolo, que ya fue noticia en HERALDO por confeccionarse un traje con caracoles de Juslibol, comenta que la idea era encontrar un sitio que favoreciera un encuentro entre artistas («queremos crear y hacer algo que nos recuerde que somos poetas») y en el que el público no quedara al margen sino que sus reacciones formaran parte también del hecho artístico. La actriz, bailarina y pintora italiana (aunque afincada y enamorada de Zaragoza) cuenta que la experiencia de la exposición «fue maravillosa». «Vino mucha gente a la inauguración y el público estaba emocionado. Después corrió la voz y, entre semana, fue llegando gente del barrio que conocía la fábrica de Zorraquino cuando estaba en funcionamiento y que se quedó sorprendida al ver la sala, los talleres de danza, el espectáculo de trapecio...», explica Giampaolo.

¿Más ración de gente inquieta, talentosa y con ganas de hacer cosas? Un puñado de ellos (Ana Gustrán, David Giménez, Luis Miguel Ortego...) forma parte del proyecto EnLATAmus, que continúa extendiendo su filosofía de micromuseos por Aragón. Ahora trabajan en llevar un contenedor express a La Joyosa, que será de quita y pon y estará alrededor de un mes acogiendo una muestra de fotografía y pintura. ¿Que qué es eso del enLATAmus? Pues una aventura que nació en Remolinos, donde un contenedor de mercancías portuarias se recicló para convertirlo en espacio expositivo. Estos días, por cierto, es escenario de Titirilata, un festival internacional de títeres.

Un plan más tranquilo -según el día y cómo se mire- es el de la terraza Torreluna, en el parque del Castillo Palomar. Ahí es habitual encontrar mercadillos de ropa, vermús con arte y grafiteo, o cócteles servidos a ritmo de jazz. 'Lo mismo pero diferente', como reza uno de sus eslóganes. Noches de circo o de vena flamenca forman parte de sus oferta como también de la programación cultural de la terraza Le Pastis, la 'rara avis' de las riberas, que si un súbito milagro no lo soluciona tiene sus horas contadas por efecto de la indolencia municipal. Queda un mes para disfrutar apurando sus últimas copas y actuaciones.

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