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Un nombre feo para un insecto extraordinario

En nuestras latitudes, y salvo excepciones, los insectos suelen tener tamaños modestos, en contraposición con las zonas tropicales, donde muchas especies alcanzan proporciones casi inimaginables para los artrópodos terrestres actuales. Una de las excepciones de nuestra fauna es un raro y curioso saltamontes sin alas, que, debido a su forma estilizada y largas patas, recuerda a un gran insecto palo. Especializado en cazar a otros ortópteros, Saga pedo acecha mimetizado entre la vegetación, prácticamente indetectable por sus presas y predadores. Y también por los entomólogos que lo buscan denodadamente desde hace años, intentando desvelar la distribución y el estado de las poblaciones ibéricas de este peculiar insecto, formadas mayoritariamente por hembras clónicas.

'Saga pedo' adulto hembra
'Saga pedo' adulto hembra
ÁLVARO Y FERNANDO MURRIA

Actualmente hay en Aragón 16 especies de insectos protegidos por la legislación autonómica. Una de ellas es el ortóptero Saga pedo, catalogado como De Interés Especial y que hasta ahora sólo se había citado en Aragón del Galacho de La Alfranca, muy cerca de la capital aragonesa. Su presencia en el valle del Ebro se ha confirmado de nuevo en 2009 y 2010, al descubrirse sendas poblaciones inéditas gracias al esfuerzo del naturalista Constantino Escuer y los expertos entomólogos Álvaro y Fernando Murria.

Tras detectar el primero una población en el piedemonte zaragozano de la Sierra de Alcubierre, los segundos han corroborado el hallazgo y lo han encontrado también es su fase de ninfa en los alrededores del barrio zaragozano de Peñaflor, confirmando así que coloniza tanto hábitat esteparios como ribereños del valle medio del Ebro. Sus poblaciones en Aragón son al parecer relictas, y se hallan muy fragmentadas.

Este extraordinario ortóptero, al que su descubridor dio un nombre aparentemente escatológico pero en realidad muy acertado, ya que significa literalmente 'hechicera caminante', es incapaz de volar y saltar, como hacen otros saltamontes y grillos de matorral, y se desplaza andando pausadamente, dedicando buena parte de su tiempo a acechar a sus presas inmóvil entre la vegetación.

Dicho comportamiento, sumado a su perfecta coloración mimética, hacen de él un insecto casi invisible a sus presas y enemigos naturales, pese al considerable tamaño que alcanza en su fase adulta, con hembras que superan los 10 cm de longitud. Se trata de un bocado muy apetecible para aves, reptiles y pequeños mamíferos insectívoros. A pesar de su tamaño e inquietante aspecto, resulta del todo inofensivo para los humanos, y muy beneficioso para los ecosistemas mediterráneos, a los que está perfectamente adaptado, y en los que es, desgraciadamente, cada vez más escaso debido al uso indiscriminado de pesticidas agrícolas.

ELLAS SE LAS ARREGLAN SOLAS

Las hembras se diferencian de los machos, desconocidos en España, por un tamaño mayor, y especialmente por un largo y afilado oviscapto con forma de sable aserrado en su extremo, que surge del último segmento abdominal del insecto. Este llamativo componente del órgano reproductor, lejos de ser un arma defensiva, está diseñado para ser clavado en el suelo y depositar los huevos a la profundidad adecuada para que maduren a temperatura constante, y a salvo de los enemigos naturales.

Pero los más curioso de este insecto radica en que hasta ahora no se han hallado machos en Europa occidental, pues las hembras se reproducen normalmente aquí por partenogénesis, es decir, ponen huevos autofecundados que dan origen a clones de la madre, capaces de perpetuarse también de esta forma durante generaciones. En su área oriental de distribución, que llega hasta el sur de China, se producen mutaciones desencadenadas por factores ambientales, y aparecen ocasionalmente machos de modo que las poblaciones se reproducen también de forma sexuada para garantizar la diversidad genética.

La partenogénesis es una capacidad biológica rara entre los insectos que viven al aire libre, pero bastante frecuente en los que habitan cavernas y simas, ya que supone una ventaja para sobrevivir en hábitats extremos. En el caso de Saga pedo, la predación que practica sobre sus congéneres, la baja densidad de las poblaciones, su sedentarismo, y su incapacidad para volar y desplazarse largas distancias, reducen las probabilidades de que ambos sexos se encuentren con éxito reproductor, lo que condenaría a la especie a la extinción. Mediante la réplica de si mismas, las hembras consiguen perpetuar la especie evitando estos inconvenientes, aunque a costa de una progresiva degradación genética que debe ser corregida por mutaciones periódicas.

La partenogénesis puede ser también ventajosa a la hora de acometer la cría en cautividad de este insecto, bien dirigida a la reintroducción y el refuerzo de poblaciones, bien para usarlo en la lucha biológica contra las plagas, incluida la temida langosta mediterránea, una de sus presas potenciales. Nadie lo ha intentado hasta ahora, pero es probable que esta especie autóctona sea un firme aliado de la agricultura sostenible, ayudando a evitar la contaminación agroquímica y los daños ambientales y sobrecostes que se generan en el tratamiento de cultivos.

Enrique Murria es entomólogo y socio de la Sociedad Entomológica Aragonesa, SEA

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