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Las peñas, un engranaje perfecto de la diversión

Mario, Héctor y Luis amueblan el espacio de una de las jaimas.
Las peñas, un engranaje perfecto de la diversión
A. N.

Las peñas son la mitad del alma de cualquier fiesta patronal. Sus trajes a color se ven por doquier y sus ganas de exprimir al máximo cada uno de los actos programados las convierten en la mecha indispensable para encender la chispa de la diversión.

Pero estos grupo de amigos que se reúnen para pasarlo bien necesitan previamente un plan estratégico de organización. No vaya a ser que algún imprevisto amargue la fiesta.

Las peñas de Utebo, que empezaron el viernes sus festejos en honor de Santa Ana, son expertas en cómo preparar una semana en donde solo hay cabida para la diversión. «Primero nos juntamos y calculamos los gastos, según la gente que estamos, después decidimos cuantas bebidas compramos. Por ejemplo, en esta ocasión tendremos unos 200 litros de cerveza. Es decir, un barril por día», explica Óscar Gañarul, de la peña El Zancocho de Utebo.

Para que todo salga correctamente, y no haya malentendidos, es muy importante que los miembros de las peñas tengan repartidas las tareas. Están los que preparan la lista de la compra, los encargados de la limpieza o el cocinero.

Pero también existen los puestos más técnicos, fundamentales en el engranaje peñista, como el de administrador. «Tenemos un buen contable porque las fiestas, las de junio y las de Santa Ana, solo nos cuestan 70 euros a cada uno», indica Víctor Andrés, de 22 años, y de la peña La Chapuza. Si se sigue escalando en la pirámide jerárquica de las peñas se llega hasta el puesto del presidente, la figura encargado de limar cualquier aspereza. En la peña El Buda dan muestra de ello. «Se nos ha roto la nevera. Pero no nos vamos a preocupar porque alguna solución encontraremos. Lo que es seguro es que sin fiestas no nos vamos a quedar», afirma de buen humor el presidente de la peña, Daniel Pérez, ante este imprevisto de última hora.

Las mil y una noches

Desde hace unos años, muchas de las peñas de Utebo tienen habilitado un espacio cercano al recinto de las ferias. Se trata de un lugar que parece haber salido de los cuentos de las mil y una noches por la forma de jaima que tienen las carpas. Sí, como las estancias de los pueblos nómadas que viven en el desierto. «Las jaimas son muy cómodas para nosotros porque además de que no se molesta a los vecinos, cuando terminan las fiestas la empresa encargada se responsabiliza de recoger todo y nosotros nos olvidamos hasta el año que viene», señala Adrián Soriano, de la peña La Chapuza.

«En total hay 15 jaimas. La condición para solicitar una de ellas es que la peña esté formada por un grupo de más de 30 personas», comenta Alberto Marín, de 22 años y de la peña El Zancocho.

Según los peñistas, el precio es otra de las ventajas del lugar. «Alquilar un local particular resulta muy caro. En las jaimas solo tenemos que pagar 300 euros por el almacén y otros 300 de fianza que se devuelven si no hay desperfectos», dice Víctor Andrés.

Las peñas y los vecinos de Utebo, la otra mitad del alma de las fiestas, todavía tienen por delante cuatro intensas jornadas de actividades. Hoy, el día comienza a las 8.00, con un concurso de pesca. La mañana concluirá con un encierro de vaquillas.

Los niños protagonizarán parte de la tarde con un pasacalles de cabezudos amenizado por la charanga, a las 20.15. Después se llevará a acabo un espectáculo circense a cargo de la compañía Aire. La jornada concluirá con el ya tradicional toro de ronda, a medianoche, y una fiesta popular de disfraces.

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