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Aragón
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RUTA DE CÁRCELES

De almas en pena y turistas desorejados

Los únicos moradores de las cárceles del Matarraña ?una ruta única en España? son maniquíes penitentes que, un tanto amojamados, tampoco disfrutan del patrimonio, las piscinas naturales o las buenas viandas que ofrece la comarca turolense.

Castillo de Valderobres
De almas en pena y turistas desorejados

Desde que ‘Friker’ Jiménez elogió sus fuerzas telúricas, los habitantes del Matarraña se han acostumbrado a cruzarse con forasteros abrazándose a los árboles centenarios o buscando altares sagrados con la mirada perdida. Rincones mágicos en la comarca los hay a puñados. Y los hay de roca –junto a los puertos de Beceite–, y los hay de agua –los ríos Mezquín y Matarraña tallan la orografía– y los hay también de la fría forja de los barrotes y herrajes de sus cárceles de hace 3 y 4  siglos.

En ningún otro lugar de España se concentran y conservan tantos calabozos como en el Matarraña, donde los grilletes, las argollas y los cepos de madera con los que se sujetaba a los reos se han ganado, desde 2002, una ruta turística propia. «Suelen estar ubicados bajo los Ayuntamientos y se utilizaron hasta el siglo XX, cuando estas estancias pasaron a convertirse en almacenes municipales. Los muros son de sillería y las mazmorras no acostumbran a tener ventilación alguna», explica Jorge Tello, el alguacil de Calaceite, en la celda en la que un maniquí (como de Zara pero harapiento) observa el suelo evidenciando su infortunio.

No sabemos si es el morbo retrospectivo (como cuando en ‘Cuéntame’ viajan a Perpignan) o el ansia antropológica, pero el caso es que la ruta de las cárceles seduce a no pocos turistas que se hacen la foto obligada sonriendo junto a lo que –luego les explican– son las antiguas letrinas.

La prisión de Calaceite es de un solo calabozo, como las de Valderrobres y Fuentespalda, pero también se conservan cárceles de varias mazmorras (Monroyo, Peñarroya de Tastavins) y espeluznantes presidios con pozos de arresto, como los de La Fresneda o Ráfales, donde, literalmente, se arrojaba y se dejaba morir a los reos.

Sobrevivir tampoco resultaba muy halagüeño porque las penas medievales iban desde la horca al descuartizamiento o a la condena a ser azotado, arrastrado y desorejado. Como lo oyen. Qué extraño que una tortura se haya convertido en epíteto para referir la ligereza de cascos de los pendones, bien verbeneros, bien sin cartílagos.

Por cierto, que entre los delitos figuraban los típicos de que si Fulano tiene el demonio dentro, que si Mengano gusta del fornicio con la mujer del panadero, pero, también, se tipificaba la alcahuetería. Ay, si aquellos verdugos levantaran la cabeza (y encendieran la tele y pusieran Telecinco), anda que no iban a hacer platós en ‘Enemigos íntimos’ o ‘Sálvame Deluxe’...

De vuelta al penal, «es caso notable y de gran maravilla» que algunas de las celdas conservan grafitos de quienes entre estos muros penaban. Mediante incisiones en las paredes de cal, los moradores dibujaban manos, barcos, cipreses y pájaros, que evocaban una bella realidad exterior que difícilmente volverían a disfrutar.

Los turistas del Matarraña, afortunadamente, pueden salir de las celdas ‘a capricho’ y, para despresurizar, visitar otros atractivos de la comarca. En los puertos de Beceite, por ejemplo, existen piscinas naturales que, cual paraíso terrenal, contrastan con el infierno recién relatado. Esta localidad está bañada por los ríos Matarraña y Ulldemó y cuenta con rincones como la Pesquera o el famoso Parrizal, un cañón de 200 metros de longitud, 60 de altura y apenas dos de ancho.

Como en el entorno hay una veintena de casas de turismo rural, los visitantes disfrutan de la excursión, casi tanto como del aceite y el jamón denominación de origen de la zona. «Lo malo es que se nota la crisis y hay más visitas en el día y menos pernoctaciones», comenta Julia Aroca, responsable de la Oficina de Turismo, que da un tirón de orejas a los aragoneses (a los que aún las conserven) porque los catalanes (48%) y valencianos (15%) nos sacan mucha ventaja en visitas a la comarca. Hasta septiembre hay tiempo para recuperar esta asignatura pendiente.

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