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Aragón

ESPECTÁCULO

Cabaré en carne viva

Bailarinas y bailarines con más y menos ropa, cantantes, ilusión... El cabaré ofrece un espectáculo con denominación de origen y singularidades extraordinarias, como la comunicación entre los artistas y el público.

Esta es la retahíla de artistas del Cabaret Burlesque.
Cabaré en carne viva

No es cuestión baladí esta del cabello erizado, la canción picante o el (semi) desnudo picarón. Cabaré. La RAE aconseja escribir cabaré y no cabaret, pero a mí me suena artificial. Como carné en lugar de carnet. Se puede confundir un chuletón con el abono del Real Zaragoza. Cabaré, decía. Se lee igual que picar una futura zanja (cavaré). Hasta Liza Minelli llora la supresión de la 't'. Sin 't' sigue conservando todo su vigor en Zaragoza.

No conviene banalizar la apariencia. El carácter desenfadado del espectáculo no le resta trascendencia, esencia. Hay chicha en el cabaré, y no precisamente porque se muestre carne al aire. Pura etimología, cabaré significó en un principio taberna. Las acepciones posteriores enriquecieron su limitada definición inicial. De la taberna de partida se pasó a las salas de espectáculos, generalmente nocturnos. Después cabe (es obligado, mejor dicho) asociarlo a la música, la danza, el humor, el ilusionismo, el mimo... Cosa seria esta del cabaré.

Y además de riqueza, hechos diferenciales. No se asusten. Ya les he dicho que el cabaré era cosa seria. Nada que ver con la cuestión de la política este hecho diferencial. A diferencia del teatro, los asistentes pueden beber y conversar con el artista. Más datos a subrayar: en estos escenarios aparecieron los primeros travestis, los primeros espectáculos lésbicos, las primeras minifaldas. Pionero en tantas tendencias, en tantas demandas.

No arrastraban tras de sí la fama del Moulin Rouge de París, de los cabarés de Berlín o La Habana, o de El Molino de Barcelona; pero no hace demasiado tiempo se podía hallar un buen ramillete de locales en Zaragoza. Del Cosmos al Aída, pasando por Ambos Mundos, La Bombilla, Ydra y, por supuesto, Oasis y El Plata. Solo sobreviven Oasis, transformado en una apuesta vanguardista alejada del cabaré, y El Plata, éste sí rebautizado por Bigas Luna tras el cierre de la histórica sala de El Tubo zaragozano. Ellos, la gente de El Plata, la compañía de Luis Pardos y el Cabaret Burlesque de Nacho Embid, mantienen vivo el género a orillas del Ebro.

En El Plata se vive el cabaré de martes a sábado. «Es un espectáculo único. Puedes venir un día, al otro repites para ver la misma función, y no te aburres», dice Iñaki, relojero jacetano residente en Zaragoza. «Recuerdo de chico cuando bajábamos en el canfranero. La función era a las cuatro de la tarde. Luego, la gente volvía a Jaca. Está francamente bien», reitera Iñaki. Doy fe que tiene razón Iñaki. Espectáculo cuidado hasta el mínimo detalle, aconsejable para público de 18 a 100 años. Música, ritmo, continuos guiños al espectador.

 

Se alza el telón

Detrás del telón aparece otro mundo, otro escenario sin público, otra perspectiva que robustece la idea de la seriedad del artista. Estela, la bailarina que muestra una espectacular topografía pectoral en el 'show', evidencia pudor y se cubre el pecho en el camerino ante la llegada del preguntador y su máquina fotográfica. «Hago teatro experimental. Llegué de Barcelona, pero Zaragoza me ha enganchado», reconoce. Más historias de la vida. Esther, que canta con picardía 'El Butanero', trabaja por la mañana como administrativa en el INAEM. «Es mucho más duro el trabajo en el INAEM. Allí veo todos los días situaciones muy duras», reconoce Esther, que también es licenciada en Filología Inglesa. Isabel, bailarina de Sevilla, acaba de abandonar el Ejército español. Concretamente, la Brigada de Caballería Castillejos II. Vicki estudió Historia del Arte. Fátima acabará este año Teatro, donde Carlos es profesor. Los chicos tan cachas que bailan en tanga (o sin él) también tienen otras ocupaciones fuera del escenario: Lewis es auxiliar de clínica, Joel estudia para controlador aéreo, y Alberto es fontanero. Ésta es la otra historia de El Plata, tan alejado del aroma a carajillo y faria de antaño.

El Cabaret Burlesque de Nacho Embid también exhibe su pugna itinerante en defensa de este género artístico. Han llevado este mundo de ilusión al Eliseos, donde volverán en septiembre. Ahora actúan en el espacio multifuncional de Las Playas, y en Mecano, un escenario que emerge con vigor en la calle Heroísmo. Hasta ocho actores han llegado a reunir: Madame Lafer, Rita Cadillac, Vania Vainilla, Fabio Fabián, Lolita Klein, José Ángel, Nacho Embid y Reychel Gold. En una versión más reducida (en número, no es diversión), estos tres últimos deleitan en Mecano. «Qué bien cantan, qué voz tiene la chica», se oye tras mi cogote. La chica es Reychel Gold. Vaya historia la de Reychel. Ahí va: «Me llamo Raquel Jiménez y trabajo de día como gasolinera en Repsol de Valdespartera. Por las noches, canto en el cabaré». No cierren la página. Merece la pena seguir: «Soy de Candasnos. Comencé a cantar de niña en la rondalla del pueblo de al lado, Peñalba. Llegué a Zaragoza para cantar en la rondalla 'Reina de la Hispanidad'. De la jota pasé a una orquesta, de cantar 'Quiero a la Pilarica' o 'En la corona un letrero', a interpretar copla y pop. Gané un premio en 'Dándolo todo' de Aragón TV. Ahora estoy en el Cabaret Burlesque y quiero grabar un disco con canciones propias». En serio, Reychel canta de escándalo. No es la única de un espectáculo en carne viva.

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